El crimen de José Ignacio Rucci: la operación de Montoneros, el “cadáver sobre la mesa” y 24 testimonios que certifican la autoría

calendar_today 25.09.2026 - person  - timer ~17 Minutos

Elecciones 11 de septiembre de 1973

El secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, fue asesinado el 25 de septiembre de 1973 en Avellaneda

El mediodía del 25 de septiembre de 1973, dos días después de que Juan Domingo Perón obtuviera su tercera presidencia con el voto del 62% de los argentinos, al salir de su domicilio de Avellaneda 2953, el Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci fue recibido con una lluvia de balas que terminó con su vida.

En La Lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón, publicado en 2015, hay quince páginas dedicadas a reunir testimonios sobre la llamada “ejecución” de José Ignacio Rucci. Antes y después de ese libro, numerosas obras y declaraciones adjudicaron el crimen a Montoneros. Sin embargo, 53 años más tarde, todavía hay quienes intentan diluir esa responsabilidad. A continuación, algunos testimonios que muestran que el asesinato fue una decisión orgánica de Montoneros, llevada a cabo por un comando de la propia organización.

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En el momento no hubo un comunicado público de Montoneros reivindicando la operación, como normalmente hacía cualquier organización revolucionaria. Recién dos años después, y con Perón ya fallecido, en su órgano de prensa oficial el Evita Montonera Nº 5 de fecha junio-julio de 1975, Montoneros asumió públicamente el “ajusticiamiento” de José Ignacio Rucci.

El artículo de cuatro páginas lleva por título “A dos años de la matanza de Ezeiza. Ni olvido ni perdón” en el cual se relatan los hechos. Y en un recuadro al final de la nota, titulado “Justicia Popular” dice: “La masacre del 20 de junio puso de manifiesto la fractura que desde ese día iría profundizándose en el Movimiento Peronista. Esa misma noche Rucci justificó la matanza ante las cámaras de televisión, mientras los medios de difusión controlados por López Rega y el vandorismo intentaban ocultar la absoluta hegemonía de nuestras fuerzas en el acto. La Juventud Peronista denunció esa misma semana desde El Descamisado a los autores de la traición, con un amplio testimonio fotográfico que no dejaba lugar a dudas. La sangre de los compañeros peronistas caídos el 20 de junio, de Antonio Quispe, Beto Simona, Jose Luis Nell y tantos otros que cayeron ese día, no fue ni será olvidada por Montoneros”.

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José Ignacio Rucci
La organización Montoneros asumió el homicidio de José Ignacio Rucci en su revista oficial Evita Montonera en 1975

Hay quienes dirán que el Evita Montonera también fue escrito por la CIA para engañar a los historiadores. Si es así, los equivocados son unos cuantos. Para eso, la transcripción de algunos de los testimonios dados por reconocidos exmilitantes.

Uno de los textos mas recientes es el que Juan Manuel Abal Medina narra el libro Conocer a Peron: “Perón me había insistido en que buscara a Galimberti y ayudara a parar la locura de las amenazas a Rucci (…). El ‘Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor’ era inadmisible para el General. Era una instigación a matar. Él se preguntaba: ‘¿Traidor a qué? ¿Quiénes son ellos para decirlo?’. (…) Fui a Gaspar Campos. Perón tenía los ojos nublados. Lo primero que dijo fue: ‘Me mataron a m, peor mataron a mi hijo’. Y agregó: ‘Son unos criminales’. ‘Sí, mi general. Eso son’, le respondí. (…) Se recompuso y me dijo que había información confusa, pero que llegaban señales de que habían sido Montoneros ‘nuevos’. Y agregó: ‘Supongo que se refieren a los que se les sumaron, los de Quieto…’“.

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“El asesinato de Rucci fue para mí un punto de no retorno en mi relación con Montoneros. La falsedad histórica de atribuirse un protagonismo excluyente en el ‘Luche y Vuelve’, como la tontería de pretender compartir la conducción con el General, eran hechos corregibles. Lo mismo los balbuceos marxistas del documento que me había pasado Perón, que si bien me alejaba de sus autores entendía que eran consecuencia del proceso de unidad con las FAR, y que esa inclinación podía revertirse. El asesinato de Rucci, en cambio, no tenía para mí regreso posible”.

“Sobre Perón el asesinato tuvo un efecto demoledor y no dudo en afirmar que colaboró con el deterioro de su salud. El General quería mucho a Rucci. Pero, además, Rucci había sido inflexible en su verticalidad y clave para garantizar su regreso”.

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“El miércoles 26, el General me citó. Habló de José Rucci. Dijo cosas muy lindas. Me confió, por segunda vez, que ‘ese 17 de noviembre, cuando los vi a ustedes dos y nos abrazamos, fue el día más feliz de mi vida’”.

“Le pregunté si no deseaba descansar, me dijo: ‘El cuerpo ahora lo tengo bien, lo que tengo mal es el alma’. Era evidente que el asesinato de Rucci le había hecho mucho daño, y sentí que el General estaba muy solo, que su tristeza tenía un componente quizá ya demasiado largo de soledad”.

Secuencia de imágenes del regreso, luego de 18 años de exilio, de Juan Domingo Perón a Argentina en el que José Ignacio Rucci sostiene el paraguas para protegerlo de la lluvia. También se distinguen José Lopez Rega e Isabel (Domingo Zenteno)
Secuencia de imágenes del regreso, luego de 18 años de exilio, de Juan Domingo Perón a Argentina en el que José Ignacio Rucci sostiene el paraguas para protegerlo de la lluvia. También se distinguen José Lopez Rega e Isabel (Domingo Zenteno)

María Elpidia Martínez Agüero, esposa de Firmenich, dijo en 2002: “Fue una operación que no se debió haber hecho, más allá de que era un burócrata que negociaba. A partir de ese error original, la línea política de Montoneros se desbarrancó. Desde la operación a Rucci yo sentía que había alguna pifiada nuestra, que teníamos que modificar la estrategia, pero la dinámica eran tan rápida que la vorágine no te dejaba pensar”.

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El ex montonero y escritor Miguel Bonasso: “El Pepe Firmenich, de manera fría y seca, nos confirma oficialmente que Rucci fue ejecutado por la Organización. Lo explica en términos estratégicos: la lucha contra el vandorismo y su responsabilidad en la masacre de Ezeiza. No estoy de acuerdo y lo digo (…). Firmenich da largas explicaciones e incluso sugiere que el capo de la UOM, Lorenzo Miguel, le dio luz verde al atentado. (…) Al otro día fuimos a cenar con Lino Roque, que me contó con pelos y señales el atentado contra Rucci".

El poeta y ex montonero Juan Gelman: “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia de la clase obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Cuando se produce lo de Rucci en septiembre de 1973 y lo de Mor Roig después, hay gente de distinta procedencia que no está de acuerdo. Como conclusión, lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig, los apoyos de la clase media”.

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El exsecretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde: “No tengo dudas de que a Rucci lo mataron los Montoneros y FAR, que acababan de fusionarse. Lo hicieron con un propósito múltiple: en su delirio habían acuñado la teoría de que había que negociar con Peron, apretándolo con un muerto sobre la mesa. Al mismo tiempo buscaban congraciarse con Lorenzo Miguel y ajustar cuentas con Rucci. (…) Ni el secretario de la UOM vio con simpatia este crimen, ni a Perón lo ‘apretaron’ sino que se enfureció realmente”.

Carlos Mugica: “¿Quién mato a Rucci? Los Montoneros. No es lo que yo opino. Lo sé. Los Montoneros me lo hicieron saber directamente. Le quitaron la alegría tremenda de experimentar a Perón dos días después de ser elegido Presidente. Le castraron la alegría y eso es imperdonable. No importa la autocrítica. ¡La cagada que hicieron! Un error tremendo de la burocracia montonera”.

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Horacio Verbitsky en el libro Vida de Perro: “Tomemos el ejemplo de Claudia, hija de Rucci. Montoneros mató a su padre cuando ella tenía 9 años: es una víctima. Si bien detesto sus posiciones políticas, en todo caso podemos discutir quién era José Ignacio Rucci, pero a las víctimas les tengo mucho respeto”.

Claudia Rucci - José Ignacio Rucci
El presidente Juan Domingo Perón consideró el asesinato de Rucci como un golpe directo a su gobierno y a su salud

Pilar Calveiro: “De hecho, ya en septiembre de 1973, incluso antes de la asunción de Perón, había asesinado al secretario general de la CGT, José Rucci, en un operativo armado cuya autoría no reconoció públicamente. Era, sin embargo, un recordatorio anónimo del poder de la violencia, una forma de acelerar la resolución de la ‘contradicción ideológica’ que Firmenich reconocía tener con Perón”.

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Ernesto Jauretche: “Los compañeros entraron a la casa de al lado como una empresa de pintura. Cuando Rucci salió rodeado de la custodia, estaba completamente a tiro, porque le estaban apuntando de arriba y además le tiraron una granada”.

El exjefe del PRT-ERP Enrique Gorriarán Merlo: “La lucha interna entre la izquierda y la derecha peronista se dirimía a tiros. En cambio, nosotros, en todo lo que se refería a dirigentes sindicales o políticos, tendíamos a dirimirlo de otra manera. Igual los Montoneros, poco antes de que asumiera Perón, mataron a Rucci, aunque no se hacían cargo y quedaba la duda. En ese caso tuvimos que sacar un comunicado diciendo que no habíamos sido nosotros; por supuesto que no decíamos quien había sido”.

El escritor Juan Gasparini: “Los siete miembros del equipo operativo dirigido por Horacio Antonio Arrue, ‘Pablo Cristiano’, lo acribillaron a perdigones. A dos días del abrumador triunfo electoral de Perón, si bien no hubo firma pública para la militancia fue un secreto a gritos que la ‘Traviata’ era la primer opereta de la flamante OPM”. Firmenich confesará ante Jorge Asis en Brasil: “Nosotros no matamos a Rucci. El error nuestro fue político, no haberlo desmentido en su oportunidad”. Gasparini reflexiona al respecto: “La equivocación no fue la ejecución, sino el olvido de impugnarla. Si no se la negó fue para capitalizarla entre bambalinas y porque a Perón no debían quedarle duda de quienes ‘le habían tirado el fiambre’, usando la expresión que volveremos a escuchar en la boca de Firmenich. Más aún: este hecho acercaría nuevamente a la organización Montoneros con el ERP, por encima de las diferencias de identidad política”.

El escritor Carlos Flaskamp: “La idea del comando fuera de control debe ser descartada, porque todas las estructuras estaban bajo control en esta etapa, y también porque sería ilógica, ya que la acción contra Rucci contó con el respaldo orgánico de la conducción y los ámbitos inferiores (…). En la conducta de Roberto Perdía, quien se autotitula ‘jefe montonero’ y efectivamente lo era en ese momento y también después, hay una evidente intención de embuste cuando un cuarto de siglo más tarde, en su historia lavada de los montoneros, todavía pretende no saber nada del asunto. Lo sabía hasta el último miembro pleno de la organización y tanto más Perdía, que integraba su núcleo nacional de conducción”.

El escritor José Amorín: “En realidad, el asesinato de Rucci constituyó la forma de zanjar de una vez por todas las discusiones entre Movimientistas y Militaristas. En ese momento en la Conducción Nacional eran ocho. De ellos, cuatro (Firmenich, Hobert, Perdia y Yager) provenían de Montoneros, tres (Quieto, Roque, y Osatinsky) de FAR y Horacio Mendizabal de Descamisados”.

Ricardo Grassi, el entonces director del Descamisado, en su libro: “Fue al atardecer cuando, Firmenich llegó a la revista. Le fue suficiente decir ‘fuimos nosotros’ para sumirnos en el silencio. Montoneros no firmaría la acción. No alcanzaron las dos horas que Firmenich se quedó en el Desca para explicar lo inexplicable ante treinta personas azoradas. Dijo que había que defender el espacio conquistado en la lucha contra la dictadura. Subrayó la necesidad de oponerse al Pacto Social, del que Rucci era la pata sindical. Poco menos de un año después, Firmenich explicaría: ‘Creímos que tirándole al viejo un fiambre sobre la mesa íbamos a poder negociar en mejores condiciones, y la historia nos demostró que no era así. Fue una decisión política equivocada’”.

Rucci muerto
José Ignacio Rucci yace sin vida sobre la vereda de la calle Avellaneda

El exmilitante montonero Enrique Gil Ibarra en su libro Paredón y después: “Pese a que la organización Montoneros jamás reconoció ser autora del hecho, la mayor parte de los integrantes de la organización lo asumieron como propio: se la llamó ‘Operación Traviata’ por lo de los ’23 agujeritos’-. Años más tarde, informalmente, compañeros de la conducción reconocieron que le ‘habían tirado un muerto a Perón, para condicionarlo y demostrarle poder’”.

Ex militante montonero y escritor Horacio González: “Yo personalmente imaginé que había una autoría de esa índole y por eso mismo junto a muchas otras personas decidimos dar un paso al costado al poco tiempo de la organización. Rucci es una criatura de él, no era una criatura del peronismo, era un hombre de la extrema fidelidad a Perón. Creo que Perón valoraba mucho a Rucci, era el secretario General de la CGT y además era el líder de la UOM. Montoneros sabía que si tocaba a Rucci de esa manera -aunque la historia nunca es fácil de predecir- iba a estar en el límite, y que Perón iba a aceptar esta fuerza antagónica e iba a aceptarlo en conciencia histórica de un modo dialéctico, con negatividad”.

El exjefe militar de Taco Ralo FAP Néstor Verdinelli: “Montoneros siguió empecinado en dar la lucha en ese terreno superestructural. Esa estrategia culminó con el asesinato de Rucci. Que fue hecho para presionarlo a Perón, para obligarlo a negociar. Error capital, cometido tanto por incapacidad de análisis como por desconocimiento elemental de Perón y su psicología. Rucci era un incondicional de Perón y en su historia no hay nada que justifique matarlo. Allí sellamos la separación de las fuerzas populares y las organizaciones armadas. Después sería sólo un proceso inevitable el ir siendo masacrados a manos de los criminales más crueles de nuestra historia”.

El exmilitante montonero Jorge Rachid: “Cuando lo matan a Rucci, estábamos con Greco en la JTP y nos vamos a verlo al Canca en la calle Chile. Empezamos a redactar un comunicado de repudio acusando a la CIA y a los servicios cuando llega un compañero ‘comandante’ que nos dice: ‘¡Paren, boludos! ¿Qué están haciendo? Si lo hicimos nosotros…’. Para nosotros fue como un mazazo por dos cosas. Primero porque nosotros -pese a estar en JTP- no le teníamos animadversión. Más enemigo nos parecía Lorenzo Miguel porque, en términos de poder político, era más fuerte que Rucci, que era el delegado de Perón. Matarlo a Rucci era matarlo a Perón porque Rucci no tenía otro poder que no fuese Perón. Pero, Lorenzo Miguel -que era el jefe del aparato, de las 62, de la UOM, el gremio más poderoso del sindicalismo- estaba hablando con la conducción de la ‘Orga’”.

Hernán Patiño Mayer contó que al día siguiente tenían una reunión con el jefe montonero Horacio Mendizábal: “Antes de bajar a buscarlo habíamos estado un rato frente al televisor mirándolo a Perón en el entierro de Rucci en Chacarita y haciendo nuestras especulaciones. En ningún momento se nos ocurrió la posibilidad de que algún peronista pudiera haber cometido tamaña barbaridad. Bajamos Pedro y yo para ir a buscarlo a Mendizábal. Y en el ascensor le dije: ‘¡qué hijos de puta los del ERP 22 que lo hicieron boleta a Rucci!’. Mendizábal nos miró, casi diría como si fuéramos –tal vez lo éramos- unos pelotudos y nos dijo ‘fuimos nosotros’”.

Juan Julio Roqué- Montoneros- asesinato de José Ignacio Rucci
“Matarlo a Rucci era matarlo a Perón porque Rucci no tenía otro poder que no fuese Perón”, contó el exmilitante montonero Jorge Rachid

El militante de la Resistencia Peronista Pancho Gaitán:“Los combativos en el movimiento obrero argentino teníamos una presencia interesante. Sin embargo éramos parte del movimiento obrero argentino en su globalidad, éramos parte de sus contradicciones e incluso con el propio Rucci nosotros teníamos contradicciones. Pero de ninguna manera este hecho o las diferencias podían confundirnos en plantear que su asesinato fuera un hecho revolucionario que sirviera a los intereses del peronismo; al contrario, nosotros creemos que fue un hecho contrarrevolucionario, que fue un vil y creemos que atentó contra Perón, contra la conducción de Perón y contra el conjunto del movimiento obrero”.

El exmilitante de FAP y Montoneros Marcela Durrieu:“La muerte de Rucci fue una provocación abierta. Hasta entonces, salvo excepciones como la muerte de Aramburu, la violencia era contra el enemigo externo y contra objetivos simbólicos. Las organizaciones peronistas no asesinaban personas, y menos civiles, cualquiera fuera su condición política o moral. Los muertos eran en enfrentamientos y, aún así, se consideraban un error en la planificación militar. El ‘relato’ de Ezeiza fue la excusa para matar personas ‘en defensa propia’. Fue una buena ocasión para declararse víctimas del peronismo y en definitiva de Perón”.

El exmilitante de las FAP y del MVP Vidal Giménez: “Otra muestra de cinismo político fue la táctica de ‘Operaciones Negras’ dentro de la cual acomodaron el asesinato de Rucci. Cuando nos enteramos por los medios todos pensábamos que había sido la CIA. Dejamos de ser la organización polìtico militar revolucionaria para convertirnos en una mafia manejada por padrinos: la ética y la moral revolucionaria se iban transformando en el más vulgar maquiavelismo, con el único objetivo de competir con Perón por el liderazgo del Movimiento Peronista con métodos de chantajes constantes, mentiras y violencias”.

Arturo Armada: “Fue clave el acontecimiento que todo disidente recuerda y menciona como detonante de la disidencia, lo inaceptable, lo insoportable. Que a dos días del triunfo de Perón en las elecciones presidenciales, con el 62% de los votos, se matara al hombre confianza de Perón, su hombre en el sindicalismo, en la CGT, nos gustara o no. Rucci no nos gustaba, pero matarlo era imbancable.”

Miguel Saiegh: “La presencia de Rucci en la CGT era decisiva para sostener el Pacto Social de Gelbard, porque había que generar una instancia de contención que era la CGT. Más allá de que quizás se exageró con los precios controlados o congelados; el acuerdo tripartito estaba; con tropiezos pero funcionaba. Por izquierda y por derecha se empieza a torpedear el proyecto de Perón. La muerte de Rucci, a los pocos días de Perón Presidente, es un hecho gravísimo. No es sólo el daño que le hacen a Perón amputándole uno de sus brazos, es que ese brazo le ayudaba a sostener todo un andamiaje tanto político como económico-social”.

Juan Julio Roqué- Montoneros- asesinato de José Ignacio Rucci
“Años más tarde, informalmente, compañeros de la conducción reconocieron que le ‘habían tirado un muerto a Perón, para condicionarlo y demostrarle poder’”, dijo el exmilitante montonero Enrique Gil Ibarra

Rescaté solo una parte de los registrados en La Lealtad poniendo aquellos cuyos nombres han tenido mayor protagonismo público y pueden ser reconocidos fácilmente. Los demás testimonios han ido apareciendo en libros mas recientes.

Como habrán leído, nadie, ni siquiera los militantes montoneros muy reconocidos, mencionan a la CIA, el Mossad, la Triple A o el ERP como posibles autores del hecho.

No me gusta hacer historia contrafáctica, pero si Montoneros no hubiese dado este paso de “tirarle un cadáver sobre la mesa” para romper con Perón, con el Movimiento Obrero y con el resto del peronismo, muy probablemente la historia hubiese sido otra.

Perón le había dado a la Tendencia Revolucionaria un enorme espacio de participación y poder en siete provincias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Mendoza, Santa Cruz, San Luis y Formosa. El Ministerio del Interior, el Ministerio de Educación, y las universidades nacionales eran manejadas por cuadros afines a Montoneros, además del 25% de los cargos electivos, concejales y legisladores provinciales y nacionales.

A toda costa, el General intentaba minimizar las diferencias, hacer caso omiso a los cánticos de “conduccion Montoneros y Perón” (en ese orden), a las críticas al Pacto Social y su plan de gobierno. El 6 de septiembre Perón estuvo reunido dos horas a solas con Quieto y Firmenich, y dos días después en una reunión que ellos convocaron, con todos los grupos de juventud. Pero para esa fecha, el equipo operativo que seguía a Rucci, ya había detectado su domicilio, y esperaba el momento para su asesinato.

Entre otros efectos, la muerte de Rucci, fue un fuerte golpe a la menguada salud del presidente.

No se puede hacer historia contrafáctica. Pero a 53 años vista, el asesinato de Rucci, fue la declaración de guerra de Montoneros a Perón. Y sin dudas un parteaguas en la ya convulsionada y violenta etapa del 73 al ’76 que va a descarrilar definitivamente con la muerte del General el 1° de julio de 1974.

Fuentes: Juan Manuel Abal Medina, Conocer a Peron, Planeta. Miguel Bonasso, Diario de un clandestino, Planeta. Roberto Mero, Conversaciones con Juan Gelman- Contraderrota, Contrapunto. Revista Todo es Historia Nº314. Horacio Verbitsky, Diego Sztulwark, Vida de Perro, Siglo XXI. Pilar Calveiro, Política y/o violencia, Norma. Película El Golpe, una producción para TV de Anima Films y The History Chanel Latinoamerica, dirigida por Matias Geilburt, con la locución de Gastón Pauls. Enrique Gorriarán Merlo, Memorias de Enrique Gorriarán Merlo, Planeta. Juan Gasparini, Montoneros Final de Cuentas, Punto Sur. arlos Flaskamp, Organizaciones Político Militares, Nuevos Tiempos. Jose Amorin, Montoneros la buena historia, Catálogos. Grassi Ricardo, El Descamisado, Sudamericana. Enrique Gil Ibarra, Paredón y después, Ayesha libros. La lealtad-los montoneros que se quedaron con peron.