España precisa plasma, material básico para numerosos medicamentos y para al menos 30.000 pacientes. Y necesita muchos litros para ser autosuficiente. El año pasado, los hospitales españoles transfundieron una unidad de plasma cada 5 minutos y usaron una cada minuto y medio para generar medicamentos hemoderivados. Para acercarnos a la autosuficiencia, serían necesarias unas 2.600 plasmaféresis (donaciones de plasma) al día, siete veces más de las actuales.
Ante la falta de plasma, España acude al mercado estadounidense para obtener este componente de la sangre, pagando las unidades a precio de oro. “Los hemoderivados plasmáticos —explica José Antonio García Erce, director del Banco de Sangre y Tejidos de Navarra y vocal de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)— solamente pueden provenir de donación humana a partir del plasma de los donantes y, según los datos de 2025, solo el 25% de la inmunoglobulina que usamos en España procede de donantes españoles; el resto tenemos que importarlo y llega sobre todo de Estados Unidos”.
El de uso clínico, el transfusional, se usa principalmente para el tratamiento de coagulopatías, trastornos hemorrágicos, traumas, grandes cirugías o en pacientes con quemaduras graves. “El resto, dice García Erce, lo utilizamos para obtener una veintena de proteínas diferentes que no pueden fabricarse de forma industrial y proceden únicamente de donantes humanos. Pero, en España, apenas cinco o seis de estas proteínas proceden de donantes españoles. El resto tenemos que importarlas”
Las proteínas derivadas del plasma tienen como destino la fabricación de medicamentos para pacientes con algún trastorno genético congénito y pacientes con inmunodeficiencias adquiridas.
“En este grupo -indica García Erce- se incluyen pacientes trasplantados o aquellos sometidos a terapias celulares o nuevos tratamientos oncológicos. En los últimos cinco años ha crecido el consumo de inmunoglobulinas en España en más de un 40%”.
A estos grupos de pacientes se suman los que sufren enfermedades autoinmunes, “que han experimentado un importante crecimiento después de la covid”, añade el experto.
“Las inmunoglobulinas son una de las opciones terapéuticas que tenemos para regular o modular la reacción de los anticuerpos en patologías como el síndrome de GuillainBarré, miastenia gravis y otras enfermedades neurológicas”, explica.
El plasma es obtenido a partir de la sangre tras centrifugación de una donación normal, pero también puede obtenerse mediante un procedimiento de aféresis, en el que se devuelven al donante los componentes no utilizados. En el primero de los casos se obtienen alrededor de 250 centímetros cúbicos de plasma, en el segundo, alrededor de 600. Hematología trabaja no solo para aumentar el número de donaciones, sino también para reducir el consumo de plasma, optimizando su uso en el entorno clínico y buscando alternativas a este derivado, que ahora mismo no existen.
Para la donación de plasma o plasmaféresis se utiliza una máquina o separador. La sangre sale de la vena del donante, al igual que en la donación de sangre convencional. La máquina selecciona el plasma y devuelve al donante el resto de componentes sanguíneos.
Este proceso dura en torno a unos 40 minutos.
Al no donar hematíes, el número de donaciones que se pueden realizar al año es mayor que cuando se trata de donación de sangre total o donación convencional.

Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.