Actualizado Domingo, 23 agosto 2026 - 19:27
La rebelión se paga siempre a un alto precio. En todo contexto, pero en el fútbol, cuando uno hace ascos al escudo que viste, la marcha atrás es casi imposible. Sólo unos cuantos elegidos lo consiguen, previo acto de contrición sincero para conseguir el perdón. Los atléticos se la tienen jurada a Julián Álvarez por querer cambiar las barras rojiblancas por las azulgrana y el argentino muestra un rictus serio y demasiado alejado del arrepentimiento. Su semblante es de ausente desde hace días y no varió ni un ápice cuando todo el Metropolitano le dedicó tremendas pitadas. Es la imagen de un gran duelo ante un descarado y sólido Villarreal que obligó mucho al Atlético, agarrado a Oblak. [Narración y estadísticas: 2-2]
El Atlético no buscó otro 9 para este partido. Simeone sabe que todo se arregla con goles y lo quiere en la plantilla, pero se lo sentó en el banquillo ante el chaparrón que se avecinaba. El mercado sigue abierto y, pese a que el club repite que no quiere vender, el jugador estira la cuerda. Por eso, el técnico confió la tarea a Kang In y Lookman, pero la primera ocasión fue para Grimaldo. El lateral debutaba y tardó dos minutos en enseñar el veneno que tienen sus golpeos con un zurdazo desde el pico del área que estrenó los guantes de Luiz Junior. Le tocaría después sufrir para contener a Pépé. El Villarreal, un equipo reconocible que apenas ha hecho incorporaciones, esperaba paciente que descorchara el partido sin conceder ni un metro de más al equipo de Simeone, sin que eso supusiera no pisar área. Pubill tuvo que rebañar un gol de Mikautadze, que cazó un centro de Gueye desde la orilla derecha.
En un duelo de dominio alterno y eléctrico, respondió Giuliano sacando un disparo en un palmo que desvió Foyth para evitar que cogiera portería. El Atlético apretaba y manejaba el juego, pero el conjunto amarillo amenazaba.
El meta Luiz Junior volvió a aparecer para recoger un tiro flojo de Rodrigo Mendoza mientras Kang In buscaba cualquier hueco desde donde pudiera mandar el balón a buscar portería. Pero el Villarreal estaba cómodo, no caía en la trampa de conceder metros para la carrera de los velocistas y, aunque le costaba atacar en estático las ordenadas líneas rojiblancas, acabó la primera parte obligando a Oblak a mantener el empate. Lo tuvo en sus botas Ayoze tras una triangulación iniciada por Comesaña en el costado derecho y aceleró en el área Mikautadze con un pase magistral que dejó solo al canario ante el guardameta esloveno.
En el inicio de la segunda mitad se agigantó el equipo de Íñigo Pérez. Se lanzó el georgiano hasta la línea de fondo para poner un centro que salvó Oblak que, de nuevo, atajó el golpeo de Pépé tras quebrar dos veces a Grimaldo. Justo en ese momento, el Atlético se puso por delante en el marcador con una pared entre Pubill y Giuliano que acabó con un disparo letal del lateral desde la frontal del área.
Era el momento de agitar el duelo en los banquillos, providencial para el Villarreal. Buchanan y Gerard Moreno, al campo para protagonizar el empate. Al canadiense lo derribó en el área Hjulmand, que había hecho una buena primera parte en ayudas defensivas, y Gerard Moreno no perdonó desde el punto de penalti en el minuto 66.
Entonces, Simeone llamó a Julián Álvarez y, pese a disfrazarlo con la salida también de Llorente y Barrios, el argentino se llevó otra pitada unánime y algunos insultos desde parte de la grada. Marcar era la única forma de iniciar el camino de la redención, aunque todo se complicó.
Una carrera de Mikautadze a la contra, mano a mano con Le Normand, acabó con el central empujándole en el área para desequilibrarle en el mano a mano con Oblak. El VAR avisó a Hernández Hernández, que señaló penalti y enseñó la roja al defensa. Esta vez fue Mikautadze quien marcó para la remontada.
Sin embargo, al Atlético nunca se le puede dar por muerto, ni en inferioridad, y apareció Baena en el minuto 84 para enfilar una conducción endiablada y filtrar el balón a la carrera diagonal de Giuliano, que lo cruzó ante Luiz Junior para poner el empate en el marcador. Al duelo de golpes quiso entrar el Villarreal y tuvo que salir, otra vez Oblak para despejar el disparo casi a bocajarro de Buchanan. La revolución que intentaron los colchoneros fue imposible mientras las miradas estaban en Julián Álvarez, que apenas tocó balón y solo probó un disparo en el minuto 90.
Con el partido acabado, su soledad en el círculo central fue significativa, pero más aún cuando enfiló el túnel de vestuario mientras toda la plantilla agradecía a la grada su apoyo. "Ha sido una decisión del club. Le pidieron que no se acercara a la gente", explicó Simeone tras el partido. El Metropolitano ya no es un lugar feliz para La Araña.