Leonardo, ¿qué son los cuencos tibetanos?
Los Cuencos Tibetanos son instrumentos antiguos, nacieron en Oriente hace aproximadamente dos mil años. Son de bronce y se fabrican de diferentes maneras.
Son herramientas que nos ayudan a encontrarnos con estados de relajación y meditación de una forma eficiente y sin esfuerzo.
En mi experiencia como fabricante de cuencos, terapeuta de sonido e investigador de los fenómenos de frecuencia, puedo decir que son un sistema de orden.
Estos sistemas de orden actúan sobre nosotros devolviéndonos ese equilibrio natural que poseemos en nuestro interior, nos devuelve algo que ya es nuestro, nos espeja algo que ya olvidamos. Nos permite entrar en el momento presente.

¿Cómo se te ocurrió empezar a fabricar los cuencos tibetanos?
No se me ocurrió fabricarlos, no era mi idea. Fue algo que se dio naturalmente, como una guía, un sendero que no sabía dónde me iba a llevar.
Hace más de 20 años empecé con la forja de hierro, investigué los fenómenos de transformación que cambiaban las propiedades de los metales, después trabajé el bronce, soy músico desde mi adolescencia. No tenía idea de que todos esos saberes adquiridos se verían convergidos en un momento y lugar para crear estos maravillosos instrumentos dicen que el maestro aparece cuando el aprendiz está preparado y así lo creo. Los cuencos son grandes maestros para mí.
¿Cualquier persona puede tocar un cuenco tibetano?
Sí, cualquier persona puede hacerlo. Se trata de animarse, experimentar y dejarse cobijar por estos sonidos tan maravillosos.
El cuenco es una invitación a conectarnos con el momento presente a través del sonido. Es una experiencia que nos lleva del caos al orden, del bullicio al silencio.
Cualquier persona, de la edad que sea y con la fe o creencia que tenga, puede acercarse al sonido. Es como la música: es universal. La música nos cambia el ánimo y nos hace disfrutar el momento. Con los cuencos pasa exactamente lo mismo.
¿Qué beneficios tienen estos instrumentos?
El beneficio que percibimos al escucharlos es inmediato. Relajan el sistema nervioso y nos acomodan hormonalmente, generando un descanso reparador, como el del sueño más profundo de la noche.
El sonido de los cuencos acomoda la química de nuestro cuerpo. También nos invita a sacar las capas mentales, esa parte más acelerada del pensamiento, para ir a lo más profundo y conectar realmente con lo que sentimos y con lo que queremos.
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