Alguien utiliza una frase que escuchó en un podcast, repite una opinión que leyó en redes sociales o comparte una reflexión que parece profunda. Pero cuando alguien le pregunta qué significa exactamente, no siempre sabe cómo explicarla con sus propias palabras.
El psicoterapeuta y divulgador de la filosofía estoica Donald Robertson habla de este problema en una entrevista con La Voz de Galicia: "Repetimos lo que oímos como pericos, sin entenderlo realmente ni saber lo que significa". La idea es sencilla: podemos recordar una frase y repetirla muchas veces sin tener claro qué significa realmente, pero el problema no está en aprender de otras personas, sino en aceptar una opinión sin detenernos a pensar por qué deberíamos creerla.
En las conversaciones cotidianas abundan frases como "hay que salir de la zona de confort", "todo pasa por algo" o "el dinero no compra la felicidad". Son expresiones fáciles de recordar, pero no siempre significan lo mismo: todo depende de cómo y cuándo las usamos.
Podemos estar de acuerdo con ellas sin preguntarnos qué quieren decir, qué razones las respaldan o si tienen sentido en todos los casos. También podemos repetirlas porque vienen de alguien a quien admiramos o porque se escuchan constantemente en nuestro entorno.
Esto no significa que repetir una frase demuestre falta de inteligencia. Aprender también implica escuchar, imitar y recuperar conocimientos de otras personas. La clave está en entender lo que repetimos, saber explicar por qué estamos de acuerdo y reconocer cuándo una afirmación necesita matices.
La reflexión de Robertson conecta con una idea que se remonta a Sócrates. En lugar de aceptar las respuestas de sus interlocutores sin cuestionarlas, el filósofo griego recurría a preguntas para entender qué querían decir, por qué defendían sus opiniones y si podían explicar las razones detrás de ellas.
Este enfoque se conoce como método socrático y también se utiliza en la psicoterapia contemporánea. La revista Psychotherapy Research analizó cómo se utilizan las preguntas socráticas y el descubrimiento guiado en terapia. Esta última técnica consiste en ayudar a una persona a revisar sus propios pensamientos mediante preguntas, en lugar de darle una respuesta que deba aceptar sin más.
Los autores encontraron indicios de que las preguntas socráticas pueden ayudar a reducir los síntomas de depresión entre sesiones de terapia, especialmente en pacientes con una tendencia pesimista. Sin embargo, también señalaron que la evidencia disponible tiene limitaciones.
El estudio no analiza por qué repetimos frases sin entenderlas, pero sí explora cómo las preguntas pueden ayudarnos a revisar lo que pensamos y por qué lo creemos. Es una idea relacionada con la reflexión de Robertson: no basta con tener una respuesta, también importa saber de dónde viene y qué razones tenemos para aceptarla.
No hace falta estudiar filosofía para poner en práctica esta forma de pensar. Basta con detenerse ante una frase que damos por cierta e intentar explicarla con nuestras propias palabras. ¿Estamos de acuerdo porque entendemos sus argumentos o porque la hemos escuchado tantas veces que nos parece verdadera?
Cuestionar una idea tampoco significa rechazarla automáticamente. Se trata de preguntarnos por qué creemos en ella, qué razones tenemos para sostenerla y si necesitamos más información para entenderla. Al final, repetir una frase es fácil; lo difícil es explicar qué significa, por qué estamos de acuerdo con ella y si seguiríamos pensando lo mismo después de cuestionarla.
Imágenes | Pexels, The Inner
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