El flujo comercial de arroz ecuatoriano con destino a Colombia registra un ritmo de recuperación positivo tras el restablecimiento del paso terrestre en la frontera norte. Durante los primeros seis meses del año, los despachos acumularon 13.000 toneladas métricas, volumen que experimentó un repunte en julio con el envío de 8.000 toneladas adicionales.
Y agosto cerró con el despacho de 20.000 toneladas métricas, según estimaciones de la Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador (Corpcom). Así se eleva el acumulado exportado a cerca de 41.000 toneladas.
Sin embargo, el volumen final podría rebasar las 45.000 toneladas, lo que ratifica la meta trazada por la industria, que preveía que con la reapertura del paso terrestre enviarían al vecino país más de 50.000 toneladas en lo que resta del año. La cantidad se confirmará en estos días, indica el presidente del gremio, Juan Pablo Zúñiga.
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Para la industria es favorable ese dinamismo operativo que ha permitido movilizar las existencias del sector. “El dinamismo ha sido positivo. La salida de arroz hacia Colombia ha ayudado a mejorar la situación de precios en el mercado local, beneficio directo para el productor”, destaca el dirigente.
Respecto a las proyecciones para el cierre de 2026, precisa que aún no es posible determinar con exactitud el volumen final exportado, en un contexto donde el país vecino mantiene un déficit de abastecimiento que lo ha llevado a recurrir también a importaciones desde Estados Unidos.
Esta dependencia de la nación vecina responde a factores productivos de fondo. En el mercado comprador, la Encuesta Nacional de Arroz Mecanizado (ENAM) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) y el Ministerio de Agricultura de Colombia reportan una producción media anual de 3,18-3,2 millones de toneladas de arroz paddy verde (de 2,2 millones a 2,5 millones de toneladas en seco o blanco).
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Para 2025, el DANE reportó en el primer semestre 417.556 hectáreas sembradas, 178.086 cosechadas y 998.837 toneladas producidas. Con rendimientos de 4,5 a 5,5 t/ha, la oferta colombiana resulta insuficiente para satisfacer un consumo de 41 a 46 kg por persona al año. Por ello, Colombia importa en promedio del 9 % al 10 % de su consumo total, abriendo espacio al grano ecuatoriano.
Esta reactivación cobra especial relevancia si se considera que el arroz representa el segundo producto de la oferta exportable ecuatoriana hacia Colombia, concentrando un 11 % de participación. Históricamente, el 90 % del transporte de este grano hacia dicho destino se realiza por vía terrestre.
El canal por carretera se reabrió formalmente a finales de julio tras la finalización de las medidas restrictivas dispuestas por el Gobierno colombiano mediante el Decreto 583, superando así las interrupciones derivadas de diferendos comerciales a inicios de año y los altos costos logísticos que supuso el uso temporal de la vía marítima.
A la par de la dinámica exportadora, el sector industrial arrocero mantiene la mirada puesta en las proyecciones meteorológicas vinculadas al fenómeno de El Niño.
Zúñiga advierte que un invierno riguroso genera habitualmente complicaciones logísticas, panorama que podría empeorar por las lluvias e inundaciones. Al recordar el impacto registrado durante el evento climático de los años 1997 y 1998, indica que “hubo un déficit importante no solo de arroz, sino de muchos productos del agro, especialmente de la Costa”.
Frente a este escenario, las industrias adoptan acciones de mitigación centradas en la absorción completa de la cosecha nacional y la preservación de existencias. La estrategia principal que está aplicando el sector industrial para afrontar una contingencia similar consiste en “mantener los inventarios al mayor nivel posible, de acuerdo a la capacidad de almacenamiento con la que cuenta el país”, explica Zúñiga.
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El dirigente asegura que entre el grano en bodegas, lo sembrado y lo cosechado existe stock suficiente para el consumo interno hasta fin de año, pero advierte que la situación del primer trimestre de 2027 dependerá directamente de la severidad del fenómeno.
Mientras el sector arrocero ecuatoriano vigila sus inventarios ante el riesgo de inundaciones por El Niño, en Colombia el fenómeno se combate en el extremo opuesto: la sequía. Para mitigar la falta de agua en zonas clave, como Huila y Tolima, la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) impuso una estricta planificación que restringe las siembras a partir de septiembre, promueve variedades resistentes al calor e implementa el manejo eficiente del recurso hídrico ante la drástica caída en los caudales de los ríos, según advirtió en medios colombianos el gerente general del gremio, Rafael Hernández.
La coyuntura colombiana ya es crítica: la superficie sembrada cayó 90.000 hectáreas por bajos precios y variabilidad climática, generando un déficit de 500.000 toneladas, de acuerdo con las cifras reportadas por el titular de Fedearroz.
A esa menor oferta interna se suman rendimientos a la baja y la presión internacional por las restricciones exportadoras de India, lo que encarece el cereal y obliga a depender más de las importaciones. Ante estos problemas estructurales, el ministro de Agricultura de Colombia, Indalecio Dangond, anunció un nuevo modelo integrado para 2027 que unificará financiamiento, producción y comercialización para estabilizar precios, frenar el contrabando y garantizar la compra de la cosecha. (I)