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La electrificación avanza a toda máquina en la movilidad terrestre, pero también empieza a transformar el transporte marítimo, un sector mucho más complejo desde el punto de vista energético. Una de las pruebas más ambiciosas de esta transición llegará en los próximos años al norte de Europa, donde entrarán en servicio los que serán los mayores ferris eléctricos del continente.
El proyecto está liderado por el astillero australiano Incat Tasmania, especializado en embarcaciones de alta velocidad, y contempla la construcción de tres grandes ferris para la operadora danesa Molslinjen. Según sus responsables, se trata del mayor programa de electrificación marítima desarrollado hasta la fecha para este tipo de transporte.

Las embarcaciones cubrirán las rutas entre Aarhus, Ebeltoft y Odden, en la región del Kattegat, uno de los corredores marítimos con más tráfico de Europa. Cada ferry podrá transportar hasta 1.500 pasajeros por travesía, una capacidad que da idea de la magnitud del proyecto.
A simple vista, el diseño exterior no se aparta demasiado de la estética habitual de los ferris rápidos actuales. Sin embargo, la verdadera innovación se encuentra bajo la cubierta. Con una eslora de 129 metros, estos buques estarán impulsados por un sistema de totalmente eléctrico desarrollado por la firma finlandesa Wärtsilä.
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Aunque todavía no se han revelado detalles sobre la capacidad exacta de las baterías ni la potencia de los motores, sí se sabe que la navegación se apoyará en varios motores eléctricos conectados a sistemas de impulsión por chorros de agua, una tecnología habitual en embarcaciones rápidas.

Gracias a esta configuración, podrán alcanzar velocidades cercanas a los 74 km/h, equivalentes a unos 40 nudos, una cifra especialmente destacable para barcos de estas dimensiones.
Otro de los aspectos más llamativos del proyecto será su sistema de recarga. Los ferris utilizarán una infraestructura automática desarrollada por Wabtec capaz de suministrar hasta 58 MW de potencia en cada extremo de la conexión. Esta capacidad permitirá recuperar la energía necesaria para una nueva travesía en apenas media hora.
La comparación con los automóviles eléctricos resulta inevitable. Aunque la cantidad de energía que necesita un ferry es incomparablemente mayor que la de un coche, los tiempos de recarga previstos se acercan a los que ofrecen actualmente algunos de los modelos eléctricos más avanzados del mercado.
Más allá de las cifras técnicas, el impacto ambiental será uno de los principales argumentos de estas embarcaciones. Se estima que la entrada en servicio de los tres ferris permitirá evitar la emisión de unas 132.000 toneladas de dióxido de carbono al año, contribuyendo a reducir la huella climática de una actividad históricamente dependiente de combustibles fósiles.
El transporte marítimo sigue enfrentándose a importantes retos para descarbonizarse, especialmente en trayectos de larga distancia. Sin embargo, proyectos como este muestran que, al menos en rutas regionales de alta demanda, la electrificación ya empieza a ser una alternativa viable y cada vez más competitiva.