
Una revisión de ensayos clínicos encontró que consumir entre cuatro y seis porciones diarias de cereales integrales se asoció con las mejoras más amplias en diversos factores de riesgo cardiovascular. Ese volumen equivale a 60 a 100 gramos por día en peso seco y se vinculó con cambios en el peso corporal, la circunferencia de cintura, la presión arterial y varios marcadores sanguíneos.
Los cereales integrales ocupan desde hace tiempo un lugar en las pautas de alimentación vinculadas con la prevención cardiovascular, aunque las recomendaciones no siempre precisan una cantidad capaz de producir cambios medibles. La nueva revisión aporta una referencia cuantitativa a esa discusión: los beneficios comenzaron a apreciarse desde los 30 a 40 gramos diarios, pero el efecto más consistente apareció en el rango superior de 60 a 100 gramos.
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El hallazgo no convierte una cifra determinada en una regla universal ni demuestra por sí mismo que esta pauta prevenga infartos, accidentes cerebrovasculares o muertes por enfermedad cardiovascular. La revisión evaluó marcadores cardiometabólicos, un conjunto de mediciones que incluye variables del metabolismo y del sistema circulatorio, y reunió resultados de intervenciones de duración limitada. Su aporte consiste en precisar cuál fue la cantidad de granos integrales asociada con resultados favorables dentro de los ensayos disponibles.

El estudio publicado en la revista europea European Heart Journal, titulado Whole-grain consumption and cardiometabolic risk: a meta-analysis of randomized trials, reunió 87 ensayos clínicos aleatorizados con 6.529 adultos de Asia, Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y Brasil. El trabajo, encabezado por Sina Naghshi y otros investigadores, comparó niveles más altos y más bajos de consumo de cereales integrales para evaluar su relación con variables vinculadas al riesgo cardiometabólico.
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Según indicaron los autores en el artículo, hubo pruebas de alta certeza para reducciones en el peso corporal, la circunferencia de cintura, el colesterol total y la interleucina 6 que es una proteína relacionada con procesos inflamatorios, por lo que su medición permite observar una señal biológica asociada con la inflamación.
El análisis también halló pruebas de certeza moderada para mejoras en el colesterol LDL, los triglicéridos, la presión arterial sistólica, la glucosa en ayunas y la resistencia a la insulina.
Los investigadores identificaron cambios desde 30 a 40 gramos diarios, pero las asociaciones más firmes para la mayoría de los parámetros se concentraron entre 60 y 100 gramos de peso seco.
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Esa cantidad se estimó como el equivalente de cuatro a seis porciones diarias, un rango que se ubica en el extremo alto de varias pautas alimentarias vigentes. Los autores aclararon que la relación entre cantidad consumida y resultados no fue lineal.

La medida diaria puede traducirse en alimentos habituales sin concentrar todo el consumo en un único plato. El estudio incluyó como ejemplo un tazón de avena, un sándwich preparado con pan integral y una porción de arroz integral. La combinación ilustra cómo alcanzar una cantidad cercana al rango analizado a lo largo del día, aunque las porciones concretas dependen de cada alimento y de su forma de preparación.
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La investigación examinó intervenciones basadas en granos integrales y no productos refinados. Según explicaron los autores en European Heart Journal, una ingesta más alta de estas opciones se asoció con cambios modestos en varios factores al mismo tiempo, entre ellos el peso corporal, el colesterol, la glucosa y la presión arterial. Los resultados no atribuyen la modificación de todos esos valores a un único mecanismo.
Los ensayos incluidos tuvieron una duración media aproximada de ocho semanas. Además, la revisión no siguió eventos clínicos como infartos, accidentes cerebrovasculares o muertes, sino que registró variaciones en factores asociados con el riesgo cardiovascular.
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Por esa razón, los autores señalaron en el artículo que se necesitan estudios de mayor duración para definir con más precisión el nivel de consumo que podría maximizar los beneficios observados.
La información disponible fue más limitada en los niveles de consumo elevados, especialmente por encima de los 140 gramos diarios en peso seco. Por eso, el estudio no permite establecer con certeza si superar ampliamente las seis porciones diarias aporta beneficios adicionales.