La nueva 'Resident Evil' de Zach Cregger ha tomado un camino bastante distinto al que muchos podían esperar de una película basada en la saga de Capcom. Y parece que esa libertad también se trasladó al desenlace. El director ha contado que el final que llegó a los cines nació después de varios cambios durante el montaje y que, durante un momento, la película estuvo a punto de terminar de una forma bastante más oscura.
Lo curioso es cómo consiguió evitarlo. Cregger había grabado durante el rodaje una pequeña toma que ni siquiera sabía si llegaría a necesitar. Fue una decisión casi instintiva, una especie de seguro por si las cosas se torcían durante la edición. Y vaya si terminó siendo útil.
Atención: A partir de aquí encontrarás spoilers de 'Resident Evil'. No sigas leyendo si no la has visto todavía.
El último tramo de 'Resident Evil' gira alrededor de Bryan, personaje interpretado por Austin Abrams. Después de ser mordido por una de las criaturas, necesita encontrar una cura para el virus T antes de perder por completo el control y convertirse en otro de los monstruos que recorren Raccoon City.
Sobre el papel, la idea era muy sencilla: conseguir la cura antes de que sea demasiado tarde. El problema llegó cuando Cregger vio cómo funcionaba aquella secuencia en el montaje.
La primera versión era bastante más brutal. La jeringa terminaba rompiéndose y Bryan quedaba sin ninguna posibilidad de salvarse. A partir de ahí, la película se convertía prácticamente en una carrera de destrucción en la que el protagonista iba acabando con los científicos de Umbrella.
Las primeras pruebas con espectadores dejaron claro que algo no terminaba de encajar. El público no estaba viviendo la secuencia como una carrera por salvar a Bryan. Y ahí Cregger entendió cuál era el problema: la escena tenía que girar alrededor de la cura, no simplemente alrededor de las muertes.
Aquí aparece una de esas decisiones de rodaje que parecen insignificantes hasta que llega el momento de montar la película. Cregger decidió grabar una toma adicional en la que uno de los científicos se guardaba la jeringa en el bolsillo. No tenía claro si iba a servir para algo, pero tuvo una sensación extraña. Algo así como: "Voy a necesitar esto". Y acertó.
Gracias a esa toma, el director pudo reconstruir buena parte del tramo final y mantener abierta la posibilidad de que Bryan todavía pudiera sobrevivir. La jeringa dejó de ser un simple objeto dentro de la escena y pasó a convertirse en el centro de la tensión.
En la versión que finalmente hemos visto, Bryan sigue intentando conseguir el antídoto mientras los científicos luchan por protegerlo. Cuando parece que todavía existe una última oportunidad, la jeringa acaba cayendo desde lo alto del Hospital General de Raccoon City.
¿Y qué ocurre? Bryan no consigue llegar a tiempo. El protagonista termina sucumbiendo al virus T y se transforma en una de las criaturas de la película. El resultado sigue siendo bastante cruel, pero la sensación es distinta. Durante esos últimos minutos, el espectador ha tenido motivos para pensar que quizá Bryan pueda salvarse.
Y todo esto estuvo a punto de no ocurrir. Una toma grabada casi como un plan B terminó dando a Cregger las piezas que necesitaba para reconstruir el final de 'Resident Evil'. A veces, en una producción de cine, una decisión tomada en apenas unos segundos acaba teniendo mucho más peso del que cualquiera podía imaginar.