Frutos secos, un aliado para la salud cerebral: claves para conservarlos y que duren más

calendar_today 29.09.2026 - person  - timer ~4 Minutos

Vista superior de unas manos que sirven nueces y almendras en un tazón con yogur e higos sobre una mesa de madera.

La relación entre la ingesta de frutos secos y las puntuaciones cognitivas fue más evidente en participantes con menor actividad física o dietas menos saludables (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo habitual de frutos secos se asoció con mejores resultados en pruebas de función cognitiva en un análisis de 1.742 adultos sin antecedentes de accidente cerebrovascular.

La investigación utilizó datos del Estudio del Corazón de Framingham, en Estados Unidos, y examinó la relación entre la alimentación, las evaluaciones cognitivas y distintos indicadores de salud cerebral.

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El estudio, publicado en Food & Function, observó una asociación favorable entre una mayor ingesta y la cognición global, es decir, una medida que reúne capacidades como memoria, razonamiento y velocidad de procesamiento. Sin embargo, los resultados no prueban que los frutos secos causen por sí solos esa mejora.

Frascos transparentes de vidrio con cierre hermético llenos de nueces, almendras y avellanas sobre una encimera de madera.
Un análisis basado en el Estudio del Corazón de Framingham asoció la ingesta habitual de frutos secos con un mejor rendimiento cognitivo global en adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis consideró datos alimentarios, pruebas cognitivas, imágenes cerebrales y marcadores sanguíneos. Tras ajustar variables como edad, sexo, peso corporal y otros factores de salud, los investigadores hallaron que una mayor ingesta se vinculaba con puntuaciones más altas en cognición global.

La relación fue más clara entre quienes tenían dietas de menor calidad o realizaban poca actividad física. En esos grupos, comer más frutos secos coincidió con un desempeño cognitivo algo más favorable.

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Los autores también estudiaron a 28 sobrevivientes de accidente cerebrovascular. En ese grupo reducido, un mayor consumo se relacionó con concentraciones más altas de factor de crecimiento endotelial vascular, conocido como VEGF.

Cuencos con yogur, chucrut, kimchi, hummus, frutos secos, uvas, pan y un plato con aguacate y vegetales sobre una mesa de madera.
Un análisis en sobrevivientes de accidente cerebrovascular vinculó el consumo de estos alimentos con un aumento de la proteína VEGF (Imagen Ilustrativa Infobae)

El VEGF es una proteína que participa en la formación de vasos sanguíneos y en procesos de reparación de tejidos. Aun así, el tamaño de esa muestra obliga a interpretar el resultado con cautela.

Durante 10 años de seguimiento, la investigación no encontró una asociación entre la ingesta de frutos secos y la aparición de demencia o accidentes cerebrovasculares. Esa diferencia es importante, ya que una relación con el rendimiento en una prueba no equivale a demostrar prevención de enfermedades.

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Según el análisis publicado sobre el estudio, la asociación fue débil, pero estadísticamente detectable entre el consumo habitual y la cognición global. El efecto observado fue pequeño y se concentró, sobre todo, en participantes con una alimentación menos equilibrada o con un menor rango de actividad física.

Tazón de cerámica con yogur griego, arándanos, frambuesas, fresas, granola, almendras y nueces sobre una mesa de madera.
Los nutrientes de los frutos secos ayudan a proteger las membranas de las neuronas y a disminuir el estrés oxidativo en el cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los frutos secos aportan grasas insaturadas, fibra, vitamina E, minerales y compuestos fenólicos. Estos últimos son sustancias presentes en alimentos vegetales que pueden intervenir en procesos de oxidación e inflamación.

Una revisión científica publicada en PubMed Central sobre la alimentación y el cerebro señala que las grasas insaturadas, la vitamina E y los polifenoles de estos alimentos podrían contribuir a proteger las membranas de las neuronas y a reducir el estrés oxidativo.

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No obstante, la investigación disponible presenta límites. Muchos trabajos son observacionales: comparan hábitos y resultados de salud, pero no pueden separar por completo el efecto de la dieta de otros factores, como el nivel educativo, la actividad física o el acceso a atención médica.

Tazón de avena con frutas, plato con garbanzos, tazón de lentejas, brócoli, frutero con peras y uvas, y frascos con frutos secos y semillas.
El almacenamiento en recipientes herméticos evita que el contacto con el oxígeno oxide las grasas de los frutos secos y altere su sabor (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nota de EatingWell vinculada al estudio subraya otro aspecto práctico: guardar estos alimentos en recipientes herméticos, secos y protegidos de la luz. El objetivo es limitar el contacto con oxígeno, humedad y calor, factores que pueden deteriorar sus grasas y alterar el sabor.

El medio señala que “un recipiente de vidrio hermético que evite la oxidación es clave para que tus frutos secos no se echen a perder”. La oxidación es una reacción química que ocurre cuando las grasas entran en contacto con el oxígeno y pueden alterar el olor o el gusto.

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La Universidad de California recomienda conservarlos pelados en envases limpios, secos y que no dejen pasar olores ni humedad. También indica que pueden mantener su calidad durante 1 año o más en refrigeración a 4 °C o menos, y hasta 2 años en congelación a -18 °C.