Dra. Alexandra Salvador: ‘Lo que pase en el intestino no solamente ocurre allí’

calendar_today 28.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

La salud intestinal comienza a construirse desde los primeros momentos de vida. Durante el foro de Diario EL UNIVERSO, “Microbiota: la salud que se construye desde la infancia”, la Dra. Alexandra Salvador, gastroenteróloga pediatra, explicó por qué los primeros años son determinantes para el desarrollo de la microbiota y su relación con el sistema inmunológico y otros procesos del organismo.

Según la especialista, actualmente ya no se habla únicamente de los primeros 1.000 días de vida como una ventana de oportunidad, sino que este periodo puede extenderse hasta los 5.000 días, es decir, hasta aproximadamente los cinco años. En esta etapa, la microbiota intestinal, que al nacer todavía es inmadura, comienza a desarrollarse y a adquirir diversidad a partir de factores como el tipo de nacimiento, la alimentación y el entorno.

En un parto vaginal, el contacto con las bacterias presentes en el canal de parto favorece una primera colonización intestinal. En cambio, cuando el nacimiento ocurre por cesárea, este proceso puede retrasarse, aunque posteriormente la microbiota continúa desarrollándose. La especialista destacó que la importancia de esta etapa no se limita al intestino. Entre el 70 % y el 80 % del sistema inmunológico se encuentra asociado al intestino, mientras que el sistema nervioso central también continúa su desarrollo durante estos años. Por ello, la alimentación y los factores que afectan la microbiota pueden tener repercusiones en diferentes funciones del organismo.

Alimentación, antibióticos y entorno también influyen

La lactancia materna exclusiva favorece el desarrollo de la microbiota gracias a los componentes bioactivos y probióticos presentes en la leche materna. Sin embargo, la especialista enfatizó que no se debe culpabilizar a las madres que, por diferentes circunstancias, no pueden amamantar. En esos casos, la microbiota también se desarrolla, aunque puede hacerlo a un ritmo diferente.

Con la alimentación complementaria, la incorporación de alimentos variados y diversos continúa enriqueciendo la microbiota. Por el contrario, una dieta basada con frecuencia en productos ultraprocesados, con altos contenidos de azúcar, sal y aditivos, puede favorecer procesos inflamatorios y alterar el equilibrio de las bacterias intestinales.

Otro punto de atención es el uso de antibióticos. Salvador señaló que estos medicamentos no deben administrarse sin una indicación médica, especialmente porque muchas de las infecciones que presentan los niños durante sus primeros años son de origen viral y no requieren antibióticos. “Medicar a un niño con antibióticos sin necesitarlos altera la microbiota”, advirtió. Al mismo tiempo, aclaró que esto no significa que los antibióticos deban evitarse por completo, ya que existen infecciones y condiciones específicas en las que su utilización es necesaria.

La especialista también llamó la atención sobre la denominada teoría de la higiene. Explicó que el exceso de esterilización y el uso indiscriminado de antisépticos pueden afectar la microbiota natural de la piel. “Nosotros somos un ente bacteriano caminando”, señaló, al recordar que las bacterias forman parte del organismo y cumplen funciones dependiendo del lugar donde se encuentren.

Las alteraciones de la microbiota, conocidas como disbiosis, también pueden estar relacionadas con problemas digestivos frecuentes en la infancia, como diarrea, estreñimiento, dolor abdominal y algunos cuadros de inflamación intestinal. A esto se suma el incremento del consumo de ultraprocesados y el sedentarismo, factores que pueden contribuir al aumento de la obesidad infantil, una condición asociada a procesos inflamatorios.

Salvador resaltó, además, la importancia del eje intestino-cerebro. Explicó que las sustancias producidas durante procesos inflamatorios pueden circular por el organismo y participar en mecanismos que influyen en otros órganos. En este sentido, señaló que existe interés científico en la relación entre la disbiosis y diferentes alteraciones neurológicas y del comportamiento, aunque se trata de un campo que continúa en estudio.

Frente a este panorama, su recomendación para las familias fue apostar por una alimentación natural, variada y equilibrada, que incluya proteínas, carbohidratos y fibra, además de promover la actividad física y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados. “Lo que pase en el intestino no solamente ocurre allí”, sostuvo la gastroenteróloga pediatra. Su explicación resume una de las principales ideas abordadas durante el foro: cuidar la microbiota desde los primeros años no significa únicamente prevenir molestias digestivas, sino favorecer un entorno saludable para el desarrollo integral del niño.

¿Qué ocurre cuando el nacimiento es por cesárea?

Una de las preguntas del público estuvo relacionada con la diferencia entre el nacimiento por parto vaginal y cesárea. La especialista explicó que el parto vaginal permite una primera colonización intestinal a partir de las bacterias presentes en el canal de parto, proceso que puede verse alterado cuando el nacimiento ocurre mediante cesárea.

Sin embargo, aclaró que la cesárea no significa que el niño no pueda desarrollar una microbiota saludable. “Lo ideal es el parto normal, pero si no se puede, obviamente la cesárea”, afirmó.

Durante su intervención también mencionó investigaciones que han explorado estrategias para favorecer la colonización de bebés nacidos por cesárea mediante el contacto con bacterias maternas. Estas alternativas, no obstante, corresponden al ámbito médico y científico y no deben realizarse de manera doméstica ni sin supervisión profesional.

La construcción de una microbiota diversa, concluyó la especialista, depende de múltiples factores y continúa durante los primeros años de vida. Alimentación, actividad física, entorno y uso responsable de medicamentos forman parte de ese proceso que comienza desde el nacimiento y puede influir en la salud a largo plazo.