La realidad actual es que, en los últimos tiempos, tradicionales aliados de Estados Unidos tratan de completar su acercamiento a Europa mientras se busca en Bruselas darles un estatus especial para mandar un mensaje a Trump. Pero de la teoría a la práctica hay un salto muy grande; "¿qué somos?", se han preguntado en Ottawa esta semana con la visita de Mark Carney, primer ministro canadiense, como invitado de lujo al pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. Y es que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso que el país se convierta "en el primer miembro asociado" de la UE.
"Vemos el mundo con los mismos ojos: desde la inteligencia artificial hasta el cambio climático, desde el Ártico hasta la geopolítica. Y nos hemos mantenido unidos: en lo relativo a Ucrania, a la defensa, a las materias primas y a las cadenas de suministro. Pero, sobre todo, querido Mark, Europa y Canadá creen en la democracia", dijo la dirigente alemana desde la tribuna para evidenciar que la Unión ha cambiado de aliado al otro lado del Atlántico: adiós a Washington, bienvenido Mr. Carney.
El primer ministro recogió el guante al día siguiente... a medias. Quiere forjar con Europa "la alianza del futuro", pero se centró más bien en temas concretos como la autonomía estratégica, la seguridad, el intercambio comercial, la tecnología o la energía. "Nuestro compromiso con el Estado de derecho y nuestra defensa inquebrantable de la dignidad humana, la libertad individual y la democracia comparten las mismas raíces profundas, la misma dedicación inquebrantable. Compartimos valores por los que siempre hemos luchado y en cuya defensa debemos permanecer siempre vigilantes", añadió Carney.
Ahora, ¿qué significa eso de "miembro asociado" de la UE? De momento, nada. Es una categoría vacía y que no se contempla en los Tratados. Lo único que se le puede acercar es la idea que se recoge en el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la UE (TFUE). "La Unión podrá celebrar con uno o varios terceros países o con organizaciones internacionales acuerdos que establezcan una asociación que entrañe derechos y obligaciones recíprocos, acciones comunes y procedimientos particulares", dice literalmente esa parte.
Los expertos consultados por 20minutos son muy cautos con el nuevo plan de Bruselas porque, dicen, "tiene difícil encaje" y exigiría "una reforma" de los Tratados. Aseguran que parece tratarse más de un mensaje político que de algo literal, sobre todo con los ojos puestos en Trump. La realidad es que esa idea ya la tuvo hace meses el canciller alemán, Friedrich Merz, para acercar a Ucrania a la UE sin necesidad de que entrase en ella: su plan pasaba porque Kiev se incluyera en programas, iniciativas, temas concretos o repartos de fondos de la Unión pero sin tener derecho a voto en las cumbres. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no aceptó ese formato.
"Les diré que las encuestas muestran que una abrumadora mayoría de los canadienses apoya vínculos mucho más estrechos con Europa. Una alianza para el futuro es un enfoque único y positivo que definiremos juntos", sostuvo el primer ministro en Estrasburgo, pero los mismos expertos creen que la alianza UE-Canadá empezará a consolidarse desde lo comercial. Algo parecido a lo que podrá pasar con Australia o Nueva Zelanda, dos países, otrora socios cercanos a EEUU, que ahora quieren estrechar lazos con la UE y que, según la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, podría entrar también pronto en esa categoría de "miembros asociados".
Las relaciones comerciales entre la UE y Canadá se basan en el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), en vigor desde 2017, y que permitió entonces eliminar el 98% de las barreras arancelarias. Asimismo, ambas partes representan una población total de unos 490 millones de personas. Constituyen conjuntamente casi una quinta parte del PIB mundial y aproximadamente el 19 % del comercio mundial de bienes y servicios.
En 2025, el comercio de bienes entre el bloque comunitario y Canadá ascendió a casi 82.000 millones de euros. La UE fue el segundo socio comercial de Canadá y representó el 8,7% de sus intercambios. En sentido contrario, Canadá fue el duodécimo socio comercial de la Unión. Canadá y Europa "son fuertes por sí mismas", pero "son mucho más fuertes juntas", espetó también Carney.
Las fuentes consultadas, además, concluyen que generar una nueva categoría de miembros o de aliados podría tener efectos contraproducentes: se generarían distintas escalas de membresía, algo que ahora no se da en la teoría, aunque sí en la práctica. Véase el caso de Noruega o Islandia, que forman parte del Espacio Económico Europeo y del espacio Schengen de libre circulación, pero no son miembros de la UE. En esos diferentes capítulos se podría dar una mala gestión de expectativas con los países candidatos como Montenegro, Albania o Ucrania entre otros, que esperan su entrada al bloque mientras Bruselas acelera las alianzas con otros Estados pero no avanza en la ampliación.
En conclusión, el concepto de "miembro asociado" de la UE es solo eso, una idea. Por ahora solo es un mensaje que, además, a Trump no le gusta mucho; ha amenazado con aranceles a Europa si la alianza con Canadá, dijo, va en contra de los intereses de Washington. La propuesta de Von der Leyen, abrazada por Carney, es un aviso a la Casa Blanca. "Esto tiene que ver con la soberanía. Nuestra capacidad de vivir como deseamos. Se trata de las libertades por las que debemos luchar cada día", en palabras del primer ministro canadiense. Nada más, y nada menos.