El muñeco bendito

calendar_today 30.08.2026 - person  - timer ~7 Minutos

“No es el momento”, respondió Marcelo Gallardo a la dirigencia de River Plate el jueves último. La eliminación en la Copa Sudamericana sumada a los pésimos resultados en el torneo local (después de gastar 68 millones de dólares en el reciente mercado, marcha 14.º en la zona B) llevaron al club millonario a ofrecerle al Muñeco una tercera etapa como técnico de la institución tras la salida de Eduardo Coudet.

Esa negativa y el virtual acuerdo económico con la Ecuafútbol prácticamente aseguran que el exitoso entrenador será el nuevo conductor de la selección ecuatoriana. Y puede que dirija a fin de septiembre y principios de octubre ante Corea del Sur y Japón. Gallardo a la Tricolor es una noticia de bulto.

Se trata de un personaje con diecisiete títulos como jugador (en River, Mónaco, Paris Saint-Germain, DC United y Nacional de Montevideo) y quince como entrenador (Nacional, River). De entre tantos triunfos sobresalen dos Libertadores (2015 y 2018) y una Sudamericana (2014).

¿Qué se puede esperar de Gallardo…? Es un salto de calidad, sin duda. De Jordi Cruyff, Sánchez Bas y Beccacece al Muñeco hay un océano de distancia. Es como pasar de un Volkswagen Gol a un Audi A7. Lo que no garantiza nada. Brasil le pagó 10 millones de euros a Carlo Ancelotti para que lo llevara hasta el título mundial y no pasó de octavos de final. Puede que a Gallardo le vaya bien, regular o mal, pero esta vez se apuntó a otra cosa.

La federación sabe que no puede contratar más técnicos de tercer orden, maleables, a medida de los intereses dirigenciales, a los que soplarle al oído. Ahora deben ir en serio. Ya no alcanza con que los periodistas afines hablen de “generación maravillosa”. La tolerancia del hincha llegó al límite. No soporta nuevas decepciones.

Quede claro que Gallardo no va por dinero a Ecuador. Millón más, millón menos, lo económico debe haber sido lo más fácil de arreglar para la FEF. Marcelo es un hombre de fortuna. Si era por plata, pedía el doble en River y se lo daban al instante. En 1999, antes de ir al Mónaco como jugador, ya cobraba un millón de dólares al año.

El Al Ittihad le pagó hace dos años $ 32 millones de indemnización por rescindirle el contrato. En Ecuador seguramente cobrará la mitad de lo que percibía en River hasta 2024, o sea, algo más de 3 millones al año.

Según allegados, está con ganas de ir otra vez al exterior y dirigir, por primera vez, una selección. Y de tener una revancha de su último paso en River, desafortunado, por cierto. Tiene su ego, su orgullo, no le gusta perder a nada y está entusiasmado con un nuevo desafío.

De modo que, salvo imponderables de último momento, firmará. Falta acordar, en los lapsos sin partidos, si se irá a Buenos Aires o permanecerá en Ecuador. Este es un tema espinoso que puede derivar en ácidas críticas futuras si no se dan los resultados.

Ya le cayeron a Bolillo Gómez en su tiempo “porque pasaba más en Medellín que en Quito”. Lionel Scaloni vive en Mallorca y dirige a Argentina. Nunca ha sido reprochado por eso dados sus repetidos éxitos, pero de haber fracasado se lo hubiesen achacado también.

El estratega tiene un cordón umbilical con el futbolista. Gallardo fue un 10 de gran técnica. “Entiende el juego”, solía decir Daniel Passarella, quien lo tuvo varios años a sus órdenes.

Y agregaba: “Yo soy Gallardo, vengo con la pelota y vos te ponés en mi camino; él va a descargar para los costados o para adelante. Es muy raro que vaya a intentar gambetearte, aunque vos seas un tronco. Gallardo no sabe gambetear, no vino con esa habilidad. Pero es el rey del pase y el señor de los tiros libres. Por eso lo elijo siempre como el conductor de mis equipos”, decía el Káiser.

“No era un gambeteador, pero tenía gran visión de juego, como Bochini, y ponía la pelota justa. Además, poseía muy buena pegada”, dice Diego Borinsky, fantástico periodista de El Gráfico, autor de la trilogía de libros del próximo DT de Ecuador: Gallardo monumental, Gallardo recargado y Gallardo eterno, todos éxitos de venta. Entre los tres sumaron 20 ediciones y vendieron 40.000 ejemplares.

Jugó dos mundiales. Dejó un enorme recuerdo en el Mónaco, donde coronó tres veces, entre ellas una liga. También en el Paris Saint-Germain. “Marcelo fue un excelente jugador. Un 10 con la marca de la escuela River Plate en el orillo. Las lesiones crónicas en las rodillas le impidieron hacer una carrera mejor de la muy buena que hizo”.

“A pesar de los intervalos por sus problemas físicos, en River jugó 285 partidos con 66 goles. Y en la selección argentina fueron 44 presencias y 14 conquistas. Es el único riverplatense que consiguió tres veces la Copa Libertadores, una como jugador (1996) y dos como técnico (2015 y 2018)”, reseña Alfredo Alegre, otro brillante ex El Gráfico.

¿Y el estratega Gallardo, que es lo que hoy interesa más al aficionado ecuatoriano…? En un club que tuvo a La Máquina (Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau), que parió a Di Stéfano, a Sívori, a Carrizo, a Pinino Mas, a Alonso…, que hizo grandes a Walter Gómez, Fillol, Passarella, Francescoli y decenas más, Gallardo es el ídolo supremo. Y ese honor lo alcanzó como técnico.

En esta función es el más ganador en los 125 años de un gigante como River con 14 trofeos. Vuelve Borinsky: “Es superofensivo; le gusta defender con la última línea en la mitad de la cancha. A River le dio una personalidad que nunca había tenido, (porque) en torneos internacionales flaqueaba siempre, ni hablar cuando se trataba de ganar en Brasil, ni hablar de los mano a mano con Boca. Todo eso lo revirtió. Cinco eliminaciones seguidas a Boca, dos de ellas en finales, Supercopa y Libertadores (la famosa en Madrid)”. ¿Logrará cambiar la impronta hiperdefensiva a Ecuador…?

Lo más notable del Muñeco en su primera etapa millonaria (2014-2022) es que, sin perder la línea futbolística histórica del club, logró que River pareciera Boca, y Boca, River. Invirtió los roles de la lucha, la garra y la tenacidad. En sus quince años como adiestrador redondeó un promedio de rendimiento de 60,71 %, con picos de 82,93%.

Estuvo a punto de entrenar dos veces al FC Barcelona y finalmente recaló, como otros tantos ilustres, en Arabia Saudita con un contrato estratosférico. Duró poco por un enfrentamiento con Karim Benzema y el club prefirió seguir con su estrella, por lo cual le dio una gratificación de oro al Muñeco.

Esa experiencia y su segundo paso por River marcaron el punto más bajo de su carrera desde el banco: debacle de juego, una increíble sucesión de derrotas, pésimo nivel de las contrataciones, continuas lesiones en varios futbolistas y malhumor creciente de los hinchas generaron su partida. Un combo que generó su renuncia.

“Existieron tres hechos que lo afectaron severamente en su segunda etapa en Núñez —dice Alfredo Alegre—. Uno de orden íntimo, referido a su separación matrimonial nunca concretada. Después, la imprevista y repentina muerte de su agente y ‘hermano mayor’ por 32 años, el abogado y periodista rosarino Juan Luis Berros. Su consejero, su hombro y hombre amigo, su alter ego, su otra mitad”.

“Más tarde, el fallecimiento de don Máximo, su papá, diez años después de la partida de su madre. Gallardo sintió los golpes. Duros. Peor aún, continuos y consecutivos. Se generaron algunas faltas o llegadas tarde suyas a los entrenamientos, algo inimaginable en el Gallardo 2014-2022”.

Esa terrible sucesión de infortunios parece haber quedado atrás. Fue al Mundial como comentarista de ESPN y se lo vio bien, feliz, repuesto. Es el técnico al que ha apuntado Ecuador. Un grande que quiere volver con todo. (O)