En una esquina de la Feria Internacional del Libro de Quito, Ecuador aparece convertido en páginas. Está en las leyendas que Andrea Pérez Briones y Camilo Ponce llevaron hasta una ciudad imaginaria llamada Puerto Gris; en las ruinas de Pedernales que Alejandro Camilo Ponce Cahuasquí reconstruye diez años después del terremoto; en los recuerdos, dichos y saberes de Loja que Paulina Gutiérrez Vid, mejor conocida como Panny, rescata para su nieta; y también en la naturaleza amazónica que Alexandra Lázaro pone en los ojos de Capy, un ronsoco que descubre, junto con sus amigos, los secretos de la selva.
Son historias distintas, para lectores distintos, pero todas parten de un mismo territorio: la necesidad de contar quiénes somos antes de que parte de esa memoria desaparezca.
Andrea Pérez Briones y Camilo Ponce comenzaron a escribir desde adolescentes y en 2024 publicaron La Diablada de Puerto Gris, una novela de 256 páginas que toma personajes de leyendas ecuatorianas y los reinventa en un escenario contemporáneo.
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María Angula, la Posorja, el padre Almeida, la Dama Tapada y Bella Aurora dejan de pertenecer únicamente al imaginario tradicional y aparecen dentro de Puerto Gris, una ciudad ficticia construida para condensar elementos de Ecuador y Latinoamérica.
En la historia, un rayo desencadena acontecimientos sobrenaturales y María Angula descubre que su cámara puede revelar espectros. Los autores explicaron que su intención no era simplemente volver a contar las leyendas, sino reinventarlas y llevarlas a otro tiempo.
“Aparte de que unimos las leyendas en una sola historia, las actualizamos y buscamos historias que puedan llegar a la gente. En nuestra historia, María Angula es una youtubera que sube videos tenebrosos a YouTube y uno de esos videos se vuelve viral porque se ven las tripas de un cadáver”, explicó Camilo Ponce, autor del libro.
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Ahora Camilo Ponce cambia las leyendas por la memoria de una tragedia real. Raíces entre las grietas, publicada en septiembre de 2026, es una novela de ficción histórica dirigida a jóvenes adultos y de 172 páginas.
Su protagonista es Esmeralda, una niña de 13 años que vive en Pedernales el terremoto de 2016 y cuenta cómo la tierra se abre y aquello que conocía termina convertido en escombros.
Su relato se entrelaza con el del profesor Junín, otro sobreviviente, para enfrentar dos maneras de recordar una misma tragedia: la mirada de quien era niña cuando ocurrió y la memoria de quien la reconstruye desde la adultez.
“Cuento lo que casi no vimos. Cómo la gente comenzó a vivir, los problemas que tuvieron con sus familias, la migración que se dio, la gente viviendo en los albergues durante meses, pero todo desde la visión de una niña de 13 años llamada Esmeralda”, detalló Ponce.
Pero la memoria ecuatoriana no termina en Manabí. Paulina Gutiérrez Vid, conocida como Panny, mira hacia Loja y recoge en Ayeres nuestros aquello que puede desaparecer cuando una generación deja de transmitirlo: tradiciones, saberes, dichos y recuerdos de una ciudad y de una forma de vivir.
El punto de partida es íntimo: la autora mira a su pequeña nieta y encuentra en ella una razón para conservar aquello que pertenece a sus propios “ayeres”.
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Así, el libro se convierte en un puente entre generaciones: una abuela que recuerda y una niña que todavía tiene que descubrir el significado de esas palabras, costumbres y relatos.
“Esta es mi primera publicación, lo hice de manera individual, primera vez que me atrevo a dejar leer lo que yo escribo. Es una historia de gente que migró a Loja, historias de familias que tuvieron que conocerse y hay un sincretismo muy hermoso de culturas”, mencionó Gutiérrez.
De un pequeño cuento para su nieta, quien nombra a sus muñecas como a sus antepasados, fue que María reafirmó ese sentir por escribir y solo dejó que la imaginación fluyera para estrenar Ayeres nuestros.
Mientras unas páginas miran hacia el pasado, otras llevan a los lectores más pequeños hacia la Amazonía. Capy, un ronsoco en el Amazonas, presentada este sábado 3 de octubre en la FIL Quito, sigue a Capy y sus amigos en una aventura por el universo amazónico.
La obra está dirigida al público infantil y combina narración, prosa poética, poemas y caligramas con temas como la amistad, la resiliencia, el trabajo en equipo, la diversidad y el cuidado del ambiente.
Su registro oficial corresponde a Alexandra Lázaro y Ediciones Kuelap, de Perú, por lo que es importante notar que no corresponde en sí a una obra ecuatoriana, pero su presencia en la feria permite sumar una mirada amazónica latinoamericana al relato.
“Este libro nos llama a vivir en unidad a pesar de lo diferentes que somos. Se narran las aventuras de Capy. Ella vive en armonía y siempre es mediadora y pacifista en su comunidad. Alexandra se inspiró en sus estudiantes que hablaron de unos animales y ella puso al capibara por su equilibrio”, aseguró Amanda Pazmiño Torres, encargada de la presentación del ejemplar.
A este mosaico se suma Santiago Páez con Héroes ruines, dioses peores, una de las novedades ecuatorianas de esta feria. Publicada en agosto de 2026 por Ediciones Planeta, la novela transcurre en una inhóspita región de frontera dominada por carteles, traficantes, cultos y violencia, y construye un universo donde conviven crimen, fantasía oscura, superstición y reflexión social.
Páez, nacido en Quito y autor de más de 25 libros, lleva a esta nueva obra una trayectoria que incluye ciencia ficción, fantasía, literatura juvenil, aventuras, policiales y novelas históricas. Su presentación en la FIL conecta así a una generación de lectores con uno de los escritores que durante décadas ha explorado distintos territorios de la narrativa ecuatoriana. (I)