El sonido del tiempo a través de las campanas valencianas | Las Provincias

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Alejandro Ricós

22/08/2026

Actualizado 23/08/2026 - 01:37h.

Iglesias, conventos, ermitas e incluso edificios públicos siguen hoy coronados por campanas. Algunas han quedado mudas y otras siguen sonando a diario o en algunas fechas señaladas, a pesar de que hoy en día su utilidad pueda resultar en entredicho ante la existencia de objetos más efectivos e inmediatos para realizar algunas de sus funciones.

Este tipo de campanas en edificios tiene un origen religioso, pero no exclusivamente cristiano; también están presentes en el budismo (las de mayor tamaño) y el hinduismo. En todas ellas su presencia en los templos tenían un sentido similar: anunciar los horarios, congregar a la comunidad religiosa a los rezos y marcar momentos o transiciones de tiempo importantes.

Su introducción en el cristianismo se atribuye a san Paulino, obispo de Nola (Campania, Italia), quien sobre el año 400 después de Cristo comenzó a utilizarlas para convocar a los fieles a la oración. De allí proviene su nombre en latín, 'campana', ya que las primeras que se hicieron con bronce se fabricaban en esta región. Dos siglos más tarde se autorizó oficialmente su uso en toda la Iglesia Católica.

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Con la intención de que su sonido llegara más lejos, su tamaño y peso fue en aumento y las iglesias empezaron a construir campanarios donde ubicarlas en altura.

Además de anunciar los oficios religiosos o marcar las horas de oración, su sonido también tenía un carácter protector para la comunidad ya que estaban bendecidas y en muchos casos consagradas. En los primeros tiempos la gente creía –la Iglesia lo pensaba también– que cada vez que una campana sonaba se elevaban las oraciones que grababan en ellas al cielo. Alrededor del XVII las inscripciones ya no van tan dirigidas a Dios sino a su mediadores (Virgen y santos). Más recientemente, en el siglo XIX, dejan de grabarse oraciones a estos mediadores y en cambio se tiende a homenajearlos ('Dedicado a Santa Bárbara'). Hoy en día incluso se funden simplemente con la marca de fábrica y el año de fundición.

Además de campanas, en algunos campanarios también podemos encontrar carillones o carrillones. Se llama así al conjunto de bronces con los que se puede interpretar una melodía. El sonido se produce con el golpe de un martillo activado desde el teclado de un ordenador o manualmente por el carillonista a través de un órgano situado en la planta baja. Se considera así si dispone de un mínimo de 25 piezas afinadas. En España no llegan a una decena los carillones existentes, pero el mayor de ellos es el que alberga una de las dos torres de la Basílica san Pascual de Vila-real compuesto por 72 campanas que cubren 6 octavas musicales, con un peso total superior a las doce toneladas.

Carillón en el campanario de la iglesia de Santa María de Amurrio (Álava) compuesto por 25 campanas.

Carillón en el campanario de la iglesia de Santa María de Amurrio (Álava) compuesto por 25 campanas.

(J. Montes)

Otro elemento que podemos encontrar en algunos campanarios son las matracas, de hecho en todos había. Es un instrumento de madera que sustituía a las campanas en Semana Santa, y producía un ruido aparente y lleno de ritmo. Una interpretación peculiar de las normas conciliares hizo que desapareciera la mayoría aunque ya vuelven a sonar, generalmente impulsados por las manos de las nuevas generaciones de campaneros.

Matraca en la iglesia de Santiago Apóstol en Albatera.

Matraca en la iglesia de Santiago Apóstol en Albatera.

(LP)

Los toques

Cada obispado trató de hacer sonar las campanas de manera distinta a las diócesis cercanas, y del mismo modo, cada población trataba de diferenciarse de la comunidad vecina diferenciando sus toques.

Más allá de su sentido religioso las campanas marcaban la vida de los pueblos, construían su tiempo comunitario, pero no el de las horas del reloj, era 'el tiempo de la naturaleza', como lo llama el antropólogo e investigador valenciano Francesc Llop: «Las campanas comenzaban a sonar al alba y terminaban cuando se hacía de noche, cuando dejaba de haber luz por la calle y terminaba la vida social. Solo en caso de alarma, por ejemplo, por un fuego, se tocaba de noche».

Además de los toques que marcaban la jornada existían otros (muchos de ellos todavía perviven hoy) que celebraban momentos especiales, como la entrada o salida de procesiones, entierros o el paso de una comitiva por ciertos lugares. Eran toques especiales que indicaban a la comunidad que algo importante para ellos estaba ocurriendo en aquel espacio que compartían a través del sonido.

Esta sería una clasificación genérica de toques, algunos ya en desuso o exclusivos de alguna zonas concretas.

Toques religiosos diarios:

  • Toque de oración al alba, el inicio de la jornada laboral.

  • El Ángelus, a mediodía, el descanso de la comida.

  • Toque de oración del atardecer, el fin de la jornada.

  • Llamadas 'a misa', bien por la mañana o por la tarde.

Toques religiosos no diarios:

  • Toque de agonía, se escuchaba cuando el enfermo se encontraba a punto de fallecer. Se tocaba para que los fieles rezasen por el enfermo y el agonizante recibiera la extremaunción.

  • Toque a muerto o a difunto, que diferenciaba entre adultos, por sexos y clase social. También se distinguía si eran niños.

  • Muerte y nombramiento del papa y fallecimiento de un canónigo o de un obispo.

  • Toque de rogativas, en el que se tañían las campanas mientras tenía lugar la procesión pidiendo agua para los campos o el cese de una peste.

  • Toques de fiesta o de vísperas de fiesta.

  • Toques de procesiones.

Toques civiles

  • El de las horas.

  • De convocatoria a los vecinos para tratar los asuntos generales de la localidad.

  • De apertura y cierre de las puertas de la ciudad.< br > En la Catedral de Valencia, por ejemplo, todavía hoy todas las noches, de 20.00 a 20.30 horas en invierno y de 21.00 a 21.30 en verano, se toca el llamado 'tancament de muralles'. Cuando se hacía por necesidad el 'toc d'alba' anunciaba también la apertura de las murallas.

  • A rebato por una alarma general o fuego. En tiempos de guerra, se avisaba de la llegada del enemigo o de acontecimientos importantes como la caída de una ciudad o el fin de la contienda.

  • Llegada del médico o el veterinario al pueblo, para avisar del momento de la consulta.

  • 'Toque de queda', utilizado en caso de guerra o de una situación de alerta temporal prohibiendo circular por las calles al anochecer.

  • Agrupación de ganado: toque para sacar de las casas el ganado y concentrarlo en un lugar del pueblo para llevarlo a pastar a terrenos comunales.

  • De tormentas, tente nublo o de conjuros. Tenía lugar entre la cruz de mayo (día 3) hasta la cruz de septiembre (día 14), en algunos lugares todos los días, en otros solo los domingos y en todos cuando había riesgo de tormenta. Existía la creencia de que el tañido de las campanas destruía el granizo, ya que las ondas sonoras movían el aire e impedían que el agua se transformase en hielo.

  • De anuncio de la llegada del rey, o del Obispo.

  • De perdidos, usado para orientar a los extraviados o convocar para buscarlos.

  • De regulación de riegos, que se daba en muchos lugares como el Camp de Morvedre o la famosa campana de la Vela de Granada que organizaba hasta hace poco los riegos de la Vega

Vuelo de les tres campanas menores de las cinco grandes, lo que se llama ’les tres noves’ se toca para actos solemnes menores. Es un toque completo: enrollar y desenrollar cuerdas.

(campaners.com)

Hasta mediados del siglo XX, en España, todos estos toques se efectuaban de modo manual, pero entre los años 1950 y 1970, con el éxodo rural y su consiguiente falta de personal junto a la idealización de cualquier desarrollo tecnológico, la mayoría de pueblos y ciudades comenzaron a motorizar y electrificar sus campanarios de forma masiva haciendo desaparecer progresivamente el oficio tradicional del campanero.

Al principio se instalaron motores para el volteo y martillos electromagnéticos para el repique que golpean el bronce exterior o interiormente de forma programada. Hoy los toques automáticos se gestionan mediante ordenadores, paneles de control integrados y aplicaciones móvil. Si la campana gira es de modo que un único especialista puede programar o activar los toques de cientos de campanarios a distancia en tiempo real.

Pero afortunadamente, como desarrollaremos más adelante, los toques tradicionales, es decir los manuales, no se han perdido.

En el sonido de las campanas también influyen la forma y el lugar donde se ubican: el campanario que las alberga. Su forma o cómo se distribuyen en él las campanas determina no solo su sonoridad sino también la manera de ser tocadas.

Por motivos acústicos las campanas agudas, más pequeñas, deben estar más altas y suelen estar en el interior de la torre, puesto que su sonido se expande, por así decirlo, en línea recta. Las mayores no se instalan más bajas por cuestión de comodidad o de peso sino porque su sonido es más grave y se expande en todas las direcciones. Estas suelen ponerse en las ventanas.

También contribuyen a la sonoridad la altura del campanario y la llamada 'falsa bóveda', habitual en las antiguas torres medievales y barrocas por su utilidad para evacuar el sonido de las campanas hacia el exterior, evitando que los ángulos de la parte superior de la sala pudieran hacerles perder sonoridad. Tapiar las ventanas que carecían de campanas también aumentaba la resonancia de la sala.

Otro elemento que afecta a la sonoridad de las campanas son los muros que ciegan la parte baja de las ventanas y que en muchas restauraciones, apunta Llop, se han eliminado pensando que eran 'quitamiedos' que resultaban innecesarios ya que al estar las campanas mecanizadas nadie (o casi nadie) sube al campanario. Sin embargo estos muros con barandillas (aquí llamados 'mamperlats') realmente no se pusieron para proteger a los campaneros sino para que las campanas graves, las más bajas, retumbasen durante más tiempo, realimentadas por su propio eco.

Incluso los yugos de madera ('truges') no sólo aislaban las campanas de la torre y mejoraban su sonoridad, sino que reforzaban la acústica de la sala, sobre todo en los toques 'de badajo' (repiques), en los que los bronces permanecían quietos: el sonido, reflejado por las maderas, reforzaba la propia vibración de las campanas, aumentada por la parte baja de la sala, y era finalmente expelido por la suave curva de la bóveda.

5

millones de golpes

Son los que se estima que habrá dado una campana de 500 años de antigüedad, 50.000 al año, y su sonido seguirá siendo perfecto si está bien cuidada.

Son muchas las campanas llevan sonando en nuestras localidades varios siglos por lo que resulta vital su cuidado y restauración ya no solo por seguridad sino también por el valor histórico y cultural que suponen. Por esta razón la Generalitat Valenciana inició en 2018 la declaración como Bien de Interés Cultural al conjunto de las setenta campanas góticas valencianas, es decir, aquellas campanas datadas entre 1250 y 1659, que «presentan unas características y una relevancia singulares para el patrimonio cultural valenciano» y que por tanto «son objeto de medidas especiales de protección, divulgación y fomento». Así, cualquier tipo de intervención sobre ellas o sus componentes auxiliares, tipo restauración o reparación, quedan totalmente reguladas para conseguir preservar al máximo su sonoridad original.

La campanas valencianas protegidas

Declaradas como Bien de Interés Cultural por la Generalitat Valenciana

Uno de los aspectos más destacables de la protección de estas campanas es la salvaguarda del toque tradicional o manual ya que la automatización de las campanas resultó una pérdida cultural enorme porque al principio no se tuvieron en cuenta las distintas y peculiares formas de tocar de cada lugar y los motores tocaban todas las campanas a la vez, indiscriminadamente y a la misma velocidad. Además, para mecanizarlas los contrapesos históricos de madera fueron sustituidos por otros metálicos que no permitían a posteriori, en momentos puntuales, poder tocar las campanas de un modo manual.

«En la medida de lo posible debiera evitarse la mecanización de estas campanas, reservándolas para toques manuales. Si es imprescindible la motorización, se contemplarán exclusivamente los llamados motores de impulsos en campanas de volteo«

Texto literal de la declaración como BIC

Afortunadamente este desarrollo tecnológico, que terminó con el oficio de campanero remunerado, no finiquitó esta actividad tan arraigada en nuestro país gracias al empeño y la pasión de cientos de personas voluntarias que sobre todo a partir de los años 80 se empeñaron en recuperar y potenciar esta tradición cargada de un fuerte componente cultural y patrimonial, como demostró el hecho de su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2022.

(Iván Arlandis)

En la actualidad perviven en España decenas de modos diferentes de toque manual de campanas con un amplio repertorio de formas y técnicas, tanto en el ámbito religioso como en el civil.

Todos los toques manuales están regulados por las llamadas 'consuetas' que son los manuales o códigos litúrgicos tradicionales que regulan cómo, cuándo y por qué deben tocarse las campanas de una iglesia o catedral. En la cultura tradicional valenciana y española estas guías recogen los distintos toques para festividades, tiempos litúrgicos y eventos civiles. Aunque en un principio se regían por la transmisión oral la tendencia fue fijar por escrito las normas de los toques de las campanas, en cada una de las torres, hasta las más pequeñas. En la Catedral de Valencia y otros muchos municipios valencianos muchos toques vienen influidos todavía por la llamada Consueta de Herrera, fechada en el año 1705.

El toque manual de campanas en España

De modo generalizado ya que cada región cuanta con alguna excepción.

La tradición valenciana

Con anterioridad al reconocimiento internacional y más generalizado de la UNESCO, el Consell de la Comunitat Valenciana ya en el año 2013 declaró como Bien de Interés Cultural Inmaterial, concretamente los toques manuales de campanas en la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora de Albaida, en el campanar de la Vila de Castellón de la Plana, en la Catedral de Segorbe y en la Catedral de Valencia. Estos cuatro grupos de toques manuales constituían, según la declaración «el paradigma, el modelo de los conjuntos inmateriales mejor conservados y por tanto merecedores del mayor nivel de protección».

La capital valenciana del toque manual de campanas

Albaida

Campanario de la Iglesia Parroquial de la Asunción

La capital valenciana del toque manual de campanas

Tienen como principal mérito que sus campanas nunca han sido electrificadas y son tocadas y volteadas a mano desde el siglo XIII.

Los toques diarios son interpretados actualmente por el sacristán, mientras que los festivos o de difuntos son tocados por un numeroso grupo de campaneros constituidos en una asociación denominada Colla de Campaners d'Albaida.

Los toques de Albaida combinan el volteo mediante soga que se enrolla y desenrolla en las cuatro campanas mayores de los ventanales de la torre, con el repique de la campana 'centenària', siempre fija, y el volteo mediante cigüeñal de las otras campanas menores, ubicadas en la parte alta de la sala.

El año 2003 los campaneros de Albaida junto el parroco de ese momento, Jesús Corbí Vidagany, redactaron la nueva consueta donde se rigen las tradiciones y costumbres del Campanario y de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora.

Albaida es denominada como Capital Valenciana del Toque Manual de Campanas y cuenta en su localidad con el Museu Internacional del Toc Manual de Campanes, el MitMac.

Un campanario 'municipal'

Castellón de la Plana

Campanar de la Vila, el Fadrí

Un campanario 'municipal'

Esta torre, así como sus campanas, fue construida en 1604 a expensas de la villa y desde entonces, sin interrupción alguna, el ayuntamiento gestiona sus campanas a través de un funcionario municipal (y diversos ayudantes para los toques festivos y de difuntos), salvo en lo concerniente a los toques ordinarios de la iglesia.

Las campanas, a pesar de sus grandes dimensiones, son volteadas de manera manual, es decir, sin la ayuda de sogas para su movimiento. Incluso las campanas medianas y pequeñas giran mediante el impulso de las manos repetido a cada giro, facilitado por distintas tarimas, adaptadas a la altura de cada campana, que permiten el acercamiento del campanero.

Los repiques se limitan al toque de difuntos y a las señales diarias como el toque de oración o de misa, que se realizan subiendo a la misma torre, sin emplear antiguos sistemas de cables que por el exterior llegaban hasta sendos cajetines aún ubicados a uno y otro lado de la puerta principal de acceso.

El empeño por recuperar la tradición de una catedral

Segorbe

Campanario de la Catedral de Santa María

El empeño por recuperar la tradición de una catedral

La Catedral de Segorbe cuenta con trece campanas: once son litúrgicas y las otras dos, de cuartos y horas, se tocan automáticamente por el reloj.

Del conjunto, cuatro campanas son históricas, entendiendo como tales las anteriores a la Guerra Civil: la de las horas (de 1659), la única que procede del campanario antiguo, y las tres menores, dos del siglo XVIII y otra mucho más reciente, de 1918, aunque anterior a 1936.

Las dos campanas barrocas conservan sus accesorios originales, es decir badajos de hierro forjado y yugos de madera.

La electrificación de las campanas fue solo parcial y a mediados de los ochenta, por iniciativa del hijo del último campanero, se constituye la Asociación de Amigos de las Campanas quien desde entonces se encarga del volteo de las campanas de la torre, interpretando los toques de fiesta y otros extraordinarios.

Los repiques se ejecutan a través de diversas sogas unidas a cada uno de los badajos, y pulsadas desde el centro de la torre. Los volteos se hacen mediante sogas que se enrollan alternativamente en el brazo y en el extremo de la palanca metálica de volteo, girando por tanto las campanas en dos direcciones según sea el sentido del desenrollado.

Faro e insignia de la conservación y difusión de este patrimonio

Valencia

Campanar Nou, o torre del Micalet de la Catedral de Santa María

Faro e insignia de la conservación y difusión de este patrimonio

La torre del Micalet, del siglo XV, es un importante elemento del patrimonio cultural monumental de la ciudad de Valencia y como tal está protegida como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.

Su conjunto de campanas le confieren un valor añadido. Está formado por tres campanas del siglo XV, cuatro del XVI, tres del y XVII dos del siglo XVIII, además de una pieza única como es la campana Caterina, datada en 1305 y que constituye el sonido más antiguo conservado en la ciudad.

Fueron parcialmente motorizadas a mitad de los sesenta haciendo desaparecer los campaneros tradicionales y dejando las mayores sin mecanismos de volteo. La campana de horas, el Micalet, quedó muda durante más de veinte años.

En 1988 un grupo de campaneros formó el Gremi de Campaners Valencians con el objetivo de recuperar el sonido de las campanas a las principales fiestas de la ciudad y en 1994 se aprueba la Consueta Nova (actualizando algunos puntos de las consuetas antiguas a los usos y costumbres actuales).

Las once campanas litúrgicas, de grandes dimensiones, y muy antiguas, se pueden voltear mediante una a cuatro sogas (según el tamaño y la altura), girando por tanto en los dos sentidos marcados por enrollar y desenrollar la larga cuerda.

Para el repique se utilizan también las once campanas, uniendo todas las cuerdas en el centro de la sala, de modo que un solo campanero puede tocar una o todas las campanas según marque la partitura correspondiente.

De manera especial, los 'toques de coro' combinan el volteo de una de las campanas mayores con el repique de la menor y los 'trancs' (golpes) de las otras campanas grandes.

(J. Signes)

Un lugar privilegiado

Arriba, vista de la sala de campanas del Micalet instantes antes del tradicional toque de 'El Repret' el día de San Lorenzo. En esta imagen pueden observarse 8 de las 11 campanas que la componen, además de la matraca: El Manuel (1), La Maria (2), El Vicent (3), la Matraca (4), l'Andreu (5), l'Úrsula (6), la Violant (7), el Pau (8) y l'Arcís (9). Estas cuatro últimas que están juntas en la misma ventana se llaman 'el racò'. Fuera del campo visual faltan, justo detrás, el Jaume y al lado, una sobre otra la Caterina y la Bàrbera. Una peculiaridad de la Catedral de València es la existencia de campanas 'masculinas'. Prácticamente en todos los lugares las campanas se consideran femeninas y en su caso se femeniza el nombre: la Vicenta, la Ramona, la Manuela...

La declaración valenciana también hacía referencia al resto de grupos de campaneros existentes en las diócesis de Segorbe-Castellón y Valencia, cada vez más numerosos: «Deberán ser estudiados, caso por caso, para su posible protección como Bienes de Relevancia Local de carácter inmaterial, debido al interés de sus actuaciones y a la fragilidad del patrimonio inmaterial«.

Colectivos de campaneros en la Comunitat Valenciana

Volvemos a la ciudad de Valencia donde es imposible hablar de campanas sin hacer referencia al experto e investigador Francesc Llop i Bayo, una de las personas que más ha contribuido al estudio y catalogación de las campanas, así como a la lucha por la pervivencia y promoción del toque manual de campanas a través de la fundación del Gremi de Campaners Valencians y de la reconocida página web de la asociación Campaners de la Catedral de València, campaners.com.

La 'wikipedia' campanera cumple 30 años

En treinta años la página web Campaners.com ha pasado de tener 10 visitantes diarios a una media de 150.000 convirtiéndose en todo un referente internacional en el universo de las campanas y la tradición de su toque manual. Tiene catalogadas casi 30.000 campanas de todo el mundo e incontables fotos y videos históricos, documentos sonoros de toques, textos y artículos periodísticos y de investigación que la convierten en una verdadera y completísima enciclopedia digital especializada.

A Llop le llega la pasión por las campanas siendo muy joven, cuando conoce a los que serían los últimos campaneros remunerados de la ciudad de Valencia, «era gente muy humilde y con unos conocimientos de historia y de liturgia que nadie valoraba; en 1968, mientras todo el mundo estaba pendiente de la llegada a la luna tocaron manualmente por última vez en la iglesia del Carmen». Era la época de la mecanización de las campana cuando «todo el mundo pensaba que el progreso era dejar de cansarse para tocarlas».

Por suerte, este valenciano nacido en la mismísima ermita de Santa Llúcia (de donde sus padres eran ermitaños) quedó totalmente enganchado por la emoción que le proporcionaba el toque manual de campanas y el mismísimo campanario del Micalet, donde su padre, el erudito Francisco de Paula Josep Lluch, tenía como costumbre «subir cada dia a la sala de campanas no solo para difundir el mundo estas sino también de Valencia en general», lo cual hizo hasta sus 94 años de edad.

Francesc Llop revisando las campanas del llamado 'El racó' .

Francesc Llop revisando las campanas del llamado ‘El racó’ .

(Iván Arlandis)

Esta pasión casi innata lleva a Llop incluso a realizar su tesis doctoral de Antropología sobre el mundo de las campanas. Desde entonces ha puesto todo su empeño vital en la defensa, investigación y promoción de este patrimonio que reclama que sea entendido como algo tan identitario para los valencianos como lo pueden ser las bandas de música o el Tribunal de las Aguas: «La gente debe entender que patrimonio no es aquello que atrae a los turistas sino lo que da identidad y calidad de vida a los vecinos». Una identidad que va más allá de lo religioso. «Cuando nosotros tocamos en un día señalado estamos marcando un tiempo distinto, un tiempo de fiesta que implica a toda la sociedad». Y no son pocas las veces que a los largo de un año los campaneros ejercen su compromiso con los vecinos de esta ciudad.

Ejemplo de calendario anual

Toques manuales programados en el Micalet para 2026

Entre los campaneros hay personas creyentes y no creyentes a las que les une simplemente la pasión por tocar, más allá del motivo. De hecho, bromea Llop, entre los campaneros no se habla de religión, política o fútbol ni nada que les distraiga porque están jugándose la vida: «Ten en cuenta que es como ir en moto a 300 kilómetros por hora, si te caes te matas, la campana más pequeña que movemos en la catedral pesa 200 kilos». Algunas necesitan hasta cuatro campaneros para moverlas.

Las campanas valencianas que más pesan


Llop concluye que el toque manual no es una cosa del pasado. «Aunque las campanas sean muy antiguas no tocamos en plan romántico por aquello de recuperar algo perdido; tocamos por cosas de ahora y para la gente de ahora, tocamos para transmitir emociones de la ciudad actual, por eso aunque alguno se extrañe, no nos disfrazamos con ropa de época cuando nos juntamos para tocar».

Durante la misa exequial del Papa Francisco, que tuvo lugar en la plaza de San Pedro del Vaticano, se tocaron los tres toques previos, durante la consagración y en el momento final de los responsos. El vídeo corresponde al toque de la consagración, que los campaneros (Francesc Llop, en el centro) seguían por televisión en un teléfono móvil.

(campaners.com)

Desgraciadamente, a pesar de todo lo expuesto, cada vez más campanarios van enmudeciendo total o parcialmente debido a las protestas de algunos de sus vecinos, cuyos derechos individuales se ven reforzados frente a los comunitarios gracias a ordenanzas municipales que no discriminan los 'ruidos' de la vida cotidiana actual al de estos 'sonidos' tradicionales que nos han acompañado toda la vida. «No es justo», sentencia Llop; «¿Por qué cuando tú compras una casa al lado de una autopista asumes que no se puede cerrar de noche y si lo haces al lado de un campanario sí lo exiges?».

Fuentes:

Ministerio de Cultura, Campaners de la Catedral de València (Francesc Llop y campaners.com) y elaboración propia. Vídeos y audios cedidos por campaners.com

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