El rugido de la manada - La Tercera

calendar_today 08.08.2026 - person  - timer ~2 Minutos

La política siempre ha sido combativa, pero los algoritmos y las redes la están convirtiendo en una cacería. Los líderes actúan sobre un escenario de emociones tóxicas cuya escenografía montan personas sin responsabilidad política: los consejeros que le hablaban al oído al príncipe fueron reemplazados, según Giuliano da Empoli, por los “ingenieros del caos”: ellos moldean una manada digital y señalan qué presa atacar. Su demostración más reciente es Colombia, donde un Tigre se posesionó como presidente.

Lo que comenzó hace dos décadas en Italia como método es hoy un producto que opera como franquicia. Su rentabilidad consiste en crear realidades emocionales que movilicen al electorado; su cara visible, un populista que encarna un relato simple y disruptivo. Las etiquetas –populista, ultraderecha– se quedan cortas para explicar la novedad.

Las campañas presidenciales de la región han sido el laboratorio de este tribalismo iracundo digital. Milei llegó a la Casa Rosada con videos de TikTok que promediaban ocho millones de visitas contra las 40 mil de su rival, y ya instalado acumuló 2,4 insultos al día en sus primeros 14 meses. En El Salvador, Bukele selló su inconstitucional reelección convertido en el mandatario más seguido de TikTok. En Chile, bots anónimos inventaron que la candidata Evelyn Matthei padecía alzhéimer, y Franco Parisi, que construyó su marca en un programa de YouTube, obtuvo el 19,7% seduciendo al electorado desencantado.

El patrón es el mismo: la ira ya no es un exabrupto de tarima, sino una estrategia medible, tercerizada en algoritmos que premian al que ruge más fuerte, no al mejor preparado para gobernar. Si Da Empoli llamó a Italia el Silicon Valley del populismo, América Latina es hoy su maquiladora más productiva.

En Colombia, Abelardo de la Espriella, abogado penalista sin trayectoria política, fue vendido como un hombre implacable frente al desgobierno de Gustavo Petro, encarnado en el senador Iván Cepeda, a quien bautizó su “testaferro político”. El rostro del Tigre se convirtió en logo, souvenir y sticker, mientras las cuentas que replicaban su contenido pasaron de 120 a 1.894 en un año. Un relato –la Patria Milagro–, una identificación –la camiseta de la selección– y una consigna –Defensores de la Patria– moldearon 13 millones de votos.

Por Iván Garzón V., politólogo y académico del Magíster en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Autónoma de Chile.

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