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El fuego debe unir a la política. Es importante que los dos principales partidos del país, PSOE y PP, lleguen a acuerdos para luchar contra los incendios forestales. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presentado una propuesta para negociar un gran pacto de Estado para la emergencia climática y, a su vez, el líder popular, Alberto Núñez Feijóo, ha hecho llegar al Congreso un plan con cincuenta medidas contra las catástrofes que suponen los incendios forestales. Entre ambos documentos hay importantes coincidencias con respecto a las principales acciones que llevar a cabo, pero, en cambio, las posibilidades para alcanzar un acuerdo político parecen muy distantes. No siempre las estrategias de los partidos tienen en cuenta el bien común de los ciudadanos.
La mayoría de los españoles, después de los graves incendios registrados este pasado julio, agradecerían que se cumpliera en toda su amplitud aquel viejo eslogan de “todos contra el fuego”. En la lucha contra las catástrofes de este verano, sobre todo los incendios que han quemado más de 67.000 hectáreas en Madrid y los que aún devoran los bosques de La Vall d’Uixó, en la Comunitat Valenciana, se ha evidenciado una eficaz coordinación y entendimiento entre todas las administraciones públicas y las fuerzas forestales, militares y policiales que han hecho frente a las llamas. El mismo clima de colaboración debería establecerse ahora para definir y llevar a cabo una efectiva política de prevención.
No se trata tanto de centrarse en debates sobre la influencia de la actividad humana en el cambio climático, que defiende toda la comunidad científica, sino en sus efectos y en la forma de paliarlos. Desde un punto de vista pragmático, poco importa si se cree en él o no. Lo único cierto, como se está demostrando este verano, es que nuestros bosques arden con una virulencia nunca vista, que los deja fuera de la capacidad de extinción humana. La paradoja es que esos fuegos de nueva generación, que los científicos atribuyen al cambio climático, se han producido precisamente en comunidades autónomas en las que gobierna el PP con apoyo de Vox, un partido negacionista.
La prevención es la clave para hacer frente a los riesgos que suponen los incendios forestales de nueva generación. A corto plazo poco puede hacerse más que esperar que las olas de calor y los fuertes vientos no aviven las llamas fortuitas o provocadas que encienden los bosques. Es importante, en cualquier caso, mantener activas al máximo las redes de alerta para atajar los fuegos desde el primer momento, así como multiplicar las campañas de precaución entre la opinión pública.
A medio plazo, sin embargo, debe preocupar igualmente la prevención de los incendios de los próximos veranos porque es evidente que se repetirán los episodios de calor extremo, de sequía y de fuertes vientos, que son la causa de las catástrofes forestales. En este ámbito, son muchas las coincidencias de los planes del Gobierno y los del PP.
El primer gran punto en común entre ambos es que hay que pasar de una política reactiva a una política preventiva. Durante décadas se ha invertido sobre todo en apagar incendios. Ahora tanto el Ejecutivo como el principal partido de la oposición sostienen que la verdadera batalla debe librarse durante todo el año. Los montes no pueden permanecer once meses abandonados para movilizar todos los recursos únicamente cuando aparece el fuego. La segunda coincidencia, en este sentido, se refiere a la gestión forestal, de forma que se trabaje para reducir la enorme acumulación de combustible vegetal que se ha ido formando durante décadas. Ambas formaciones hablan de limpieza de montes, aprovechamiento de biomasa, planificación forestal y recuperación de un paisaje más resistente a la propagación de los incendios.
También existe un acuerdo implícito sobre el papel del mundo rural. Gobierno y PP entienden que sin agricultores, ganaderos y trabajadores forestales resulta imposible mantener el territorio en condiciones óptimas. Otra coincidencia es la necesidad de la ganadería extensiva como una herramienta de prevención de incendios, capaz de reducir la biomasa y mantener abiertos los espacios que actúan como cortafuegos. Asimismo ambos defienden la necesidad de profesionalizar y coordinar mejor los servicios de emergencia. Y además existe consenso en torno a la tecnología para mejorar los sistemas de detección temprana, así como a la necesidad de solicitar financiación europea.
Las coincidencias entre el Gobierno y el PP, en suma, son tantas que nadie entendería que no llegasen a un pacto para proteger a España de la destrucción forestal y del riesgo de desertificación. Como decimos, el fuego debe unir a la política.