Nathaniel Johnson, meteorólogo de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) –la agencia climática y meteorológica más importante de Estados Unidos–, recuerda que en marzo hubo escepticismo sobre el arribo de El Niño. Aunque era inusualmente temprano para su detección, los sistemas de modelación del fenómeno “proyectaban un evento muy fuerte”, afirma. Con el pasar de los meses, la evidencia se hizo innegable. Incluso, se llegó a hablar de un “Súper Niño”. Ahora, con un clímax estimado para noviembre, “se espera que esté entre los más fuertes que hemos visto en el pasado, quizás en el último siglo”, proyecta Johnson.
Los efectos de El Niño –el fenómeno climático que aumenta la temperatura de las aguas del océano Pacífico ecuatorial– ya se percibieron en Chile con el temporal de julio. Con la llegada de un río atmosférico de categoría 5 –la máxima de la escala– desde el Pacífico Tropical, diversos sistemas frontales golpearon con fuerza entre las regiones de Atacama y Los Lagos, dejando miles de damnificados y más de una decena de fallecidos.

En este contexto, a fines del mes pasado, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) proyectó precipitaciones por sobre lo normal en la zona central y centro-sur para lo que queda de invierno e inicios de la primavera. A eso se suma la intensificación de El Niño. Mientras el fenómeno se aproxima a su peak en noviembre, la incertidumbre es cómo se podrían desarrollar esas lluvias.
En cuanto a la magnitud de El Niño a nivel global, Tim Stockdale, científico principal del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) –el organismo líder mundial en predicción numérica del tiempo–, afirma en conversación con La Tercera que en sus 30 años pronosticando el fenómeno, “nunca había visto una señal tan fuerte ni que apareciera de manera tan consistente en los distintos modelos de pronóstico”.
Según el índice “El Niño 3.4”, cuando se registra un aumento de 1,5°C en la temperatura del Pacífico ecuatorial, el evento se clasifica como “fuerte”. René Garreaud, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), advierte que aquel indicador “ya está cerca de 1,8°C”. Y, como el evento todavía no alcanza su clímax, agrega que algunos proyectan que podría superar los 2,5°C o 3°C de variación.
No obstante, explica que en Chile los efectos de El Niño llegan a través de “teleconexiones”. Es decir, el calentamiento del Pacífico no afecta directamente al país, sino que lo hacen la humedad y los cambios atmosféricos provocados por el fenómeno. En contraste, “hablar de El Niño en Ecuador o en Perú es como hablar de un terremoto en Chile”, explica Garreaud, ya que el evento impacta directamente en sus costas.

Según Paula Santibáñez, investigadora del Centro Agrimed Universidad de Chile, “para que se generen precipitaciones abundantes se tienen que conjugar varios factores meteorológicos”. El rol de El Niño es que posibilita la llegada de “sistemas frontales y ríos atmosféricos”, dice. “Pero no necesariamente se producen, ya que tienen que presentarse otros eventos”, recalca.
A diferencia de El Niño de 2015 y 2016 –que también fueron uno de los más intensos, pero no causaron efectos significativos en el país–, el mes pasado se dieron “condiciones muy favorables para que se produjeran eventos de precipitaciones muy intensas”, afirma. Entre ellos, la zona central del país se vio expuesta por el alejamiento del anticiclón del Pacífico –que actúa como un regulador climático– y una actividad intensa del frente antártico, agrega.

En cuanto a lo que se puede esperar para agosto y el resto del invierno, Santibáñez afirma que “se prevén más sistemas frontales, varios de los cuales han estado llegando y los pronósticos dicen que eso va a continuar”. No obstante, aclara que “todavía no se puede asegurar que vayamos a tener un evento tan intenso como el que pasó hace dos semanas, pero sí están los elementos para que vuelva a ocurrir”.
De acuerdo con Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago, El Niño de 2023 y 2024 también es un punto de comparación interesante. Aunque “no fue particularmente intenso”, sí causó “harto impacto”, explica. Así, el experto recuerda las inundaciones en el centro-sur del país en 2023 y, al año siguiente, “una tormenta récord de viento que dejó acaso un millón de personas sin luz en Santiago”, afirma.
En cuanto a las precipitaciones ya vistas, Santibáñez compara el fenómeno actual con El Niño de 1997 y 1998, que fue uno de los más intensos jamás registrados en el país. Según explica Garreaud, de CR2, aunque todo apunta a que se superará al evento del 97 en cuanto a intensidad, “una cosa distinta es cuáles van a ser sus impactos”, ya que eso está por verse.

“Si va a ser un gran episodio, como el que ocurrió a mediados de julio, o va a ser como lo que hemos tenido ahora, porque no ha habido ninguna gran tormenta en el sur de Chile, pero han estado permanentemente con precipitaciones, eso no lo sabemos. Nadie lo puede decir”, explica. “Pero de nuevo, en términos de preparación, uno tiene que mantenerse alerta”, agrega.
En un mapa de los efectos de El Niño en invierno, creado por el NOAA, el investigador resalta a Chile. Mientras que la mayor parte del mundo experimenta sequías en esta temporada, una de las únicas zonas del globo que percibe precipitaciones en la temporada, aparte del océano Indo-Pacífico, es la zona central del territorio nacional. A esta altura del año, “como justo coincide con nuestra estación lluviosa, somos de los pocos que nos pasa algo en términos de precipitaciones”, explica.
Aunque el punto máximo del evento se espera en noviembre, la intensidad actual de El Niño ya está “por encima de lo que se había alcanzado a principios de agosto en los eventos históricos del 1997, el 2016 y el 2023”, explica Garreaud. El pronóstico de que su temperatura seguirá aumentando es lo que da origen a la categoría de “Súper Niño”, que se otorga cuando la variación supera los 2°C. Según complementa Cordero, “en los últimos 50 años se han registrado solamente tres ‘Súper Niño’. Este sería el cuarto”.
Respecto de los efectos en el resto del país, Garreaud afirma que serán variados. Por ejemplo, en el sur se espera un verano más seco. En relación a esto, el investigador se ha reunido con representantes del mundo de las salmoneras del país. La industria se mantiene en alerta debido a la posibilidad de que se repita la crisis que experimentó en 2016, cuando El Niño de ese año potenció una marea roja que derivó en una pérdida millonaria de peces en sus plantas de cultivo.
En cuanto a Santiago, el investigador afirma que, pese a El Niño, “no se puede esperar más calor”. En cambio, en el norte costero, como en Antofagasta o Iquique, habrá “condiciones mucho más cálidas y húmedas de lo normal”. Lo mismo para las zonas costeras del centro del país, debido a la cercanía con el mar, pero no se espera que se replique en el interior.
Por otro lado, complementa Johnson, del NOAA, otro hecho relevante del fenómeno actual es el rápido cambio desde La Niña del año pasado. Normalmente, es más común un traspaso veloz en el sentido contrario, explica. “Es la transición más rápida que he visto desde al menos 1950, o tal vez desde antes”, afirma el meteorólogo. Y “pasar de un extremo al otro tan rápidamente es algo inusual”, añade.
Según explica Stockdale, una de las razones por las que el evento actual superará varios récords es por el cambio climático. Al analizar el fenómeno con el Índice Oceánico Relativo de Niño (RONI) –que aísla el calentamiento global de fondo–, “los modelos sugieren que este fenómeno de El Niño será comparable a los episodios más fuertes registrados anteriormente (1982/83, 1997/98, 2015/16), pero no necesariamente más intenso”, afirma. Sin embargo, califica la combinación de ambos factores como “una situación verdaderamente sin precedentes”, que provoca “incertidumbre adicional”.
Desde el NOAA, Johnson resume su perspectiva respecto del escenario de Chile y afirma que el fenómeno es muy fuerte y “aumenta el riesgo de ciertos eventos climáticos”, los que van desde “lluvias intensas hasta temperaturas más altas y riesgo de incendios”. Aunque afirma que “no hay garantías de que estos impactos se sientan”, también dice que El Niño “inclina las probabilidades a favor de estos eventos”.