El avance de las zonas áridas podría superar el 40% de la superficie terrestre hacia fines de siglo y alterar el mapa climático global

calendar_today 09.09.2026 - person  - timer ~8 Minutos

Terreno seco y agrietado con pequeñas gotas de lluvia y una persona al fondo bajo un cielo nublado.

Un nuevo estudio estimó que las zonas áridas podrían cubrir hasta el 40,28 por ciento de la superficie terrestre hacia fines de este siglo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las zonas áridas del planeta podrían expandirse hasta ocupar más del 40% de la superficie terrestre hacia fines de siglo, según un estudio que revisó uno de los puntos más discutidos en las proyecciones climáticas sobre sequedad: el efecto del aumento de dióxido de carbono sobre el uso del agua por parte de las plantas.

El trabajo, publicado en la revista Environmental Research Letters, sostuvo que la tendencia de avance de estas regiones continúa, pero con una velocidad más moderada que la que indicaban varios cálculos previos.

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La novedad central no estuvo solo en la cifra final. El aporte del trabajo pasó por el método. El equipo incorporó a sus proyecciones una corrección que considera cómo el CO₂ altera la transpiración vegetal y, por esa vía, modifica la forma en que se calcula la aridez.

Esa decisión redujo las estimaciones más extremas y también reordenó el mapa de las áreas donde la sequedad podría intensificarse con más fuerza en las próximas décadas.

Infografía con la cifra de 40,28%, esquemas sobre el dióxido de carbono en las plantas, un gráfico de barras y mapas de áreas secas.
Una infografía detalla que las zonas áridas alcanzarán el 40,28% de la superficie terrestre hacia 2100, con Australia y Brasil entre las regiones más expuestas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las zonas áridas abarcan territorios donde el agua disponible no alcanza para compensar la pérdida por evaporación del suelo y transpiración de la vegetación. Esa relación define ecosistemas frágiles, con límites sensibles a pequeñas variaciones del clima. Cuando esas fronteras se desplazan, cambian los paisajes, cae la cobertura vegetal y crece la presión sobre actividades humanas que dependen del agua, desde la producción agropecuaria hasta el abastecimiento de poblaciones enteras.

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Los autores advirtieron que ese corrimiento ya merece atención global por sus consecuencias sobre el desarrollo sostenible.

En el artículo señalaron: “Las zonas áridas son altamente vulnerables al cambio climático, pero su reciente redistribución espacial y su evolución futura aún no se comprenden del todo. Las proyecciones convencionales suelen ignorar los efectos del CO₂ en la evapotranspiración potencial (ETP), lo que puede generar estimaciones de aridez más elevadas y alterar los patrones de los puntos críticos de cambio de aridez”.

Tallo vegetal con espinas largas y hojas verdes circulares junto a un cactus saguaro desenfocado y montañas.
Las proyecciones indicaron que la expansión de las tierras secas continuaría durante el siglo XXI, aunque con menor ritmo que en cálculos previos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para estimar la extensión actual y futura de las regiones secas, los investigadores usaron el llamado índice de aridez. Esa medida surge de dividir la precipitación de una zona por la evapotranspiración potencial, un indicador que resume cuánta agua podría perderse hacia la atmósfera por evaporación y por transpiración vegetal. Bajo ese criterio, un área se clasifica como árida cuando el índice queda por debajo de 0,65.

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La diferencia con muchos trabajos anteriores apareció en el modo de calcular esa evapotranspiración potencial. Con concentraciones más altas de dióxido de carbono, los estomas de las plantas, pequeños poros presentes en las hojas, tienden a cerrarse en parte. Ese ajuste fisiológico reduce la pérdida de agua. Si el modelo no incorpora ese cambio, puede exagerar la demanda atmosférica de humedad y, por lo tanto, ampliar de forma artificial la superficie considerada árida.

Esa omisión no resulta menor. Durante años, varios estudios proyectaron un avance más acelerado de la aridez global porque partieron de esquemas que no contemplaban ese efecto del CO₂ sobre la vegetación.

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El nuevo trabajo buscó cubrir esa brecha con un marco de evapotranspiración potencial modificado por dióxido de carbono, alimentado con registros meteorológicos de 1960 a 2023 y con modelos climáticos de la sexta fase del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados, conocido como CMIP6.

Distribución espacial de las zonas áridas globales y sus zonas climáticas asociadas entre 1994 y 2023 (a); porcentaje de cada zona climática (b). (Cai et al., Environmental Research Letters , 2026)
Distribución espacial de las zonas áridas globales y sus zonas climáticas asociadas entre 1994 y 2023 (a); porcentaje de cada zona climática (b). (Cai et al., Environmental Research Letters , 2026)

Con esa metodología, el equipo calculó que las zonas áridas ocuparon el 38,58% de la superficie terrestre global durante el período de referencia 1994-2023, sin contar la Antártida. El dato ofrece una fotografía actualizada del reparto de tierras secas en el planeta y, al mismo tiempo, sirve como base para medir cuánto podrían avanzar esas áreas bajo distintos escenarios de emisiones.

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El estudio también reconstruyó la trayectoria histórica. Entre 1960 y 2023, la extensión de las zonas áridas mostró oscilaciones, aunque dentro de una tendencia general de crecimiento.

Esa lectura importa porque sugiere que el proceso no forma una línea recta ni uniforme, pero sí mantiene una dirección consistente. Hacia adelante, los autores previeron que la expansión continuará durante el siglo XXI, aunque con un ritmo más lento que el registrado en la serie histórica y más moderado que el planteado por parte de la bibliografía anterior.

El trabajo incorporó el efecto del CO₂ sobre las plantas, y esa corrección moderó las estimaciones más extremas sobre aridez global ( REUTERS/Bernadett Szabo)
El trabajo incorporó el efecto del CO₂ sobre las plantas, y esa corrección moderó las estimaciones más extremas sobre aridez global ( REUTERS/Bernadett Szabo)

Ese matiz cambió el tono del diagnóstico, pero no eliminó la alarma. Según las proyecciones del estudio, la cobertura global de tierras áridas llegaría a entre 39,31% y 40,28% de la superficie terrestre en el tramo 2071-2100, según el escenario de emisiones considerado. El valor más alto equivale a un aumento de 2,37 millones de kilómetros cuadrados respecto del período de referencia, una superficie comparable con la de Argelia o con cerca de un tercio de Australia.

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La distancia con estimaciones previas resultó significativa. Un trabajo difundido hace una década había planteado que las zonas áridas podrían alcanzar hasta 56% de la superficie terrestre hacia 2100. El nuevo análisis no descartó la expansión, pero sí sostuvo que parte de ese salto obedecía a un sesgo metodológico. En otras palabras, la incorporación del efecto fisiológico del dióxido de carbono sobre las plantas no corrigió un detalle técnico menor: modificó la magnitud del fenómeno proyectado.

Un lagarto amarillo posado sobre una formación rocosa en un desierto con montañas en el horizonte bajo una luz anaranjada.
Según el período 1994 2023, las zonas áridas ya ocupan el 38,58 por ciento de la superficie terrestre del planeta, sin contar la Antártida (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio no se limitó a medir cuánto territorio seco habría a escala planetaria. También trazó un mapa de puntos críticos, es decir, regiones donde la aridez persistiría o ganaría terreno con más claridad. Allí aparecieron algunos de los cambios más relevantes del trabajo, porque la corrección aplicada al cálculo de la evapotranspiración no solo redujo la expansión total prevista, sino que además alteró la distribución espacial de los riesgos.

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En ese plano, Australia surgió como el caso más marcado. Los investigadores proyectaron que ese país enfrentará los cambios más pronunciados en la extensión de sus zonas áridas durante este siglo. Algunas partes del centro australiano incluso podrían pasar de una tendencia de humedad a una condición crítica de sequía, un desplazamiento que indicaría la formación de nuevos focos problemáticos dentro de un continente que ya carga con la condición de ser el habitado más seco del mundo.

Detrás de Australia apareció Brasil, otro de los territorios donde la sequedad persistente o en avance podría consolidarse como rasgo dominante en varias regiones. El norte de África también figuró entre las áreas más expuestas, en línea con una configuración climática que combina lluvias escasas, fuerte evaporación y alta sensibilidad a cualquier variación de temperatura o de régimen hídrico. En esa franja, el estudio ubicó a varios de los puntos críticos donde la aridez seguiría como amenaza sostenida.

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No todas las señales apuntaron en la misma dirección. Algunas zonas del noroeste de China podrían conservar tendencias de humedad, un resultado que muestra hasta qué punto el mapa futuro de las tierras secas no responde a una lógica homogénea. La redistribución de la aridez depende de interacciones regionales complejas entre lluvias, temperatura, vegetación y circulación atmosférica. Por eso, una de las principales advertencias del estudio consistió en no leer el cambio climático como un mecanismo lineal que empuja a todas las regiones secas de igual manera.

Australia apareció como la región con cambios más pronunciados, mientras Brasil y el norte de África figuran entre los focos críticos (REUTERS/Bernadett Szabo)
Australia apareció como la región con cambios más pronunciados, mientras Brasil y el norte de África figuran entre los focos críticos (REUTERS/Bernadett Szabo)

La clasificación interna de las zonas áridas también permitió observar qué tipos de ambientes dominaron hasta ahora y cuáles crecerían con más fuerza. Dentro de la estimación actual, las áreas semiáridas representaron 14,72% de la superficie terrestre, lo que las convirtió en el subtipo más extendido. Las zonas áridas propiamente dichas, concentradas en especial en Australia y China, alcanzaron 11,24%. Las regiones secas subhúmedas cubrieron 6,35%, con peso importante en China y Rusia. Las hiper áridas, presentes en países como Argelia, Libia y Arabia Saudita, ocuparon 6,27%.

Entre esos cuatro grupos, las hiper áridas mostrarían el mayor incremento hacia fines de siglo. Ese punto agrega una capa de preocupación, porque se trata de los ambientes más extremos dentro del continuo de sequedad. Si su expansión gana espacio, el problema ya no se limita al avance de condiciones secas sobre áreas vecinas, sino a la profundización de escenarios donde la escasez de agua resulta todavía más aguda y limita con mayor dureza la actividad biológica y humana.

Los autores subrayaron que estos resultados ofrecen una señal climática útil para identificar regiones donde los riesgos podrían reconfigurarse de manera espacial.

En su texto escribieron: “Considerar los efectos del aumento del CO₂ modera la expansión proyectada de las zonas áridas y altera el patrón espacial de los puntos críticos de sequía y humedad en comparación con los enfoques que no tienen en cuenta los efectos del CO₂ sobre la evapotranspiración potencial (ETP)”.