Si en Rosario Central se respiraba cierta impaciencia con el arranque del Torneo Clausura y algunos tropiezos del pasado reciente, el golazo increíble de Aldosivi, producto por una genialidad de Alan Sosa, hizo explotar al público rosarino: tras una salida apresurada del arquero Jeremías Ledesma, que venía de lucirse en el Monumental, le dejó servida al volante una definición desde la mitad de la cancha. Y se atrevió. Y hasta la pelota se clavó en el ángulo. Pero al final festejó el Canalla gracias al ingreso de Jamilton Campaz, que forzó la jugada del 1-1 y anotó de arremetida del 2-1. En el final, en diálogo con TNT Sports y todavía en el campo de juego, el volante colombiano afirmó, mientras mostraba una figurita de Miguel Angel Russo: “Angelito nos cuida a todos”, en referencia al entrenador que lo marcó en su carrera y con el que fue campeón en Rosario Central.
El éxtasis que vivió el Canalla tras el éxito ante River, en el Monumental, hizo vibrar a su público, que llenó su estadio -como de costumbre- para una nueva jornada del torneo. Esperando, seguramente, que la inyección anímica de la primera victoria tuviera su repercusión en el fútbol del equipo que dirige Jorge Almirón, algo resistido en las últimas funciones, incluyendo algún encuentro previo al Mundial.
Que la primera ocasión del local apareciera al tercer minuto parecía marcar que el primer tiempo sería demasiado para el conjunto marplatense, que llegaba a Rosario sin victorias. Lo fue. Aunque solo desde el claro manejo del encuentro y algunas llegadas que ni siquiera demandaron las manos del arquero Lucas Acosta, incluso en ese cabezazo inicial de Enzo Copetti. Aunque la definición fue algo desviada, en la primera mitad fue lo más peligroso de sendos equipos.
Porque Central fue claro siempre que estuvo lejos del arco del Tiburón: movió la pelota sin resistencias ni dificultades, pero pareció nublarse cuando se aproximó al área contraria. Las oportunidades que elaboró fueron ciertamente forzosas, con remates siempre altos. Como un tiro libre de Ángel Di María, al que la hinchada homenajeó antes del comienzo del cotejo con una bandera ancha repleta de imágenes icónicas del ídolo, algunas de jovencito, otras durante el Mundial 2022 que obtuvo en Qatar y unas más vinculadas a esta etapa.
El comienzo del segundo tiempo se insinuó de igual manera, con un anfitrión acechando los alrededores del arco de Acosta, pero sin la profundidad necesaria. Tampoco la tuvo Aldosivi, que arrancó con un gol desperdiciado por Andrés Vombergar tras una distracción y consecuente error del chico Ignacio Oviedo en la salida defensiva de Central.
Fue un aviso, ya que el conjunto de Mar del Plata sí exprimió una oportunidad de esas que son aprovechables, pero que a su vez son casi imposibles de convertir en gol.
A los seis minutos, un pase alto de Lucas Castro, buscando la espalda de la defensa adelantada del local, encontró la salida lejana y apresurada de Ledesma, que cabeceó en tres cuartos de su terreno y dejó viva la pelota a la altura de la medialuna propia del medio campo. Allí se la encontró Sosa y no dudó en nada: la enganchó con una volea fortísima y lo suficientemente alta como para que picara a un metro de la línea de gol e inflara uno de los ángulos.
Almirón venía siendo mirado de reojo por los hinchas de Rosario Central. El triunfo ante River había calmado un poco las aguas, pero otro flojo rendimiento y como local, en el Gigante de Arroyito, volvió a agitar el clima. “¡Movete, Canalla, movete, movete y dejá de joder!“, lanzó la hinchada.
El gol en contra de Nicolás Zalazar luego de un buscapié de Jáminton Campaz, que ingresó a los once minutos en reemplazo de Julián Fernández, le devolvió la ilusión al Canalla. A los 31, reclamaron penal por un supuesto agarrón a Badaloni y Echavarría frenó el juego para el trabajo del VAR, pero terminó sancionando tiro de esquina.
El colombiano fue el reflejo del fútbol argentino. Al menos, de cómo se vive. Porque tras negarse a entrenar en la semana, forzando un traspaso, tal como trascendió desde Rosario, muchos en las tribunas del Gigante lo reprobaron con silbidos. Su gran ingreso al partido olvidó por un rato aquello y causó en varios la expectativa del triunfo, traducida en aplausos.
Y el mismo llegaría con su aporte. A falta de diez minutos, un pase alto y cruzado perfecto de Fideo cayó dentro del área y sobre su zurda: eligió asistir a Badalino, pero el corte de Zalazar (otra vez involucrado) le dejó el gol servido a Campaz.
“¡Bichito, Bichito!“, ovacionó la gente. Entre la desesperación y la necesidad de revertirlo, Rosario Central logró el triunfo, mientras que el conjunto de Israel Damonte continúa sin sumar de a tres.