El mundo no está preparado para la salida a bolsa de Anthropic

calendar_today 21.09.2026 - person  - timer ~15 Minutos

La mayoría de los CEO pasan las semanas anteriores a una oferta pública inicial presentando su proyecto a inversores, elaborando estrategias con banqueros y dando los retoques finales al folleto de su salida a bolsa. Dario Amodei ha gastado gran parte de este tiempo avisando de que la inteligencia artificial -la tecnología que su empresa ayudó a desarrollar- quizás puede tener riesgos catastróficos.

"Si construimos en el camino equivocado, la probabilidad de que ocurra algo malo es muy alta", dijo Amodei en una entrevista en la CBS News Sunday Morning. Él alertó, entre otras cosas, sobre los modelos de IA se descontrolándose y lanzando cibertaques, como un grupo de agentes de OpenAI hizo recientemente, y de los humanos usando indebidamente la IA para crear armas biológicas. En la entrevista de 24 minutos no se mencionó ni una vez la salida a bolsa de Anthropic.

Pronto, la conversación será inevitable. Anthropic presentó documentación confidencial en junio para salir a bolsa, y la presentación pública de documentos está prevista en cualquier momento. Anthropic busca recaudar hasta 100.000 millones de dólares en la OPI, lo que valoraría la empresa en dos billones de dólares, según informó The Wall Street Journal. Dejando el papeleo a un lado, Wall Street y Anthropic no están preparados para lo que está por venir.

Anthropic y sus competidores han desarrollado poderosos modelos de IA que pueden desobedecer las órdenes humanas, escapar de entornos seguros y sembrar el caos en el mundo real. Amodei y sus colegas están suplicando regulaciones que podrían frenar la industria y todo esto está ocurriendo mientras los inversores debaten cuántos billones de dólares vale la compañía.

La semana pasada, el investigador de Anthropic, Jacob Coxon, dimitió por lo que él describe como el rito irresponsable del avance de la IA. Evan Hubinger, uno de los mejores científicos de la empresa, le siguió con una publicación en redes sociales que pareció desencadenar la reciente campaña mediática de Amodei.

"¡De verdad creemos sinceramente que la IA podría matar a todos los humanos!", escribió Hubinger. "Personalmente creo que la probabilidad es del 10% en la próxima década".

Amodei ha rechazado asignar su propia probabilidad de la destrucción humana, pero recientemente dijo a Anderson Cooper de la CNN, refiriéndose al ex empleado: "Estoy mucho más de acuerdo con Jacob que en desacuerdo con él".

Por mucho que la comunidad inversora y otros ejecutivos tecnológicos quieran ver estas advertencias como una especie de psicología inversa como táctica de marketing, a Anthropic y su idealista CEO se les debería tomar la palabra. El valor para los accionistas no siempre será la máxima prioridad de la empresa.

Anthropic se constituyó como una corporación de beneficio público (PBC, por sus siglas en inglés) en 2021 con la misión de buscar "un responsable desarrollo y mantenimiento del avance de la IA para un beneficio a largo plazo de la humanidad". Registrarse para ser una PBC en Delaware no conlleva beneficios fiscales, donaciones obligatorias ni mecanismos estrictos. Sin embargo, las PBC sí tienen la responsabilidad fiduciaria de equilibrar el valor para los accionistas con su misión declarada y los intereses de grupos de interés cercanos, como los empleados y clientes. Ese ejercicio de equilibrio blinda a las empresas frente a las demandas de los accionistas cuando priorizan su propósito por encima de las ganancias.

El CEO y cofundador de Anthropic, Dario Amodei, durante una conferencia

El CEO y cofundador de Anthropic, Dario Amodei, durante una conferenciaMichael M. SantiagoGetty Images

En la práctica, puede que la excepción legal no signifique mucho, pero Antrhopic , por lo menos, está haciendo una declaración de intenciones. Wall Street no ha añadido ninguna PBC en su listado público desde 2023, cuando las empresas todavía alardeaban de sus credenciales ambientales, sociales y de su gobernanza corporativa.

"No creo que tenga más trascendencia legal que ser un factor de señalización", dijo Ann Lipton, un profesor de la University of Colorado Law School. "Os estamos advirtiendo de que este es el plan a seguir".

Las misiones sociales y los rendimientos bursátiles no suelen mezclar bien. Barron´s identificó 16 compañías que habían salido a bolsa como PBC o se habían convertido en ello mientras ya cotizaban. De ellas, 12 han tenido un rendimiento inferior al índice S&P 500 como empresas cotizadas. Anthropic llega con el obstáculo añadido de ser un gigante. Como Barron´s publicó en mayo, el desempeño de las mayores salidas a bolsa de EE. UU. es desolador, ya que gran parte de su crecimiento ha quedado por el retrovisor y los accionistas privados están ansiosos por vender.

Elegir si invertir en una empresa que solo quiere ganar dinero ya es bastante difícil. Si a eso le sumamos una valoración bastante madura de dos billones de dólares y un producto que los propios líderes de la empresa creen que podría destruir el mundo, la salida a bolsa de Anthropic parece una apuesta arriesgada, en el mejor de los casos.

Lo que hace que Anthropic sea tanto aterradora para los entusiastas de la ciencia ficción como atractiva para los inversores es que la revolución de la IA es real. En tres años, el asistente de IA de Anthropic, Claude, ha pasado de ser un chatbot frustrante a un sistema que puede programar software, completar tareas complejas y resolver problemas matemáticos que antes eran irresolubles. Los modelos de Claude se sitúan en la cima, o muy cerca de ella, de las principales pruebas de rendimiento de IA.

A este ritmo, "no hay posibilidad de que pasen más de unos pocos años antes de que la IA sea mejor que los humanos en esencialmente todo", escribió Amodei en un ensayo en enero.

Hasta ahora, Anthropic ha aplicado estas habilidades sobrehumanas al trabajo diario. Las empresas pagan suscripciones o tarifas basadas en el uso de Claude, o acceden a los modelos a través de plataformas como Amazon Web Services y Microsoft Copilot. Claude Code, que puede generar líneas de código de software a una velocidad de vértigo, es una de las mejores opciones para ingenieros y emprendedores tecnológicos.

Los ejecutivos ,cada vez más, creen que la IA les hace más eficientes. Los inicios corporativos de sesión a Claude se cuadriplicaron de marzo a agosto, según los datos de Similarweb.

Más de la mitad de las empresas estadounidenses tienen algún tipo de suscripción de IA de pago, según Ramp, un proveedor de software de operaciones financieras, pero la adopción es esporádica. Mientras que el 1% de las principales empresas monitorizadas por Ramp gastó 7.200 dólares al mes por empleado en productos de IA en agosto, el desembolso por trabajador de la empresa mediana fue inferior a 13 dólares al mes. El potencial de cerrar esa brecha es lo que más entusiasma a los inversores.

Anthropic estimó por última vez su previsión de ingresos anualizados en 47.000 millones de dólares en mayo, frente a los apenas 10.000 millones de todo el 2025. Esa cifra alcanzó los 65.000 millones a finales de julio, según una persona familiarizada con las finanzas de la empresa. Los inversores obtendrán más detalles cuando el folleto de la empresa esté disponible. El documento tendrá mucha más información sobre costes, riesgos y futuras oportunidades de beneficios.

La gran pregunta es qué va a pasar si los desarrolladores pueden tener todos los beneficios de Claude en cualquier lugar y con un precio mucho más barato. OpenAI, el creador de ChatGPT, ha intensificado sus esfuerzos para vender IA a las empresas de cara a su propia salida a bolsa. A principios de este mes, la empresa lanzó su modelo más reciente, Astra, que superó al principal modelo público de Anthropic en diversas pruebas de programación, diseño y datos.

Mientras tanto, los modelos chinos de accesos abiertos, que los clientes pueden modificar y alojar en sus propios servidores o en nubes privadas, amenazan con presionar los precios a la baja en toda la industria. Estos modelos normalmente son mucho más baratos por token —la unidad de medida para las entradas y salidas en una consulta de IA— que los sistemas propietarios 'a la vanguardia' de Anthropic y OpenAI. Si la adopción de la IA de pesos abiertos se acelera, el sobreprecio que Anthropic puede cobrar por sus tokens podría disiparse."

Más allá de aniquilar a los humanos —es decir, a los clientes—, ese es el mayor riesgo de Anthropic.

La esperanza para los inversores alcistas de Anthropic es que, incluso si los modelos de código abierto pueden realizar casi todas las tareas dentro de una organización, Anthropic y OpenAI seguirán encargándose de operaciones críticas como la ciberseguridad o la modelización financiera. En sectores regulados como la banca o la sanidad, los ejecutivos son reacios a trabajar basándose en el código de una empresa china, afirma Jeff McMillan, exjefe de IA en Morgan Stanley.

Pero esa reticencia podría disminuir si los modelos de código abierto no solo están cerca de la vanguardia, sino en ella o incluso por delante. Los expertos del sector creen que los principales laboratorios de IA de China están apenas a seis meses por detrás de Anthropic, lo que significa que la empresa tiene motivos de sobra para mantener el acelerador pisado a fondo.

Durante más de cinco años, la carrera por lanzar nuevos modelos ha sido una situación en la que todos ganan. Los inversores vieron cómo la valoración de Anthropic se disparaba, mientras que los daños que los investigadores llevaban tanto tiempo temiendo —desde armas biológicas hasta ejércitos de robots— parecían exagerados, o al menos evitables.

Pero el ambiente en la industria se ensombreció durante el verano antes de llegar a una crisis en toda regla este mes.

A partir de mayo, unos 700 agentes de OpenAI que participaban en ejercicios de entrenamiento interno trabajaron juntos para vulnerar tanto los sistemas de OpenAI como la plataforma de desarrolladores Hugging Face. Los detalles serían graciosos si no fueran tan inquietantes: los agentes de IA, que se suponía que no debían comunicarse ni conectarse a internet, crearon un 'foro de mensajes' clandestino donde se convencieron mutuamente para hackear Hugging Face. Algunos se ofrecieron a sacrificarse por el grupo. Se autodenominaron un 'enjambre'.

El ataque dejó al descubierto la tensión en las misiones declaradas por los laboratorios de IA. Anthropic y OpenAI tienen un incentivo financiero para desarrollar modelos potentes que justifiquen un precio más alto que sus alternativas de código abierto. Pero cuanto más inteligentes se vuelven los modelos, más difícil les resulta a los investigadores controlarlos y más probables se vuelven los fiascos al estilo Hugging Face. Esa tensión se está intensificando a medida que los laboratorios alcanzan la automejora continua: el punto en el que los modelos de IA pueden entrenarse a sí mismos.

"Los empleados están sabiendo que están bajo mucha presión para forzar los lanzamientos rápidamente en cierto modo están bajo mucha presión para tomar atajos", afirma Peter Wildeford, director de políticas en la AI Policy Network. "Porque si no lanzas algo ahora, tu competidor lo hará".

Justo después de la vulneración a Hugging Face, trabajadores de empresas de IA publicaron un comunicado llamado Pacing the Frontier (Marcando el ritmo de la vanguardia), que pedía un esfuerzo gubernamental internacional para ralentizar deliberadamente el desarrollo de modelos. Entre los 1.386 firmantes estaban Amodei, otros cuatro cofundadores de Anthropic y ejecutivos de OpenAI, Meta Platforms y Alphabet.

Amodei fue un paso más allá el pasado fin de semana al publicar un ensayo en el que abogaba por una desaceleración en tres frentes en las empresas de IA de vanguardia. Su marco de trabajo incluiría evaluadores de seguridad externos integrados en las empresas, coordinación entre compañías en países democráticos y un intento de coordinación con gobiernos autoritarios.

Algunos en Wall Street creen que las declaraciones más atrevidas de Anthropic sobre la IA son o bien una fanfarronada de marketing o un intento de eliminar a los competidores mediante la regulación.

"Anthropic y OpenAI están intentando retirar la escalera y evitar que sus competidores los alcancen", escribió Gil Luria, analista de D.A. Davidson, en una mordaz nota de investigación el lunes. "Han escenificado, orquestado y amplificado en los medios incidentes de ciberseguridad con el fin de crear el tipo de miedo que forzaría una regulación".

OpenAI no respondió a las peticiones de declaraciones por parte de Barron's.

No sería la primera vez que una empresa de IA utiliza el miedo para sacar tajada. Durante la Super Bowl en febrero, Amazon.com emitió un anuncio en el que su asistente de IA, Alexa+, intenta matar al actor Chris Hemsworth. Digamos simplemente que el anuncio tuvo críticas en dos direcciones.

Mientras los ciberataques masivos y los agentes asesinos sigan siendo algo teórico, o al menos irrelevante, los analistas e inversores no se asustan. "Wall Street ha demostrado una y otra vez que no es emocional", afirma John Belton, gestor de carteras en Gabelli Funds. "Se guiará por lo fundamental".

Por otro lado, todos los expertos del ámbito de la política y la investigación de IA con los que habló Barron's insisten en que las preocupaciones de Anthropic sobre la seguridad son sinceras.

Los empleados más valiosos de Anthropic son científicos informáticos a los que se les paga como a estrellas de cine, para quienes generar valor para el accionista parece ser un objetivo secundario por detrás de cambiar el mundo. Es más probable que su cúpula directiva tenga un doctorado en física que un MBA. Cuando Amodei justifica esta carrera por la IA, se centra más en la competencia geopolítica con China o en curar el cáncer que en hacer que las empresas sean, digamos, un 10% más eficientes.

Anthropic ya ha tomado medidas que podrían no sentar bien a los accionistas públicos. En su ensayo de enero, Amodei informó de que la empresa había implementado salvaguardas algorítmicas que pueden elevar los costes informáticos en casi un 5% para algunos modelos y mermar los márgenes de beneficio. Anthropic también renunció a principios de este año a un contrato del Departamento de Defensa valorado, según se informa, en hasta 200 millones de dólares, cuando Amodei rechazó las exigencias del Pentágono de eliminar las restricciones sobre el uso de Claude en escenarios que impliquen fuerza letal o vigilancia.

Quizás lo más destacable sea que Anthropic quiere regulaciones. La empresa donó 40 millones de dólares a Public First Action, un comité de acción política que apoya a candidatos a favor de 'salvaguardas sensatas para la IA'. Y en junio, antes de que saliera a la luz el ataque a Hugging Face, Amodei pidió un régimen regulatorio basado en la Administración Federal de Aviación.

A los modelos de IA de vanguardia, al igual que a los aviones, se les debería exigir que pasen por pruebas técnicas y auditorías, y su lanzamiento debería ser bloqueado o revertido por suponer una amenaza para la seguridad pública si no cumplen con altos estándares de seguridad", escribió en un ensayo.

Algunas salvaguardas, idealmente creadas y aplicadas por las propias empresas de IA, no serían el fin del mundo, señala Ben Reitzes, director de investigación tecnológica en Melius Research. Pero unas regulaciones que ahoguen los lanzamientos de modelos suponen un riesgo enorme para las acciones de Anthropic, dada la necesidad de mantener a raya a los competidores chinos y seguir en la vanguardia.

"Dios no quiera que esto se convierta en la FAA", apunta Reitzes. "Tardan años en aprobar los aviones".

Un régimen al estilo de la FAA parece más plausible ahora que cuando Anthropic presentó la documentación para salir a bolsa.

A principios de este mes, el senador Bernie Sanders (Independiente por Vermont) y el congresista Greg Casar (Demócrata por Texas) presentaron la Ley de Prohibición de la Superinteligencia Artificial, la cual establecería una agencia reguladora de IA con rango ministerial y penaría con hasta 20 años de prisión el desarrollo de sistemas de IA que superen a los humanos.

En la bancada opuesta, el líder de la mayoría del Senado, John Thune (Republicano por Dakota del Sur), y el senador Ted Cruz (Republicano por Texas) están trabajando con Amy Klobuchar (Demócrata por Minnesota) en un proyecto de ley para crear un marco nacional para la IA, según un asesor del Senado familiarizado con la legislación.

Los votantes tampoco están precisamente entusiasmados con la IA. El rechazo local contra los centros de datos de IA por todo el país se ha intensificado en 2026. En una encuesta de finales de 2025 realizada por Anthropic, apenas el 15% de los encuestados afirmó confiar en que las empresas de IA decidan cómo se desarrolla y despliega esta tecnología. La posibilidad de que la oposición pública contra la IA alcance su punto álgido o que graves brechas de seguridad obliguen a más legisladores a tomar medidas podría lastrar las acciones de Anthropic.

El presidente Donald Trump, por su parte, quiere que Amodei y Altman abandonen el discurso regulatorio. Se reunirá con el presidente chino Xi Jinping el 24 de septiembre, y es casi seguro que la competencia en IA estará en la agenda.

"El único control o 'salvaguardas' que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡alto coeficiente intelectual!)", escribió Trump el lunes en una publicación en redes sociales. "Lideramos sobre China, y sobre todos los demás, y seguiremos haciéndolo".

El otro riesgo para los inversores es más sencillo: Anthropic y Wall Street necesitan tiempo para empezar a hablar el mismo idioma. Kim Forrest, directora de inversiones en Bokeh Capital Partners, normalmente se mantiene al margen de los estrenos bursátiles recientes por esa misma razón, y Anthropic no es una excepción.

"La dirección tiene que aprender a gestionar una empresa cotizada", afirma. "La curva de aprendizaje es pronunciada y, a menudo, son los accionistas quienes pagan ese precio".

La curva de aprendizaje de Anthropic será más empinada de lo habitual. La compañía ha visto dispararse su valoración sin rebajar el tono de sus visiones más utópicas —y más apocalípticas— sobre la IA. Eso se vuelve más difícil en el mercado público, donde los inversores exigen una estrategia coherente y un crecimiento rápido, y además cuentan con un gigantesco fondo de liquidez en el que pueden deshacerse de sus acciones. Explicar que tus medidas de seguridad redujeron los márgenes en medio de un ensayo de 20.000 palabras es una cosa. Soltarles la noticia de golpe a los inversores durante una conferencia trimestral de resultados es otro cantar, y es probable que tenga un impacto inmediato en el precio de las acciones.

Nadie, tal vez ni siquiera Dario Amodei, sabe si Anthropic endurecerá las salvaguardas y actuará como una PBC con conciencia social después de su salida a bolsa o si priorizará los rendimientos a corto plazo. Lo que sí sabemos es que hay aproximadamente dos billones de razones por las que la empresa seguirá desarrollando y lanzando modelos de IA de vanguardia a toda velocidad, para bien o para mal.

Mientras tanto, no hay nada de malo en la introspección por parte de los laboratorios de IA y en mantener conversaciones francas sobre las salvaguardas necesarias para mitigar los daños. Una tecnología tan poderosa como la IA no exige menos. Los inversores deben estar abiertos a esta conversación, incluso si es a costa de los resultados trimestrales.

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por Ovidio Fernández.