El Señor de los Anillos: La Guerra del Norte está de vuelta y es de esos clásicos que te pasas del tirón sin enterarte

calendar_today 17.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

Aspyr recupera el hack and slash de 2011 en su Legacy Edition y el resultado es un juego disfrutón, directo y con un doblaje al castellano que sabe a nostalgia

Hay juegos que envejecen mal y juegos que envejecen justo como deben. El Señor de los Anillos: La Guerra del Norte pertenece al segundo grupo. Salió en 2011 de la mano de Snowblind Studios, pasó por debajo del radar en plena avalancha de lanzamientos de aquel año y acabó desapareciendo de las tiendas cuando expiraron las licencias. Ahora Aspyr lo rescata con esta Legacy Edition, y lo hace con la misma filosofía con la que ya recuperó Soul Reaver o Tomb Raider: coger un clásico, adaptarlo a los tiempos que corren y devolverlo a la circulación sin pretensiones de reinventarlo.

Lo he jugado en PC y la sensación es difícil de explicar sin recurrir al tópico, pero es que el tópico aquí es exacto: es uno de esos juegos que ponías en la consola, te enganchabas y te lo pasabas del tirón sin darte cuenta de las horas. No diría que es un juego simplón, porque tiene más chicha de la que aparenta, pero sí se nota de su época en cada rincón. Y eso, lejos de ser un problema, es buena parte de su encanto.

Un hack and slash de la vieja escuela que sigue divirtiendo

La propuesta es tan clara como efectiva. Manejas a un trío de héroes (Eradan el montaraz, Andriel la maga y Farin el enano) en una historia paralela a la de la Comunidad del Anillo, centrada en frenar a Agandaûr, un lugarteniente de Sauron que reúne fuerzas en el norte mientras Frodo y Sam avanzan hacia Mordor. Cada personaje tiene su estilo, su árbol de habilidades y su forma de entrar al combate, y una de las mejoras más agradecidas de esta edición es poder alternar entre ellos en cualquier momento, algo que en el original solo podías hacer entre misiones.

El combate es puro entretenimiento sin florituras: ataque ligero, ataque pesado y ejecuciones cuando el enemigo te avisa de que está listo para caer. No es un sistema profundo ni pretende serlo, pero funciona como un reloj y engancha. Se juega estupendamente en solitario, con la máquina llevando a tus compañeros, aunque conviene decir que esa inteligencia artificial no siempre está a la altura y en ocasiones toca rescatar a los aliados más de la cuenta. Es en cooperativo, en cualquier caso, donde el juego termina de brillar. Da igual si vienes del Señor de los Anillos o si nunca has abierto un libro de Tolkien: el juego te va a divertir de todas formas. Y para quien sí es fan, el fan service está muy medido y sienta de maravilla, con personajes icónicos asomando aquí y allá.

El doblaje al castellano es un regalo, los gráficos son los que son

Si hay un detalle que me ha ganado por completo es el doblaje al castellano, el mismo de la época, que aquí funciona como una máquina del tiempo directa a 2011. Escuchar de nuevo esas voces es de esas cosas que no se pueden medir en una tabla de puntuaciones, pero que hacen que la experiencia se sienta más nuestra, más cercana, más de aquella generación en la que las grandes licencias todavía se doblaban con mimo.

Ahora bien, seamos honestos con lo que tenemos delante. Los gráficos, por mucho que los maquilles, son los que son. Aspyr ha mejorado las texturas y ha adaptado el conjunto para que se deje ver en un equipo actual, y eso se agradece, pero no esperes que te vuele la cabeza. Esto no es un remaster ambicioso, es un rescate honesto de un clásico. En mi caso, jugando en PC con una RTX 3070, el rendimiento ha sido impecable de principio a fin: framerate estable sin una sola caída y ni un bug en toda mi partida. El único pero técnico real es que el juego no incluye soporte nativo para pantallas panorámicas, algo que buena parte de la comunidad ha reclamado desde el primer día. En mi caso lo resolví recurriendo a un mod, que funciona bien y deja el ultrawide como debería venir de serie. Con eso solventado, jugado en alto todo va como la seda, y la versión de PC es la manera más limpia de disfrutarlo.

Una reedición honesta con algún fleco que pulir

Lo mejor que se puede decir de La Guerra del Norte es que, quince años después, sigue haciendo exactamente lo que prometía: entretener sin pedirte nada a cambio salvo tu tiempo, y devolvértelo con intereses. En una época en la que tantos juegos se diseñan para retenerte a base de trucos, encontrarse con uno que simplemente quiere que te lo pases bien y llegues a los créditos de una sentada resulta hasta refrescante.

Conviene, eso sí, avisar de un detalle antes de lanzarse en cooperativo. Parte de la comunidad ha reportado un problema con el guardado en las partidas online: al parecer, solo el anfitrión conserva progreso, experiencia y equipo, mientras que quienes se unen pueden perder lo conseguido al salir de la sesión. Es un fallo que Aspyr tendrá que corregir con un parche y que conviene tener en cuenta si tu plan es jugarlo íntegramente a distancia con amigos, aunque no empaña lo que la Legacy Edition ofrece en solitario o en pantalla partida.

Por lo demás, es un producto de su tiempo, con las asperezas propias de su tiempo, recuperado con cariño y vendido a un precio de derribo que ronda los veinte euros, lo que lo pone muy fácil. Si eres de los que recuerdan con nostalgia aquella hornada de juegos de la Tierra Media, o simplemente buscas un hack and slash directo para caer solo o con amigos, este viaje al norte de la Comarca merece la pena. Y si funciona, quizá abra la puerta a que Aspyr rescate otras joyas de aquella época dorada que la comunidad lleva años pidiendo a gritos.