
Con un automóvil destrozado al pie de un terraplén y sus objetos personales adentro comenzó el misterio de la desaparición de Bryce Laspisa. Su teléfono también estaba allí, la billetera y su computadora portátil. Había pertenencias suficientes, pero ninguna señal que permitiera explicar hacia dónde había ido después.
Tenía 19 años y era estudiante universitario. Vivía lejos de sus padres y estaba acostumbrado a viajar entre el norte y el sur de California. La noche del 28 de agosto de 2013 emprendió el regreso hacia la casa familiar de Laguna Niguel. Debía recorrer cientos de kilómetros, pero nunca llegó. Lo desconcertante fue que en la madrugada del día 30, después de una serie de llamadas, Bryce habló por última vez con su madre. Le dijo que estaba cansado y que necesitaba detenerse para dormir. Horas después, la policía encontró su Toyota Highlander volcado cerca del lago Castaic, al norte de Los Ángeles.
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Su búsqueda se convirtió en una de las desapariciones más desconcertantes de California. Y, pese a los años transcurridos, nunca apareció una prueba concluyente que permita saber qué ocurrió con él. La Oficina del Fiscal General continúa registrándolo como persona desaparecida. La pregunta que permanece es tan sencilla como inquietante: ¿qué hizo Bryce Laspisa después de abandonar su automóvil?

Bryce David Laspisa, nacido el 30 de abril de 1994, era hijo único de Karen y Michael. La familia vivía en Laguna Niguel, en el condado de Orange, al sur de California. El joven estudiaba en Sierra College, en el norte del estado, y durante el verano de 2013 se encontraba preparando el regreso a clases. Quienes lo conocían bien lo describían como sociable, afectuoso, creativo y con talento artístico. No había, al menos en apariencia, una señal que permitiera imaginar que estaba a punto de desaparecer sin dejar prácticamente ninguna explicación.
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Pero en los días anteriores algo comenzó a cambiar. Sus familiares y amigos observaron comportamientos que posteriormente adquirirían importancia al reconstruir las últimas horas conocidas de su vida. Dos días antes de su desaparición, después de separarse de su novia, Bryce decidió regresar a la casa de sus padres. La distancia era considerable. Y el viaje debía realizarlo solo.

Alrededor de las 23.30 horas salió de la vivienda de Kim Sly, su novia. Ella dijo que le advirtió por teléfono a la madre del joven que no estaba actuando con normalidad y que no lo consideraba apto para conducir. Agregó luego que Bryce no era él mismo y que se mostraba retraído y depresivo. También que él decidió terminar la relación argumentando: “Estás mejor sin mí”. La joven intentó esconderle las llaves del auto pero no pudo. Posteriormente declaró que pensó en todos los escenarios posibles y expresó su dolor pidiéndole que volviera con ella, pero él no la escuchó y se fue.
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Su mamá lo esperaba. El viaje comenzó, pero algo sucedía. Durante las primeras horas del recorrido, Bryce mantuvo contacto telefónico con su madre. En apariencia, todo estaba bajo control. Pero la situación empezó a volverse extraña cuando se detuvo durante horas en la zona de Buttonwillow, en el condado de Kern.
En determinado momento se quedó sin combustible y necesitó asistencia en la ruta. Un trabajador vial lo ayudó y el auto volvió a tener combustible. El problema, sin embargo, parecía ser otro. Bryce no continuó inmediatamente su viaje. Se quedó estacionado durante un período llamativamente prolongado. Su comportamiento no parecía corresponderse con el de alguien que simplemente quería llegar a su casa.
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Un agente de tránsito se acercó y habló con él. Según los reportes publicados posteriormente, Bryce se encontraba consciente y no presentaba signos evidentes de estar incapacitado. La policía no encontró entonces un motivo que justificara detenerlo o impedirle continuar el viaje. Y Bryce volvió a ponerse en marcha.
En las primeras horas del 30 de agosto, Bryce volvió a comunicarse con Karen. La conversación sería la última. Le explicó que estaba cansado y que había decidido detenerse para reponerse antes de continuar. A su madre le pareció bien. Después comenzó la parte más desconcertante de la historia. Porque el coche de Bryce no apareció donde él había dicho que se detendría. Fue encontrado cerca del lago Castaic, en el área de acceso. Había salido del camino y terminado al fondo de un terraplén de aproximadamente cinco metros. Su Toyota Highlander estaba volcado con el parabrisas trasero destruido. Pero él no estaba.
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Cuando los investigadores revisaron el vehículo encontraron algo que convirtió la desaparición en un enigma todavía mayor. Bryce había dejado atrás objetos que una persona normalmente llevaría consigo. Sus cosas personales, billetera, teléfono, computadora. El auto se convirtió en el centro de la investigación. Los equipos de búsqueda examinaron los alrededores con helicópteros. Se recorrieron zonas de difícil acceso como el lago, buscando además rastros en tierra. Pero no aparecía.
El padre del joven llegó a pasar jornadas enteras cerca de Castaic participando de la búsqueda. La familia y sus amigos también organizaron sus propios operativos. Cada día sin noticias reducía las posibilidades de encontrar una respuesta. Pero surgió un rastro y los perros siguieron su olor e iniciaron un recorrido desde el lugar donde había quedado el vehículo. Era una de las primeras señales concretas de que Bryce podía haber abandonado el automóvil por sus propios medios.
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El rastro llevó a los investigadores hacia una zona próxima a una parada de camiones. Y allí se perdió. Ese detalle alimentó durante años las distintas teorías sobre lo que pudo haber pasado. Porque si Bryce sobrevivió al accidente y caminó desde el coche, la pregunta inmediata era si pidió ayuda, se retiró caminando o se encontró con alguien y se fue en otro vehículo. Y hasta si decidió desaparecer deliberadamente.

Ninguna de esas posibilidades pudo ser demostrada. La pista simplemente terminaba. Y con ella se interrumpía la reconstrucción de los movimientos del joven. Una cámara registró algo, pero no alcanzó. Las imágenes captadas fueron examinadas. Y la reconstrucción posterior señaló que Bryce había sido registrado conduciendo durante la madrugada, y algunas imágenes ayudaron a establecer un intervalo temporal en el que todavía se movía por la zona. Pero no ofrecieron aquello que los investigadores necesitaban: una imagen clara que mostrara qué ocurrió después del accidente.
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Durante las semanas posteriores, la investigación se extendió por tierra, agua y aire. El lago Castaic fue revisado a fondo. Se buscaron posibles rastros en las inmediaciones. Los pesquisas analizaron las pertenencias encontradas en el automóvil y familiares y amigos difundieron fotografías. La desaparición comenzó a recibir atención pública. Pero cada operativo terminaba de la misma manera, sin que Bryce apareciera.
En septiembre apareció un cuerpo quemado en las cercanías del lago. Durante un momento, el hallazgo despertó el peor temor de la familia. Pero las autoridades confirmaron que los restos no pertenecían a él. Se trataba de una víctima de otro homicidio.
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Y empezaron a aparecer preguntas: ¿Accidente, fuga o desaparición voluntaria? Con el paso del tiempo surgieron diferentes hipótesis. Una de ellas sostenía que Bryce sobrevivió al accidente y decidió alejarse. La familia llegó a considerar la posibilidad de que se hubiera ido voluntariamente. De hecho, los padres difundieron en septiembre de 2013 un mensaje en el que señalaban que, a partir de distintos elementos de la investigación, creían que Bryce había dejado el área después del accidente.
Pero esa hipótesis también dio lugar a más interrogantes. Si quería desaparecer, ¿por qué dejó su teléfono y hasta su computadora personal? ¿Con quién pudo haber continuado el viaje? ¿Alguien lo ayudó? No existe evidencia pública concluyente que responda esas preguntas. La otra posibilidad: que algo haya ocurrido después del choque. También existe una hipótesis mucho más inquietante. Que Bryce haya terminado herido, desorientado o vulnerable después del accidente y que algo le haya ocurrido mientras se alejaba del auto.
El terreno alrededor de Castaic puede ser difícil de recorrer y, durante las primeras horas, la oscuridad complicaba enormemente la búsqueda. Sin embargo, las operaciones realizadas posteriormente no lograron localizar un cuerpo ni una evidencia que permita afirmar que murió allí. Eso es un detalle más que importante. Porque, a más de una década de la desaparición, no existe una prueba que permita establecer públicamente que Bryce murió aquella noche. Tampoco que demuestre que decidió comenzar voluntariamente una nueva vida.
El caso permanece abierto como desaparición y fue incorporado a bases oficiales de datos de búsqueda de personas. La ficha del Departamento de Justicia de California mantiene su fotografía, sus características físicas y las circunstancias básicas del caso. Bryce mide aproximadamente 1,80 metros, tiene ojos azules, cabello rojizo y un tatuaje en el hombro izquierdo con la cabeza de un toro, correspondiente al signo de Tauro.

La fecha oficial consignada como última vez que fue visto es el 12 de agosto de 2013 en la ficha estatal, aunque la cronología pública del caso ubica la desaparición y el hallazgo del vehículo entre el 29 y el 30 de agosto. Esa discrepancia administrativa hace especialmente importante apoyarse en la reconstrucción policial y periodística de los hechos.
Con el tiempo surgieron nuevas pistas. Personas aseguraron haber visto a alguien parecido a Bryce. Se revisaron fotografías pero no se produjo identificación alguna. En 2022, incluso una imagen de un hombre de Montana que guardaba cierto parecido con Bryce generó nuevos rumores y fue investigada. Finalmente, se comprobó que no era él.
Hay algo particularmente perturbador en el caso de Bryce Laspisa. Dejó una escena física: un vehículo, objetos personales, rastros, una secuencia de llamadas, personas que hablaron con él, una parada en la ruta, un accidente que terminó en un terraplén. Y después, nada. Es posible reconstruir buena parte de las horas anteriores a su desaparición. Se puede establecer dónde estuvo, cuándo dejó a su novia, con quién habló, cuándo recibió asistencia y cuándo llamó a su madre.
Pero existe un punto exacto de aquella madrugada en el que la historia se corta. De un lado está Bryce hablando con su familia. Del otro, un automóvil destruido junto al lago. Entre ambos momentos hay un vacío que ninguna investigación consiguió llenar. Por eso su desaparición se convirtió en un enigma que continúa vigente.
Nadie pudo resolver la pregunta fundamental. ¿Dónde está Bryce Laspisa? No hay una tumba, ni un cuerpo. Tampoco una escena criminal demostrada, una despedida, y una prueba que permita afirmar que se fue voluntariamente. Sólo queda aquel Toyota Highlander encontrado cerca del lago Castaic y una cadena de acontecimientos que, cuanto más se intenta reconstruir, más preguntas parece generar para alimentar el misterio.