El economista Enrique Szewach analizó la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central

calendar_today 13.07.2026 - person  - timer ~15 Minutos

En un contexto donde el rumbo económico y las reformas estructurales ocupan el centro de la escena política, el debate sobre el rol y la autonomía del Banco Central vuelve a encender las alarmas de los analistas. El economista Enrique Szewach dialogó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), para profundizar en la viabilidad de una nueva Carta Orgánica, los límites de la política monetaria y el complejo escenario financiero que se avecina de cara al año electoral.

Es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires, asesor económico de empresas nacionales e internacionales. Fue director ejecutivo del IERAL de la Fundación Mediterránea. Se desempeñó como director del Banco Central de la República Argentina. Además, fue vicepresidente del Banco de la Nación durante la presidencia de Mauricio Macri. También fue consultor internacional para el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

—Enrique, muy buenos días. Jorge Fontevecchia te saluda. Muchas gracias.

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—Buen día. Buen día, Jorge. Gracias por la presentación y un saludo a la audiencia.

—Faltaba más. Enrique, el tema del día: la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. Hicimos en la apertura de este programa una descripción de los distintos modelos de grados de independencia. El más exigente, el del Banco Central Europeo, heredero del Bundesbank, que solamente está preocupado por el valor de la moneda. Uno intermedio, como el norteamericano, la Fed, que además del valor de la moneda está preocupado por generar la mayor cantidad de empleo sostenible posible. Me gustaría tu propia opinión de cómo tendría que ser, para un país como la Argentina, una Carta Orgánica del Banco Central respecto a estos temas; como por ejemplo, la posibilidad de cuánta política monetaria pueda utilizar y el grado de independencia del Poder Ejecutivo.

—Bueno, a ver, primero comparto la idea de que el Banco Central de la República Argentina tiene que tener un solo objetivo, o en realidad son dos: el de la estabilidad monetaria y el de la estabilidad financiera, que es un objetivo que se agregó a partir de las crisis financieras que el mundo supo conseguir. Hoy ese objetivo está muy difuso y está muy mezclado con la reforma que hizo el kirchnerismo. Así que en eso lo comparto, pero quiero hacer una cuestión previa. La verdad es que en la Argentina, en donde las leyes son optativas, estamos siempre poniéndole mucho énfasis a una ley que se puede cambiar en una mañana. Porque vos fíjate que la Carta Orgánica actual no le obliga al presidente del Banco Central a prestarle al Tesoro, lo autoriza, que no es lo mismo. O sea, la Carta Orgánica no dice: "El presidente del Banco Central tendrá que prestarle al Tesoro el 20% de la recaudación más la base monetaria, bla, bla, bla". Lo que dice es: "Podrá prestarle al Tesoro, hasta tanto". De manera tal que un directorio de Banco Central, como corresponde, podría haberse negado a financiar al Tesoro. No necesita otra Carta Orgánica. Pero bueno, digamos que es razonable tener una Carta Orgánica a la norteamericana o a la europea; más a la europea que a la norteamericana, con el objetivo único de la inflación, no prestarle al Tesoro y tener autoridades independientes que no sean removidas en una mañana, como pasa en la Argentina. De hecho, todo el directorio del Banco Central hoy en la Argentina no tiene aprobación del Senado. Desde el presidente para abajo, están todos en comisión. O sea que el propio presidente de la Nación, que quiere cambiar la Carta Orgánica —y me parece muy bien—, tiene a sus funcionarios del Banco Central no autorizados por el Senado. La otra aclaración que te quería hacer es que, cuando las papas queman, aun el Banco Central Europeo emitió para comprarle deuda a los gobiernos en la crisis...

—Mario Draghi.

—Mario Draghi, por supuesto, porque es más italiano que alemán. Pero digo, en el momento de la desesperación, la letra se cambia o se fuerza, como de hecho hizo Mario Draghi en Europa. Quiero decir con esto que los argentinos creo que estamos... Bueno, sería bueno tener un Banco Central independiente que pueda hacer política monetaria. No sé cómo lo va a redactar el gobierno libertario, pero la política monetaria y la política cambiaria son parte de la tarea de un banco central. No es que le tenés prohibido hacer política monetaria o hacer política cambiaria, porque entonces no tendría sentido y ahí sí sería el cierre del Banco Central. Pero insisto en que es muy importante entender el contexto.

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—Y en ese sentido, Enrique, esta idea de considerar a la inflación un delito y que aquel que imprima tenga penalidades, hubieran llevado preso a Mario Draghi, por ejemplo. ¿Te parece una discusión etérea, para decirlo de alguna manera, que cumple un sentido más declamativo que concreto? ¿Cuál es tu opinión respecto de eso?

—Sí, a ver, vamos a ponerlo así. Hoy, en una Carta Orgánica que se precie de tal, si el Banco Central no cumple sus objetivos, o si el directorio del Banco Central está cometiendo algo que no está autorizado por la Carta Orgánica o está cometiendo algún delito, puede ser instituido. Como pasa con un juez, pasa al Senado: "Mire, el presidente del Banco Central cometió tal delito o se apartó de la Carta Orgánica en tales cosas", y el Senado vota su destitución. Me parece que la destitución es suficiente castigo, no hace falta meter preso a nadie. Pero además, porque eso intimida desde el punto de vista de quién puede ser nombrado presidente. Y, como te dije antes, citando otra vez el caso de Draghi, hay momentos en donde es más grave no emitir pesos que el quiebre del sistema financiero mundial.

—Lógico. Enrique. Tratando de contribuir a la estabilidad económica y financiera, ¿no sería inclusive más útil, así como se están buscando acuerdos para nombrar jueces, inclusive hasta el procurador y los miembros de la Corte Suprema de Justicia que faltan, que hubiera un acuerdo para nombrar al presidente y al directorio del Banco Central antes de las elecciones? ¿Eso finalmente tranquilizaría mucho más y emitiría una señal mucho más positiva que simplemente una ley que, como vos decís, se puede cambiar al día siguiente?

—Sí, sería útil, pero me parece que ahí estás más en una expresión de deseos que en lo que va a ser la realidad de la Argentina por dos razones. Primero, porque no conseguimos un acuerdo para casi nada; y segundo, porque hoy, como el Gobierno transfirió deuda del Banco Central al Tesoro para limpiar su pasivo, el Tesoro y el Banco Central son casi la misma cosa en materia monetaria. Cuando el Tesoro no puede renovar toda la deuda, tiene que recurrir al Banco Central, a lo que tiene guardado en el Banco Central para pagar esa deuda, y eso es emisión. O cuando tiene que comprar dólares es lo mismo, o cuando le distribuyen utilidades. Me parece que todavía tenemos que pasar un período de más estabilidad, pero coincido con vos que sería lo ideal. Sería ideal que haya un acuerdo, inclusive tener un directorio que pudiera ser lo más técnico posible, designado con el respaldo de la política. Pero me parece que hoy, por lo menos para antes de las elecciones, suena utópico. Ojalá se pudiera hacer.

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—Enrique, ¿cómo ves desde el punto de vista de las turbulencias financieras y eventualmente cambiarias el año próximo? ¿Creés que todos los recaudos que está tomando el ministro de Economía alcanzan para garantizar cualquier remedio frente a la volatilidad electoral que normalmente se produce?

—Bueno, alcanza parcialmente, porque cuando vos mirás el programa financiero que presentó el ministro de Economía... A ver, acá hay dos actores. Están los tenedores de pesos que, cuando llegan las elecciones, quieren tener dólares y no pesos. Es lo que llamamos rimbombantemente "cambio de portafolio". Se vivió muy fuerte el año pasado en la elección legislativa y se vive todos los meses en la Argentina, porque la dolarización de los argentinos sigue siendo alta aun en momentos de paz, para decirlo fácil. Y después tenés a los otros actores, que son los tenedores de bonos de la Argentina, los acreedores de deuda en dólares, que son otros actores, pero todos miran la misma caja. Entonces, la señal que dio el ministro Luis Caputo fue decirle a los tenedores de pesos: "Miren, tenemos un montón de dólares para usar porque tenemos el swap de monedas de China, el swap de monedas con el BIS, tenemos los futuros, tenemos un montón de cosas para atender la demanda de los dólares". Y a los tenedores de bonos les dio el mismo mensaje: "Miren, no se preocupen porque tenemos esto". Ahora, a los dos les dijo lo mismo. Entonces, por un lado, si yo soy bonista digo: "Bueno, pero un momentito, estos dólares ¿son para el Tesoro, son para los tenedores de pesos o son para mí?". En tanto, si yo soy tenedor de pesos pregunto lo mismo: "Un momentito, ¿estos son para mí o son para pagar los bonos?". El otro punto, y en gran parte eso está despejado pero no está totalmente despejado, es que depende... Ese listado incluye colocarle 5000 millones de dólares en bonos a los argentinos, en estos bonos argentinos al 2029. Si lo que hay es desconfianza respecto de que este gobierno continúe o que este programa continúe —independientemente del gobierno en particular—, y vos me estás diciendo que me lo vas a asegurar vendiéndome bonos que van al 2029, yo no sé si te lo voy a comprar. Y por otro lado, aparece la compra de dólares por parte del Banco Central en un contexto en donde la gente compite y quiere comprar dólares. No sé si me explico. O sea, quiero decir, si vos tenés una corrida, tenés que atenderla con reservas, no comprándole dólares que no están. Y si querés garantizar los bonos, tenés que tener dólares para pagar los bonos y no decir "los voy a pagar con nuevos bonos que van a vencer después del 2029". Entonces, hay una fracción de ese listado que es, por ahora, una apuesta. Hay otras fracciones que sí están claras, que son renovaciones de multilaterales, los bonos con garantía... En fin, hay una serie de aspectos que disminuyen el riesgo, pero que no lo llevan a cero.

—Siguiendo con esto, de la misma caja para dos potenciales acreedores, ¿podríamos decir también que, volviendo al tema de la independencia del Banco Central, vos decías que nunca antes el Tesoro y el Central estuvieron tan mimetizados; que nunca hubo menos independencia del Banco Central como esta que estamos viviendo hoy en día?

—Bueno, sí. A ver, vamos a ponerlo así. En todo el período kirchnerista no hubo independencia del Banco Central, porque el Banco Central hacía lo que le decían el presidente, el Tesoro, la presidenta o quien sea. Así que yo no diría que nunca hubo tanta dependencia como...

—Perdón, Enrique. Nosotros pasamos hace un rato el discurso en su momento de Martín Redrado cuando renuncia en el 2010, previo al cambio del 2012. Por lo menos se disimulaba, para decirlo de alguna manera. Se disimulaba.

—No, quiero decir que, como te dije al principio, nadie estaba obligado a aceptar esas órdenes. El presidente Martín Redrado dijo: "No, yo esto no lo acepto" y renunció. Hay otros que lo aceptaron, eso está claro. Entonces, independencia no hubo nunca en ese contexto. Ahora es cierto que hoy lo tenés en los símbolos. Porque el presidente del Banco Central, a quien yo respeto mucho, es un gran tipo y un gran profesional, aparece en todas las reuniones en la mesa política y viaja con el presidente. O sea, está claro que ya desde los símbolos no hay independencia. Además, forma parte del mismo equipo que el ministro Caputo. No lo estoy criticando, estoy haciendo una descripción que hoy me parece razonable porque hay que coordinar al Tesoro con el Banco Central en el contexto monetario o en el contexto de deuda que tenemos hoy. Ahora, otra vez, sería bueno que como señal de largo plazo la Argentina pudiera tener un Banco Central como organismo técnico independiente, en donde las personas integrantes de ese directorio fueran profesionalmente respetadas por todo el mundo, que no fueran avasalladas y no estuvieran con la espada de Damocles de que mañana a la mañana te pueden echar. Yo siempre lo digo medio en broma, medio en serio: yo era director del Banco Central y todas las mañanas leía el Boletín Oficial para ver si no me habían rajado, así no tenía que hacer el viaje al banco. Pero eso es así porque estabas en comisión, como están hoy todos los directores del Banco Central.

—Enrique, hablábamos antes del terreno de los deseos o del deber ser. Que sería importante llegar a un acuerdo de un presidente y directorio del Banco Central consensuado con aprobación del Senado para que tuviese certidumbre la economía de que, sea cual fuera el gobierno que vaya a conducir los destinos del país el 10 de diciembre de 2027, el Banco Central se iba a mantener igual. Siguiendo en el terreno de los deseos, vos estuviste muy cerca de Carlos Melconian. Carlos Melconian se plantea como uno de los precandidatos presidenciales. ¿Sería bueno para la Argentina, después de un presidente como Milei, que hubiese otro presidente economista?

—Y, yo creo que sí. Ya probamos tanto con presidentes abogados que podemos probar con dos presidentes economistas uno atrás del otro. Además hay un tema central: Milei es un economista con un sesgo muy particular. Y ese sesgo fue muy útil para todo el proceso de cambio de régimen que se inició, porque había que romper con una larga tradición en contrario, en donde el interregno del gobierno de Macri no logró ese objetivo por distintas razones que no vienen al caso. Me parece que ahora viene una etapa de tratar de pasar de esta ruptura total a un esquema constructivo. Y me parece que hoy por hoy, desde el punto de vista técnico y político, no sé si el equipo de Milei representa esa continuidad. A lo mejor sí, porque son etapas y a lo mejor piensa que en la próxima etapa se van a hacer otras cosas. Pero yo tengo una discrepancia de fondo, y es que un país, sobre todo en el mundo de hoy, necesita un Estado. Es decir, un Estado distinto a este, pero un Estado. Entonces, cuando el Estado argentino —nacional y provincial, me refiero— no brinda los bienes públicos de calidad que hacen falta y solo se limita a reducir y lavarse las manos en varios temas, me parece que ahí tenemos un problema.

—¿Cómo sería la continuidad? ¿Cómo sería ese segundo tomo de la gestión? ¿Cómo sería la economía de un economista como Melconian el 10 de diciembre de 2027?

—Bueno, yo no voy a hacer la exégesis de Carlos, que se arregla solo y bastante bien. Te voy a dar mi opinión personal. Yo creo que, y te lo voy a sintetizar como te lo decía recién, acá ha habido el inicio de un profundo cambio de régimen. Ahora, ese cambio de régimen hasta ahora ha sido todo para el sector privado, porque el Estado no ha hecho un cambio de régimen; ha dejado de gastar en ciertas áreas, ha eliminado los subsidios económicos y los ha transferido al sector privado. Sigue manteniendo impuestos distorsivos como el impuesto al cheque y las retenciones a la exportación. Las provincias siguen teniendo ingresos brutos, no hay inversión en infraestructura, no hay provisión de bienes públicos de calidad en un país que tiene un alto grado de mala educación, en el sentido correcto de la palabra. Entonces, me parece que esa segunda etapa tiene que, por un lado, contemplar cómo hacer ese cambio de régimen en el Estado: tener un Estado muy eficiente en la provisión de bienes públicos y en el uso de la tecnología, cambiar el sistema impositivo que hoy es un problema muy serio, y resolver todo el problema de infraestructura que ya conocemos. Y por otro lado, hay una inserción internacional complicada para la Argentina porque estamos en el medio. Primero, la Argentina tenía que abrirse al mundo sin ninguna duda, pero resulta que se abrió a un mundo que ha cambiado, porque antes era un mundo con reglas, con estabilidad, y ahora es un mundo totalmente sin reglas, con discrecionalidad, con arbitrariedad, etcétera, en donde se pelean dos potencias hegemónicas. Una es Estados Unidos, que tiene el control de la inteligencia artificial y toda la tecnología que la rodea. Y otra es China, que tiene el control de la producción industrial y todo lo que ello implica desde el punto de vista del mercado mundial. Entonces, insertarse en ese mundo no es fácil y requiere, otra vez, de una estrategia de Estado que contemple esas cuestiones, y me parece que no las estamos contemplando.

A ver si lo puedo poner en una buena síntesis: en la segunda fase, la Argentina necesita a quien conduzca el país y su economía con un grado mayor de pragmatismo y menos de dogmatismo.

—Bueno, yo casi casi te lo suscribiría no sin dejar de reconocer que el presidente Milei ha sido finalmente pragmático, porque muchos dogmas que tenía los tuvo que dejar de lado. Ahora, me parece que ese mix de pragmatismo y dogmatismo no está lo suficientemente balanceado, por llamarlo de alguna manera, y me parece que el dogma es el que está de más, no el pragmatismo.

—Enrique, muy buena síntesis. Muchísimas gracias. Te mando un abrazo fraterno y nos mantenemos en contacto como siempre. Muy gentil.

—Un abrazo grande y un saludo a la audiencia.

MEG