El reciclaje cósmico desvelado por la Nebulosa de la Hélice

calendar_today 22.08.2026 - person  - timer ~4 Minutos

Actualizado Domingo, 23 agosto 2026 - 01:41

Nuevas imágenes de la Nebulosa de la Hélice revelan cómo las estrellas moribundas devuelven parte de su material al medio interestelar, donde podrá participar en la formación de nuevas estrellas.

Ojo de Dios

Situada a tan solo 650 años luz en la constelación de Acuario, la Nebulosa de la Hélice (también conocida como NGC 7293) es una de las nebulosas planetarias más cercanas y, por ello, una de las más estudiadas. Su aspecto es tan espectacular que a veces ha sido denominada el "Ojo de Dios" y es que, sin ninguna duda, es uno de los objetos celestes más bellos de los conocidos en la Vía Láctea.

La Hélice se formó cuando, hace unos 10.000 años, una estrella de baja masa o intermedia (quizás similar al Sol) llegó al final de su vida y expulsó sus capas más exteriores al espacio. En el centro quedó el cadáver estelar en forma de una enana blanca sumamente caliente. La intensa radiación ultravioleta de esta estrella ioniza los gases de la nebulosa, que emiten luz y hacen que esta brille intensamente.

La Hélice con énfasis en las estructuras externas y débiles

La Hélice con énfasis en las estructuras externas y débilesNature/ van Dokkum et al./ HST/ KPT/ MOTHRA

Una estrella que se deshace

En un nuevo estudio, coordinado por Pieter van Dokkum, de la Universidad de Yale (EE.UU.), acaba de proporcionar unas imágenes detalladísimas de la Hélice que muestran cómo numerosos fragmentos de la nebulosa van abriéndose paso a través del gas circundante. Los restos estelares van fragmentándose, desintegrándose y mezclándose gradualmente con el medio interestelar.

Estamos viendo el reciclaje de una estrella en plena acción. La materia que durante miles de millones de años formó parte de ella está regresando ahora al espacio, donde podrá participar algún día en la formación de nuevas estrellas y planetas.

Los fragmentos, tras haber sido expulsados desde las capas exteriores de la estrella, se desplazan a través del gas del entorno y, al hacerlo, generan ondas de choque, en forma de arcos de proa, delante de ellos. Son algo parecidos a las ondas que crea un avión cuando se mueve a velocidades supersónicas por el aire, o las que crea un barco en la superficie del mar, aunque aquí estamos tratando con un gas muy tenue y con velocidades enormes. Algunos de estos frentes de choque (bow shocks, en inglés) están etiquetados con números en la figura adjunta.

El gran ciclo cósmico

De esta manera, la Hélice nos revela un proceso que resulta muy difícil de estudiar: cómo las estrellas, al morir, proporcionan materia prima gaseosa al medio interestelar. En un futuro lejano (dentro de unos 4.500 millones de años) el Sol experimentará un proceso similar: al agotar su energía nuclear el centro de la estrella colapsará para formar una enana blanca, mientras que las capas más externas serán expulsadas al espacio exterior.

Frentes de choque en la Hélice

Frentes de choque en la HéliceNature/ van Dokkum et al./ HST/ KPT/ MOTHRA

Una vez mezclado con el medio interestelar, el material de las nebulosas planetarias puede incorporarse a las grandes nubes de gas y polvo que existen en la Galaxia. Si alguna región de esas nubes alcanza suficiente densidad, la gravedad comienza a imponerse y el gas colapsa hasta formar una nueva estrella, alrededor de la cual pueden surgir nuevos planetas.

Cada generación estelar devuelve al espacio no solo hidrógeno y helio, sino también parte de los elementos más pesados que las estrellas han fabricado en su interior. Así, cada nueva generación de estrellas nace de una materia ligeramente más enriquecida que la anterior.

Es el gran ciclo cósmico que tiene lugar desde el origen del universo: la muerte estelar engendra nuevos nacimientos y así la Galaxia va evolucionando y enriqueciéndose con los elementos pesados que las estrellas fabrican en su interior a partir del hidrógeno y el helio primordiales. Este maravilloso ciclo, de dimensiones cósmicas, aunque parezca eterno, también tendrá algún día su final.

El estudio de van Dokkum y colaboradores, titulado Numerous bow shocks in the outer Helix Nebula, ha sido publicado en un número reciente de la prestigiosa revista Nature y puede consultarse en este enlace.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y Presidente de la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses.