“Estas cosas solo suceden una vez en la vida”. El anticuario barcelonés Artur Ramon todavía recuerda ese día del 2018 en el que asistió a una subasta en Madrid, algo habitual en su trabajo. Y un cuadro le llamó la atención: un óleo sobre lienzo de temática religiosa de apenas 51,5 x 38,5 cm de Francisco Bayeu, pintor de cámara de Carlos III y Carlos IV y uno de los artistas más influyentes del Madrid del último tercio del siglo XVIII. No fue el único a quien la obra le sorprendió. Otro anticuario sintió el mismo flechazo. “Entró un competidor mío de Madrid, y me di cuenta de cómo disimulaba tras ver el cuadro”. Decidieron adquirirla conjuntamente. Solución diplomática entre caballeros.
Y llegó la pandemia. Sobraba tiempo para recrearse en esos detalles que el ritmo vertiginoso del día a día obliga a obviar. Fue así como Ramon empezó a detectar que esa pequeña joya de Bayeu “parecía demasiado buena para ser de su autoría”. “Me he equivocado más veces que no he acertado”, reconoce con humildad. En cambio, esa vez su intuición dio en el clavo.

El Bayeu resultó ser un Goya. La confusión no era, sin embargo, descabellada. Bayeu, también aragonés y miembro destacado de una saga de pintores, fue el gran mentor y protector del genio de Fuendetodos en Madrid, donde se integró en su taller. Incluso acabaron emparentados tras la boda del autor de las majas en 1773 con Josefina, la hermana pequeña de su preceptor.
El milagro de la aparición de la eucaristía a san Pascual Bailón, nombre completo de la obra, puede presumir de otros dos milagros: su excelente estado de conservación y una atribución respaldada por los máximos expertos en Goya, un consenso académico difícil de conseguir. “La atribución es diáfana, lo que es rarísimo”, apunta Ramon. La pintura ha sido estudiada por el Museo del Prado y Manuela Mena, quien fuera jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y de Goya de la institución. “Es una persona muy rigurosa por cuyas manos han pasado cientos de posibles Goyas, y solo ha dado como buenos a una decena de ellos. Aunque tenga un 1% de dudas, no firma la atribución”, sostiene.
En octubre de 1926, Artur Ramon i Vendrell se anunciaba como anticuario en la revista L’Amic de les Arts. Esta efeméride marca el centenario de una galería de arte que empezó en Reus, siguió en Sitges y se estableció en Barcelona en 1942. Primero, en la calle de la Palla y ahora en la calle Bailén. Artur Ramon Art, que ya ha llegado a la quinta generación, conmemorará el aniversario con la inauguración de una exposición el 27 de octubre que reunirá una treintena de obras muy seleccionadas “que explican lo que somos”, según detalló Artur Ramon. El Goya El milagro de la aparición de la Eucaristía a San Pascual Bailón compartirá protagonismo con obras de Picasso, Zurbarán, Ribera, Meléndez, Casas o Barceló. La conmemoración se completará con la publicación del libro La pervivència d’una mirada sobre la historia de la saga de anticuarios y la evolución del coleccionismo en Catalunya.
La pintura había permanecido en colecciones particulares, y forma parte de una serie de santos que Goya pintó en los primeros años de la década de 1780, tras su fructífera estancia en Roma. El viaje marcó un punto de inflexión en su pintura, que empezó a alejarse del clasicismo académico de Bayeu. Se cree que fueron encargos de particulares que llevaban el nombre de los santos representados. Se conocen algunos ejemplos, como Visión de san Antonio Abad o Muerte de san Francisco Javier.
Pastor de cabras y luego franciscano, el también aragonés Pascual Baylón vivió en la segunda mitad del siglo XVI. Su vida cambió cuando se le apareció la imagen de Jesucristo en la eucaristía. La tradición popular explicaba su apellido asegurando que bailaba de felicidad cuando rezaba, algo que no muestra Goya, aunque sí pintó la piedra con la que hizo brotar agua para los pobres, uno de sus varios milagros, como la multiplicación del pan para los más necesitados.
No hubo pan cuando los anticuarios cerraron la adquisición de la obra, pero sí multiplicación. La casa de subastas les ofreció por sorpresa comprar la pareja del cuadro, otro santo de Bayeu que también resultó ser de Goya. Mientras que Artur Ramon se quedó con san Pascual Bailón, su competidor se llevó un san Francisco que todavía conserva en su propiedad.
La importancia de ambos Goya queda también reflejada en su declaración como bienes de interés cultural, que impide su exportación. Ambos serán una de las sorpresas de la gran exposición que el Prado prepara para el bicentenario de la muerte de Goya, en el 2028, dedicada a su obra religiosa y anticlerical. Antes, El milagro de la aparición de la eucaristía a san Pascual Bailón se podrá ver en Barcelona, en la exposición del centenario de la galería Artur Ramon, que se inaugurará en octubre. “He esperado el momento adecuado para enseñarlo. Encontrar obras como esta da sentido a mi trabajo”.

Redactora jefa de Gente y Media. Antes, de Cultura, Última Hora y responsable de Vídeos. Autora de libros como 'Florencia a través de sus personajes' o 'La llegenda del Carreró'