El clima extremo diezma los cultivos en Europa: estos agricultores tienen una solución

calendar_today 16.10.2026 - person  - timer ~9 Minutos

Almendros diezmados por las heladas, tomates afectados por el calor y calabazas de Halloween encogidas por la sequía: ha sido un año muy duro para la agricultura en Europa.

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El verano cálido y seco, que habría sido \"prácticamente imposible\" de no ser por el cambio climático, ha reducido la cosecha de cereal prevista en el continente en unos 16,7 millones de toneladas, un descenso que ha costado a los agricultores más de 3.000 millones de euros, según la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU).

"Tras este verano, muchos agricultores europeos están al límite", afirma Josefine Herz, directora general de la European Alliance for Regenerative Agriculture (EARA).

"Un año los precios se hunden porque han producido demasiado, al siguiente la sequía les castiga simplemente por producir, y cada vaivén entrega una parte mayor del negocio a los mismos pocos transformadores y distribuidores, que además suben los precios al consumidor."

La asociación francesa de productores de hortalizas Légumes de France advirtió en julio de que las pérdidas en algunos sectores podrían alcanzar el 50%.

Las perturbaciones en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, provocadas por la guerra contra Irán, han añadido presión sobre el suministro de combustible y de fertilizantes, mientras que la sequía ha restringido el tráfico de mercancías en algunas vías navegables europeas. En conjunto, estos problemas en la cadena de suministro aumentan la preocupación por el coste de la actividad agraria y por la seguridad del abastecimiento de alimentos.

Pero ¿puede cambiar la forma en que cultivamos abrir la puerta a un futuro más seguro?

La diversificación de cultivos ayuda a los agricultores a capear los extremos

En Curly Creek Ranch (fuente en inglés), en el País Vasco español, los tomates, uno de los cultivos más rentables de la explotación, que se venden a 7 euros/kg, dejaron de florecer con el calor extremo.

"Imagina la longitud de la planta de tomate y que el tercio central tenga un hueco sin fruto. Nunca habíamos visto algo así", explica la agricultora Meghan Sapp, que además es directora de relaciones externas de EARA (fuente en inglés). La floración se ha reanudado desde entonces y espera que una temporada más tardía de lo habitual compense parte del déficit.

La falta de agua también ha afectado a las calabazas de Halloween de la granja, que este año son más pequeñas de lo normal, mientras que las altas temperaturas dejaron el maíz con "signos tempranos de quemado en las hojas, algo que nunca habíamos visto", comenta Meghan.

El calor también ha dejado al descubierto las debilidades del suministro de agua local, incluida una infraestructura con fugas: Curly Creek Ranch recibió repetidamente menos de la dotación diaria prevista, lo que obligó a las autoridades a enviar 50.000 litros en camiones cisterna.

Pero la diversificación ha ayudado a repartir el riesgo.

"Muchos años no obtenemos ni una sola berenjena por falta de calor y aun así las plantamos igual, por si acaso", explica Meghan. "Este año esa apuesta ha salido bien... por primera vez hemos tenido una cosecha enorme."

Es una estrategia que también está funcionando para agricultores más al sur de España.

"Históricamente, nuestra finca dependía en gran medida de los cereales", señala Yanniek Schoonhoven, propietario de la explotación La Junquera (fuente en inglés) en Murcia. "Nos hemos ido diversificando poco a poco, buscando sistemas mejor adaptados a un clima cada vez más imprevisible."

Las plantas aromáticas, como el romero, la lavanda, la salvia y el orégano, están especialmente bien adaptadas a las condiciones secas del Mediterráneo. Además obtienen buenos precios, en torno a 2.000 euros por hectárea, con unos costes de alrededor de 1.000 euros, según Yanniek. Los pistachos, que también soportan bien el clima seco, aportan aún más ingresos: unos 2.350 euros por hectárea con costes similares.

Pero unas heladas en un periodo crítico arrasaron los almendros de La Junquera, una "pérdida muy significativa" de alrededor de 700 a 1.050 euros por hectárea.

Los retos de alejarse de los cultivos básicos

A pesar de los márgenes atractivos de ciertos cultivos resistentes a la sequía, el cambio no es sencillo.

Aunque las aromáticas pueden destilarse en aceites esenciales, un producto de mayor valor que el grano, "estos mercados requieren transformación, inversión y compradores fiables", explica Yanniek.

Los cereales y las semillas oleaginosas, en cambio, son cultivos básicos: productos estandarizados que se venden a granel, con precios marcados en gran medida por los mercados internacionales. Los agricultores pueden tener compradores habituales para sus cosechas, pero tienen poco margen para cobrar más por la resiliencia climática. En La Junquera, el trigo genera alrededor de 600 euros por hectárea frente a unos costes de 500 euros, según Yanniek.

Sin embargo, las subvenciones tienden a favorecer estos cultivos. La Política Agrícola Común (PAC) de la UE concede las ayudas básicas a la renta por hectárea cultivada, no por tipo de cultivo ni por producción, de modo que más financiación fluye de forma natural hacia las explotaciones de gran tamaño, que a menudo se dedican a los cultivos básicos. La UE también interviene si los precios de mercado de estos productos caen por debajo de un determinado umbral.

Pero estos cultivos tampoco son inmunes a la meteorología extrema. En Gut Weimarschmieden, una finca de 700 hectáreas de agricultura ecológica de conservación en Fladungen, Alemania, la cebada de verano y el trigo de invierno tuvieron dificultades por el calor, cuenta el responsable Maximillian Krimm, mientras que los campos de maíz produjeron unas 17 toneladas en lugar de las 25 a 30 habituales.

El espelta y la colza se comportaron mejor. Maximillian también está estudiando cultivar escanda, una variedad antigua de trigo cuyos rendimientos son entre un 20 y un 30% inferiores a los del trigo convencional, a cambio de un precio solo ligeramente superior. "En general no cultivamos mucho producto de menor valor porque los precios no lo justifican", afirma.

Recuperar la salud del suelo puede cambiar las cosas para los agricultores europeos

La producción de cultivos básicos también favorece métodos intensivos que empobrecen el suelo y generan emisiones, en particular por el uso de fertilizantes sintéticos, y la mera elección del cultivo no basta para corregirlo.

"Un cultivo tolerante a la sequía plantado en un suelo muerto y compactado dentro de una zona cero de biodiversidad seguirá teniendo problemas, porque ya no queda nada que retenga el agua cuando llega", afirma Lily Maxwell-Lwin, responsable de incidencia de la organización internacional sin ánimo de lucro Commonland (fuente en inglés).

Su equipo trabaja con comunidades locales en más de 50 países para restaurar paisajes degradados mediante un enfoque holístico que combina impacto social, recuperación de la biodiversidad, retorno económico y orgullo por el territorio.

"En la mayoría de las explotaciones de cultivo de nuestra región, años de laboreo, monocultivo y uso de insumos sintéticos han convertido el suelo en una tierra dura y seca, con bajos niveles de carbono orgánico, lo que limita su capacidad para infiltrar y retener la lluvia cuando llega. En lugar de eso, el agua escurre y provoca erosión", explica Meghan.

Un suelo más sano puede aumentar los rendimientos, reducir la necesidad de fertilizantes sintéticos costosos y almacenar más agua, lo que alivia tanto las sequías como las inundaciones. "Hemos visto cómo paisajes degradados se transforman en una década: suelos que se encostraban vuelven a absorber la lluvia, laderas que antes dejaban escurrir el agua empiezan a comportarse como esponjas", explica Lily.

En La Junquera, las balsas, las zanjas de infiltración, la cubierta vegetal y el diseño 'keyline' ralentizan la escorrentía y aumentan la infiltración. "Para nosotros, adaptarnos a la sequía no consiste en encontrar más agua. Se trata de aprovechar mucho mejor cada gota de lluvia que cae", sostiene Yanniek.

Eso es lo que da a los cultivos resilientes "una oportunidad real", apunta Lily. "Si queremos que los agricultores asuman el riesgo de pasarse a variedades de menor rendimiento pero más resistentes al clima, primero tenemos que invertir en recuperar la tierra sobre la que crecen, no limitar-nos a entregarles una semilla distinta y dar el trabajo por hecho."

¿Qué apoyo necesitan los agricultores de los gobiernos?

El sistema de subvenciones de la PAC de la UE sí premia prácticas regenerativas como la rotación de cultivos, las cubiertas vegetales y la plantación de especies fijadoras de nitrógeno, que producen fertilizante natural y mejoran la salud del suelo. Pero los agricultores siguen asumiendo en gran medida en solitario los costes y la responsabilidad de aplicar estas medidas, con poco reconocimiento por los beneficios que aportan a la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la salud humana.

"Necesitamos políticas que reduzcan el riesgo para que los agricultores puedan adaptarse", reclama Yanniek, que señala la importancia de mejores seguros frente a sequías y heladas y de apoyo financiero durante los años que lleva establecer cultivos perennes.

Meghan pide a los responsables políticos regionales que actúen con rapidez y financien la transición hacia una gestión regenerativa de la tierra, mediante servicios de asesoría, seguros de transición y coinversión en nueva maquinaria.

Los agricultores de EARA logran cosechas iguales o mejores con menos agua y menos insumos, señala Josefine, pero "ni el mercado ni la PAC pagan la resiliencia que se construye". Reclama "un mercado justo y una PAC que pague por resultados, no solo por prácticas y hectáreas, para que la resiliencia deje de ser un coste que los agricultores soportan en solitario".

Uno de los agricultores de la alianza, Gunnar Thelin, de Västra Gatugård, una explotación de cinco hectáreas en Vederslöv, Suecia, traza cómo podría funcionar: mediciones por satélite a lo largo de la temporada comprobarían que la fotosíntesis se sitúa por encima de un nivel acordado para la región y que el suelo desnudo y la temperatura del suelo se mantienen por debajo de niveles acordados.

Si se cumplen esos criterios se recibe dinero de la PAC; si no, no. "Ese es el incentivo para pasarse a lo regenerativo", resume.

No todo el mundo está convencido. Maximillian afirma que "no es muy partidario de las subvenciones" y cree que los agricultores simplemente deben adaptarse mediante la agricultura regenerativa. Solo con mejores precios, sostiene, no se resolverá el problema de fondo.

Pero para muchos, un mercado justo sigue siendo la pieza que falta. "Cultivar un producto resistente a la sequía es solo la mitad de la solución", dice Yanniek. "Los agricultores también necesitan un mercado que pague lo suficiente para que merezca la pena cultivarlo". Sin él, advierte Josefine, "Europa pierde así cientos de explotaciones al día, precisamente las explotaciones que tienen en sus manos las soluciones para regenerarla".