El precio del pescado volvió a subir en los mercados de mariscos de Manabí, donde comerciantes y consumidores sienten el impacto de una menor oferta.
La albacora, el dorado y el picudo están entre las especies que registran incrementos, mientras los peces pequeños también escasean en las mesas de venta.
El fenómeno tiene dos caras. Por un lado, el calentamiento del océano asociado al evento del Niño aleja a varias especies y obliga a los pescadores a buscar los cardúmenes a mayores distancias.
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Por otro, la presencia masiva de la jaiba mora está afectando las artes de pesca utilizadas para capturar peces pequeños costeros.
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La situación ya se refleja en el bolsillo de los consumidores.
Elena Fuentes, quien acudió el lunes 24 de agosto al mercado de mariscos de Manta, encontró la libra de albacora a $ 3,50, cuando una semana antes la compraba a $ 3. Intentó obtener una rebaja, pero el comerciante le explicó que ya no podía mantener el precio anterior.
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“De verdad que está muy caro el pescado, porque normalmente uno encuentra la libra a $ 2,50 pura pulpa y hasta $ 2 con hueso, pero ahora está caro”, señaló Fuentes.
Emilio Cedeño, comerciante del mercado de mariscos de Manta, aseguró que el aumento alcanza a algunas de las especies más demandadas para la alimentación diaria.
Explicó que el picudo pasó de $ 6 a $ 7 por libra, en tanto que la albacora subió de $ 2,50 a $ 3,50.
El dorado también registra un incremento: pasó de alrededor de $ 2 a $ 3,50.
Cedeño atribuye parte del problema a la menor cantidad de pescado que llega a los puertos y al aumento de los costos para los pescadores.
“No hay pescado en grandes cantidades, no se ha podido pescar. Todo este año ha sido lo mismo”, explicó el comerciante.
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A esto se suma el encarecimiento del combustible, porque los barcos deben ir más lejos lo cual eleva el costo de cada salida al mar, agregó.
La situación coincide con reportes recientes desde otros puertos pesqueros de Ecuador.
En Santa Rosa, Santa Elena, pescadores indicaron que sus faenas, que anteriormente se realizaban alrededor de 70 millas de la costa, ahora pueden extenderse hasta 150 millas para encontrar determinadas especies.
Además, reportes recientes señalan anomalías de temperatura marina de hasta 2,5 °C por encima de los valores habituales, condición que puede modificar la distribución de los peces y llevarlos hacia aguas más profundas o alejadas del litoral.
El calentamiento del océano no significa necesariamente que los peces hayan desaparecido del Pacífico, explica Luis Moreno, pescador y comerciante.
“El problema para los pescadores está en que algunas especies cambian su ubicación y dejan de concentrarse en las zonas donde habitualmente se las captura. Eso obliga a las embarcaciones a recorrer más millas, gastar más combustible y permanecer durante más tiempo en el mar”, añade.
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Indicó que el resultado es una combinación que termina afectando al consumidor: menos peces disponibles, mayores costos de pesca y precios más elevados en los mercados.
En Manta, esa presión también alcanza a especies pequeñas. Braulio Alcívar, comerciante, explica que la carita, el cabezudo y la corvina llegan en menores cantidades.
El camotillo es otro ejemplo. Antes, según el comerciante, con $ 5 podía entregar hasta ocho ejemplares pequeños. Ahora esa misma cantidad apenas permite comprar unos cinco.
“En estos meses a veces no da el negocio porque uno no saca la plata que ha invertido y la gente no quiere pagar porque el pescado está caro”, relató.
A esto se suma otro problema: la proliferación de jaiba mora frente a las costas ecuatorianas, señala Alcívar.
El Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca (Ipiap) reportó durante 2026 una presencia masiva de este crustáceo en zonas de Manabí y Esmeraldas.
El organismo señala que su aparición está asociada con condiciones oceanográficas cálidas y ha generado daños en las redes, reducción de capturas e incremento de costos operativos.
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Un estudio del Ipiap muestra la magnitud del problema. El 92 % de las redes reportadas quedaron totalmente enredadas o destruidas, mientras que el 97 % de los pescadores consultados señalaron daños graves en sus artes de pesca.
Además, el 66 % experimentó una pérdida total de su producto y el 77 % decidió suspender temporalmente sus faenas.
La jaiba también afecta directamente la captura. Según el estudio, el 85 % de los pescadores consultados reportaron que el crustáceo consume tanto la pesca como la carnada colocada en los anzuelos. (I)