El bonaerense Nicolás Márquez Noriega es escritor, conferencista y abogado, todo esto desde su postura política, de derecha. Esto no puede aislarse, porque es a lo que ha dedicado su carrera. Tiene 18 libros publicados, el último de ellos Ídolos con pies de barro. Los falsos héroes de la izquierda y la cultura woke (Harper Enfoque).
“Es un trabajo exhaustivo, 1.400 citas a pie de página”, dice a este Diario el invitado a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2026, que alista una conferencia en el salón Vicente Rocafuerte del Centro de Convenciones Simón Bolívar el domingo a las 17:00.
Allí están el político chileno Salvador Allende, el argentino Ernesto Che Guevara, el expresidente venezolano Hugo Chávez (del que ya hizo una biografía en 2010). “Me cuesta, pero creo que es mi trabajo más ambicioso en mucho tiempo”. La investigación se reparte en diferentes épocas, pero cuenta que desde que se “abalanzó” sobre este libro ya tenía algunos personajes en firme, pero otros se fueron agregando y unos cuantos salieron. Por ejemplo, el sacerdote colombiano Camilo Torres, que dejó la sotana para unirse al Ejército de Liberación Nacional (ELN), cedió el paso al papa Francisco, una figura a la que Márquez considera “emergente en todos los movimientos de izquierda católica de los años 60 y 70”.
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El tono de Ídolos llama a la polémica. El autor no lo niega. “A mí, una de las cosas que me son prioridad es decir algo que no haya sido dicho, que increpa, que interpela; eso va a generar necesariamente polémica. Algo que ya fue dicho no merece ser publicado ni escrito ni trabajado. Entonces sí, trato de ir contra la corriente”.
El título lo escogió aludiendo al pasaje bíblico del libro de Daniel —una estatua con cabeza de oro y pies de barro se desmorona—, porque las personalidades que eligió han sido “idolatradas por la izquierda”. “Les fabrica atributos, cualidades, méritos y una vida que no han tenido, así como en su pensamiento, en su legado”. A unos los califica como poco recomendables. A otros los llama directamente “depravados, viciosos, criminales”.
“La izquierda apela mucho al aspecto emocional y simbólico, porque no puede mostrar un solo proceso político exitoso desde que existe como proyecto político ideológico. Entonces, ¿cómo le vende a la opinión pública su posicionamiento político? ¿Cómo trata de seducirla? A través de la evidencia empírica no puede. Tiene que apelar a la emoción y a fetiches, persona o cosa a la cual se le atribuyen características o atributos o virtudes que no tiene. Son objetos de adoración o culto”.
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¿Ninguno se salva? Márquez lo piensa. “Hay personajes más despreciables que otros. No es lo mismo el Che Guevara, que mató a 216 personas, que Frida Kahlo, que no mató a nadie. No es lo mismo Eva Perón en la Argentina administrando con su marido, un militar golpista y fascista, que la responsabilidad internacional que tiene un papa. No es lo mismo (el filósofo, sociólogo y psicólogo francés) Michel Foucault, que uno puede decir que es un académico, un rival ideológico, y no es tan así porque, más allá del punto de vista doctrinario, fue pedófilo e hizo lobby por la pedofilia en Francia y lo practicaba cuando viajaba al exterior. Eso es criminal. Entonces, cuesta trabajo generar un salvataje, pero lo que sí puedo decirte es que no todos incurren en el mismo grado de perversión moral”.
Pero el autor toma un riesgo tal vez mayor al incluir al futbolista y seleccionado argentino Diego Armando Maradona, “un tramposo, un vicioso, un tipo que no reconoció a los hijos, que hizo trampa en el deporte; tres o cuatro años fue un gran talento y después fue un fracaso permanente. Lo que tiene es un marketing enorme”, argumenta, creando el raro efecto de un argentino sin reverencia por el Pelusa. Lo contrasta con Lionel Messi a los 39 años, subcampeón mundial, en pleno estado físico. “El otro día hizo cuatro goles”. Pero no se queda en la vida deportiva o personal de Maradona; en el libro establece por qué lo considera “indisculpable”.
“Busqué personajes que tengan gran aceptación en la opinión pública, pero también un gran desconocimiento de parte de esa opinión pública. Pero no estoy haciendo ninguna conspiración”, objeta. “No hay nada que no esté documentado. Esa es mi tranquilidad; nadie va a poder hacerme un juicio, porque lo tengo todo respaldado, con precisión de centavo”.
Cree que el gran público toma con aprecio a los personajes porque así se los han presentado. “Yo creo que mi aporte es la batalla cultural, a lo que me he dedicado toda la vida. Hay una frase de (Charles) Maurras, en Mis ideas políticas (1937): ‘Un error y una mentira que no nos hemos tomado el trabajo de desenmascarar se han ido convirtiendo poco a poco en la autoridad de lo verdadero’. La leí hace mucho y se me quedó grabada, porque hay una suerte de mea culpa del sector al que yo puedo pertenecer: no se ha tomado el trabajo de desenmascarar”.
Presenta su libro como “muy entretenido, muy documentado, te va llevando de un lado a otro del continente y a diferentes momentos históricos; no solo aprendes sobre personajes sino sobre el país. Te forma en batalla cultural y te ayuda a no ser esclavo de la propaganda. Ahora te estoy mostrando otro costado y, en última instancia, vas a sacar tu opinión final respecto del personaje, si es favorable o no, pero al menos escucha las dos vertientes”. (F)