España ha ganado –otra vez– un Mundial de fútbol. Lo ha hecho con buen juego, con goles, sin marrullería y con una suficiencia aplastante cuando se ha enfrentado a algunos de los cocos del campeonato, incluyendo Argentina, el temible ogro del cancherismo en la final.
Y, como era de esperar, para acabar combinando pases, trenzando jugadas y perforando redes, también hay que alimentarse. De ello y de cómo come La Roja se encarga Teresa Toscana Viar, nutricionista de la selección española de fútbol, responsable de lo que los futbolistas se llevan al cuerpo.
Además, en un contexto especialmente exigente. A final de temporada, cuando muchos llevan ya más de 60 partidos de competición en sus piernas; en un huso horario anormal, a horas poco frecuentes y, por si fuera poco, con muchos kilómetros en los recorridos.
Aún así, la selección española se ha llevado el gato al agua y, como explicó Toscana Viar en el diario La Vanguardia antes del torneo, la alimentación ha jugado un papel fundamental, como parte de lo que el médico de la Selección, Claudio Vázquez, bautizó como “entrenamiento invisible”. ¿Qué entraba en el menú de los Lamine Yamal, Pedro Porro, Unai Simón o Marcos Llorente de turno?
Lo difícil, explicaba, era el estado en el que llegaban. "No sabes lo que te vas a encontrar al llegar y tampoco sabes con certeza qué jugadores van a acabar siendo convocados", explicaba sobre esa primera toma de contacto que implica una logística sobrehumana.
"Lo primero que hago es pedir el planning para saber los horarios de los partidos, cuándo vamos a viajar y dónde vamos estar alojados cada día", puntualizaba. A partir de ahí, ya sabes a qué te vas a enfrentar, cómo y con qué vas a contar para poder abastecer a los 26 seleccionados –y al cuerpo técnico–.
Con futbolistas cada vez más concienciados y profesionales respecto a la nutrición, lo cierto es que las tareas son más sencillas, pero también aumentan su complejidad porque obliga a hacer un trabajo previo que también supone "conocer sus necesidades y sus gustos", ajustando rutinas e integrándolas.
Enfrentándose además a horarios de juego anormales para el fútbol europeo –como tener un partido a mediodía–, las dinámicas también cambian. "Al tener solo una comida previa antes del partido es importante prestar atención a todo lo que haces el día anterior", alertaba Viar sobre algunos de esos choques, por lo que no le extraña que hubiera jugadores que "prefieren comer su pasta o arroz con pollo, aunque sean las 8 de la mañana".
La clave, siempre insistía, era "cubrir sus necesidades". Aún así, como sucede a menudo en el deporte de élite, los hidratos de carbono para recargar pilas estaban a la orden del día. "Este año la pasta carbonara está siendo un gran hit", comentaba Viar, además del jamón ibérico –que se tuvo que llevar desde España–, aunque el éxito de la temporada ha sido "el arroz con leche de la noche antes del partido".
España no ha sido así una rareza en el Mundial. Noruega, por ejemplo, se llevó más de 300 kilos de salmón en su equipaje para abastecer a los jugadores o los más de 500 kilos de carne que Argentina empaquetó para dar de comer a la albiceleste.
Imágenes | Instagram Teresa Toscana Viar & Directo al Paladar
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