En las profundidades del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, se esconde uno de los senderos más interesantes de la provincia de Granada, capaz de maravillar a cualquier visitante con sus caprichos geológicos. Esta ruta, ubicada principalmente en el municipio de Otívar, ofrece un recorrido por paisajes que parecen extraídos de una gran película debido a su belleza virgen. El acceso principal se sitúa en la emblemática Carretera de la Cabra, específicamente en el kilómetro 31, donde comienza una aventura descendente hacia el corazón del Río Verde. Se trata de un entorno donde los relieves kársticos y los materiales dolomíticos han configurado un escenario natural de una gran riqueza visual. Este enclave no solo es un refugio para la biodiversidad local, sino también un testimonio vivo de la interacción entre el agua y la tierra a lo largo de los siglos.
Y es que explorar este sendero permite descubrir rincones donde el tiempo parece haberse detenido, una ruta conocida por su espectacular Cascada de los Árboles Petrificados, fenómeno natural único donde la vegetación se mimetiza completamente con la roca. Es, sin duda, una cita obligatoria para aquellos senderistas que buscan algo más que un simple paseo por la media montaña granadina.
El fenómeno que da nombre a esta cascada es verdaderamente sorprendente y consiste en la mineralización de antiguos troncos de madera por el efecto del agua carbonatada. Con el paso de los años, el flujo continuo de agua cargada de material calizo ha ido depositando sedimentos sobre los restos vegetales atrapados en el salto. Este proceso químico da como resultado la formación de una roca muy porosa denominada toba caliza, que conserva la forma original de la madera. Los materiales vegetales del interior acaban pudriéndose y desapareciendo, dejando un hueco que es ocupado por la estructura pétrea resultante del sedimento. El agua de los acuíferos actúa como un escultor paciente, transformando elementos orgánicos en piezas minerales que se integran perfectamente en el relieve circundante.
Espectadores y expertos coinciden en calificar este paraje como una joya de la naturaleza, donde los restos de árboles parecen haberse convertido en piedra eterna. La cascada muestra cómo el agua puede horadar formas caprichosas y horadarlas sobre la caliza. Ver estos troncos convertidos en roca es sinónimo de la inmensa fuerza transformadora que poseen los elementos naturales en este rincón de la Sierra de Almijara.
El origen histórico de estos troncos se remonta a los años veinte, cuando las empresas madereras utilizaban la red fluvial para el transporte de pino resinero. Los ríos servían como canales naturales para llevar la madera desde las zonas de producción altas hasta el aserradero de Cázulas, situado aguas abajo. Durante este complejo transporte, algunos ejemplares quedaban enganchados accidentalmente en zonas de difícil acceso, como los recodos de los saltos de agua. Al no poder ser recuperados por los trabajadores, estos troncos permanecieron expuestos a la acción constante del agua mineralizada durante décadas. Lo que comenzó como un residuo de la actividad industrial de la época terminó convirtiéndose en un monumento natural de incalculable valor paisajístico. Hoy en día, el panel informativo del sendero explica a los caminantes este curioso vínculo entre el pasado forestal de la zona y su geología actual.
Para iniciar esta travesía, el punto de partida recomendado es el Collado de los Chortales, donde los visitantes pueden estacionar sus vehículos antes de emprender la marcha. Desde este inicio, el sendero ofrece vistas panorámicas excepcionales del macizo de La Almijara y cumbres imponentes como el Pico Navachica. La ruta comienza con un descenso pronunciado que atraviesa hermosos pinares y permite apreciar la diversidad de la flora de media montaña. Durante el primer tramo, es posible divisar el cruce de riscos conocido como Poyos del Pescado, una senda histórica de gran importancia. Antiguamente, este paso era utilizado por los comerciantes para transportar pescado fresco desde la costa tropical hasta la ciudad de Granada.
El relieve kárstico domina el horizonte, mostrando cárcavas, abanicos aluviales y canchales de arenas blancas carbonatadas que deslumbran bajo el sol. Es un trayecto exigente que requiere un buen calzado con suela de agarre debido a la naturaleza escurridiza de algunos tramos rocosos. De hecho la dificultad de la ruta es considerada moderada o alta, principalmente por el fuerte desnivel que se debe salvar en el descenso al cauce. El camino está equipado en sus puntos más críticos con escalones labrados en la propia piedra, barandillas y cuerdas para garantizar la seguridad. Es fundamental extremar las precauciones y no abandonar nunca el camino señalizado para evitar accidentes en este terreno abrupto y escarpado.
A pesar de la exigencia física, el esfuerzo se ve recompensado al llegar al recodo donde el agua cae formando la famosa poza. El sendero permite sumergirse en un entorno de aguas de color verde esmeralda y cristalinas que invitan al descanso tras la caminata. La duración estimada para completar el recorrido es de aproximadamente tres horas, dependiendo del ritmo y de las paradas realizadas. Se recomienda evitar las horas de mayor calor, especialmente si se decide regresar por el carril que lleva al embalse.
Al llegar a la Cascada de los Árboles Petrificados, el visitante se encuentra con un espectáculo visual donde el agua salta sobre las formas pétreas. Bajo la caída, se forma una pequeña poza de agua fría que mantiene una temperatura baja incluso durante los meses más calurosos del verano. Este rincón escondido es ideal para refrescarse y disfrutar del silencio que solo se rompe por el sonido del agua al golpear la roca. La estructura de la cascada llama la atención por la fidelidad con la que la roca ha copiado la textura y disposición de los troncos. Es un ejemplo perfecto de cómo el tiempo y la geología pueden crear arte sin intervención humana directa, solo mediante procesos químicos naturales. Los troncos mineralizados parecen vigilar el curso del río, recordándonos la historia maderera que una vez dio vida industrial a estos barrancos.
La pureza del entorno y la claridad del agua hacen de este lugar uno de los tesoros naturales mejor conservados de la provincia. Muchos senderistas optan por realizar esta ruta en circular para conocer también la zona de la Fuente de las Cabrerizas. Muy cerca del salto de agua se encuentra la Cueva de la Cascada, una cavidad que añade un toque extra de aventura a la excursión. Esta cueva alberga impresionantes formaciones cársticas como estalactitas y estalagmitas en su interior. El suelo de la caverna está cubierto por un pequeño lago y, en ocasiones, el nivel del agua puede llegar hasta la cintura. Explorar su interior requiere precaución y, en muchos casos, la voluntad de mojarse para descubrir sus rincones más profundos y espectaculares. Es un espacio donde la humedad y la oscuridad contrastan con la luminosidad del exterior, creando una atmósfera mágica para los visitantes.
Tras visitar la cueva, la senda prosigue atravesando el Barranco del Pito, donde el cauce fluye entre pozas que parecen gemas preciosas. La combinación de agua, roca y vegetación convierte a este tramo en uno de los más bucólicos y fotografiados de todo el recorrido. El área de Río Verde no solo es célebre por sus senderos, sino también por ser un destino de referencia mundial para la práctica del barranquismo. Sus cañones, moldeados por la erosión milenaria, ofrecen retos emocionantes para quienes buscan una experiencia de adrenalina en contacto directo con el agua. No obstante, esta actividad requiere obligatoriamente el acompañamiento de profesionales y la autorización correspondiente de la administración ambiental.
Para los senderistas más tradicionales, el regreso puede realizarse por el mismo camino o siguiendo una pista hacia el Embalse de la Cueva de Funes. Esta balsa artificial, de aguas turquesas, sirve como punto de abastecimiento para la extinción de incendios forestales en la zona. Antes de finalizar, es recomendable visitar pueblos cercanos como Otívar o Lentegí para disfrutar de la gastronomía local y completar la jornada. Practicar un turismo responsable y comprometido con el entorno es vital para preservar la magia de esta inolvidable Cascada de los Árboles Petrificados.