En defensa de los educadores, por Jordi Alberich

calendar_today 08.08.2026 - person  - timer ~3 Minutos

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Nuevamente, la educación ha vuelto a ocupar portadas con motivo del embrollo que excluyó a Catalunya del informe PISA, pocas semanas después de la contundente huelga que paralizó el sector y que amenaza con tener continuidad este próximo septiembre. Ante ello, no se puede recurrir a la crítica fácil pues, más allá de la responsabilidad de unos u otros, algo profundo tiene que estar sucediendo en nuestras escuelas para alcanzar resultados tan deficientes y tener al profesorado así de alterado. Creo que la razón de fondo estriba en que en los escasos metros cuadrados de un aula emergen con máxima intensidad todas las contradicciones y conflictos que hemos ido acumulando en las últimas décadas. Una realidad muy difícil de conducir y que, todo señala, tenderá a empeorar.

En las aulas las realidades son muchas veces extremadamente complejas  

En las aulas las realidades son muchas veces extremadamente complejas  Ana Jiménez

Así, en la mayoría de centros públicos, y de un creciente número de concertados, en un aula se encuentran estudiantes que padecen directamente las consecuencias de una desigualdad que sacude especialmente a los menores, que malviven en sórdidas habitaciones y acarrean carencias alimenticias; de pertenecer a familias desestructuradas, cuando no violentas, que lastran de por vida a los pequeños; de provenir de una inmigración masiva, con sus diferencias culturales y dificultades de aprendizaje añadidas; de padecer la eclosión de patologías psíquicas que emergen en edades cada vez más tempranas y arraigan entre los adolescentes; o de padecer las consecuencias demoledoras de la adicción a unas redes sociales que les individualiza y deteriora su sentido de la realidad. Además, nuestro modelo de escuela inclusiva conlleva una enorme exigencia al profesorado para integrar a alumnos con necesidades especiales; una propuesta admirable pero que, sin dotarla de los recursos necesarios, se convierte en prácticamente imposible.

Realidades tan distintas entre privado y público evidencian la fractura de nuestra sociedad

Por todo ello, antes de recurrir a las lecturas simplistas que tanto abundan, se debería ser consciente de lo que representa enfrentarse diariamente, desde una tarima, a una realidad tan extraordinariamente compleja y, además, sin los recursos necesarios. Tal como me comentaba una perspicaz psicóloga del mundo educativo, “encima de que no hay día sin que se arme una de gorda, sólo falta que se nos valore por la nota de corte”. En este contexto, también surgen las voces de quienes señalan que todo lo público es un genuino desastre y no tiene remedio; que, frente a tal desgracia, se encuentra el ejemplo de centros privados que alcanzan resultados excelentes o, por lo menos, consiguen que todos sus alumnos acaban yendo a algún que otro centro universitario. Estas realidades tan distintas entre lo privado y lo público son muestras evidentes de la fractura que ya se da en nuestra sociedad. Si no nos lo tomamos en serio, esta fractura acabará por resultar irreversible.