Por Cartas al director7 SEPTIEMBRE 2026
SEÑOR DIRECTOR:
Algo peligroso está ocurriendo en nuestra convivencia democrática. No porque pensemos distinto -eso es la democracia-, sino porque estamos dejando de considerar al que piensa distinto como un adversario legítimo y comenzamos a tratarlo como un enemigo.
Las redes sociales han acelerado este fenómeno. Basta una frase, acusación o etiqueta para iniciar una funa digital. Luego aparecen cientos de publicaciones, muchas desde cuentas anónimas, falsas o coordinadas, calificando a alguien de “cobarde”, “facho”, “comunista” o “antidemocrático”. Ya no se discuten ideas: se busca destruir a la persona.
Hay un límite aún más peligroso: instalar que alguien es tan despreciable que, si algo malo le ocurriera, de alguna manera lo merecería.
La extrema derecha lo hace con la izquierda y la extrema izquierda con la derecha. Cada sector condena los ataques que recibe, pero demasiadas veces justifica o guarda silencio ante los que afectan a sus adversarios.
Las palabras no producen automáticamente violencia ni toda crítica dura es odio. Pero sería irresponsable creer que la deshumanización sistemática nunca tiene consecuencias.
Quienes hemos ejercido la vocería de un gobierno venimos de sectores distintos y mantenemos diferencias importantes. Pero compartimos una convicción: existe una frontera que ninguna democracia debería cruzar.
¿Qué diremos si algún día debemos lamentar un asesinato motivado por odio político?
La mesura no es debilidad y llegar a acuerdos no es traición. El adversario político no es un enemigo. Podemos disputar ideas y defender convicciones sin dejar de reconocernos como parte de una misma democracia.
Porque el desafío no será explicar qué pasó después de una tragedia, sino responder qué hicimos mientras todavía estábamos a tiempo de evitarla.
Ricardo Lagos Weber, Cecilia Pérez Jara,
Francisco Vidal Salinas, Karla Rubilar Barahona
Ex ministros secretarios generales de Gobierno
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