El jengibre (kion) peruano llega a Norteamérica en su punto óptimo de maduración, pero el mercado lo está recibiendo con precios a la baja. El desvío de volúmenes que antes tenían destino europeo y el riesgo climático de los próximos meses marcan un cierre de año incierto para el cultivo. Según Chris Ford, gerente de desarrollo comercial de la importadora Viva Tierra Organic, el grueso del jengibre que se consume en Norteamérica es de origen peruano y mayoritariamente orgánico.
China se mantiene como la otra fuente principal, sobre todo en convencional, pero en esta parte del año el Perú tiene ventaja estacional en madurez.
A diferencia de otros cultivos, la oferta peruana no es esporádica: las nuevas cosechas pueden arrancar en abril, con producto joven que sale por vía aérea, y hacia junio los envíos marítimos se vuelven más frecuentes. A esta altura, la campaña ya alcanzó plena madurez. “Tenemos jengibre completamente maduro (...) Obtendremos la mejor calidad de Perú desde ahora hasta finales de año”, afirmó a Fresh Plaza.
El momento es especialmente favorable porque las zonas de producción están entrando en su período más seco. Menos lluvias permiten que el cultivo madure mejor y reducen el riesgo de moho. La situación cambia a medida que se acerca la temporada de lluvias, cuando tanto la calidad como la logística pueden volverse más difíciles.
El desbalance viene del otro lado del Atlántico. “Los nuevos protocolos introducidos para el jengibre peruano que ingresa a Europa, para combatir la Ralstonia, han afectado las exportaciones”, afirmó el ejecutivo.
Dado que algunos compradores europeos se están inclinando por el jengibre chino, quedó mayor disponibilidad peruana para Estados Unidos.
El resultado es un exceso de oferta que está inundando el mercado estadounidense y deprimiendo los precios spot. La afectación no es pareja: los exportadores que trabajan con programas cerrados quedan relativamente cubiertos, mientras que los que dependen de la venta libre enfrentan el ajuste completo.
Más allá del precio, Ford apunta a un problema estructural. “El principal desafío que enfrenta la industria del jengibre peruano es la informalidad”, sostuvo. Una parte relevante de la cadena opera fuera del sistema formal: se compra jengibre en efectivo directamente al agricultor para envasarlo y colocarlo por canales informales, lo que genera competencia desigual frente a las empresas con empleo formal y trazabilidad documentada.
El ejecutivo aseveró que este problema es difícil de erradicar porque se retroalimenta. Los pequeños productores dependen del ingreso inmediato en efectivo, y la infraestructura, la educación y la supervisión estatal limitadas dificultan el tránsito a estructuras formales.

El grueso del jengibre que se consume en Norteamérica es de origen peruano y mayoritariamente orgánico.
La demanda estadounidense suele fortalecerse desde octubre, con la baja de temperaturas y las fiestas navideñas, y sostenerse hasta febrero por consumo culinario, repostería y jugos. El calendario juega a favor del Perú, pero coincide con la temporada de lluvias, que va de diciembre a marzo.
La intensidad del Fenómeno El Niño (FEN) es la variable que nadie puede anticipar. El fenómeno “podría arrasar carreteras y comunidades, e interrumpir el flujo de productos durante semanas”, señaló Ford. El riesgo no es solo productivo: buena parte del kion sale de fincas pequeñas conectadas por infraestructura básica, y el transporte se vuelve el principal cuello de botella.
Por ahora, el sector se encuentra en un periodo estacional relativamente favorable, con jengibre peruano maduro y una demanda en aumento prevista en Norteamérica. Sin embargo, ante la presión sobre los precios y la proximidad de la temporada de lluvias, el equilibrio entre oferta, demanda, logística y clima será cada vez más crucial para determinar la evolución del mercado durante el invierno.