
Patricia Bullrich escaló en la interna y amplificó el foco sobre el último capítulo de tensión escrito por el Gobierno: un ajuste que expuso insensibilidad extrema en el área de discapacidad, rompió negociaciones en Diputados, provocó disgusto entre legisladores propios sorprendidos por el Presupuesto y alimentó los recelos de socios y dialoguistas. Olivos parece haber acusado el impacto: contra su estilo, prefirió evitar la descalificación pública -síntoma significativo en sí mismo- y llegó a exponer una increíble retractación presidencial sobre Lali Espósito, cantante condenada por los libertarios y utilizada por la senadora para diferenciarse. El hecho y las reacciones repusieron en la superficie los alcances y los efectos de una concepción cerrada de poder.
En este caso, además, la alteración doméstica se produjo en momentos en que el oficialismo intenta una producción política que mantenga expectativas frente a la mala cosecha de noticias económicas. El anterior mensaje de Bullrich había tenido relación directa con el tema: fue una demanda de señales efectivas de la economía para la vida diaria del común de la gente. La senadora lo planteó como una necesidad de mayor “velocidad” en los resultados, una manera de traducir inquietud frente al alimentado clima electoral. Dijo algo que otros transmitían sólo por la vía de los trascendidos. Y que el Presidente se encargó de rechazar, con algo más que énfasis, ante ministros y legisladores violetas.
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Los dichos de Bullrich nutren cada vez más las especulaciones sobre su apuesta para el año que viene. Está claro que la senadora se planta en una posición difícil de enfrentar públicamente por Karina Milei y por el Presidente. Es un cuadro diferente al de la tensión doméstica del círculo de Olivos, es decir, con Santiago Caputo. Es otro el capital político que está en juego. Trasciende los límites domésticos. Y precisamente por eso mismo, provoca alarma. No es una historia cerrada, pero sí claramente en construcción.
Más allá de la apuesta personal, y de su futuro, Bullrich dejó a la vista un problema de fondo que remite, sin dudas, a Olivos. Básicamente, dos cuestiones. La primera: disparó sobre el esquema de decisiones del oficialismo, cuando pidió que no la tomen por “tonta” y destacó que el tramo del Presupuesto referido a discapacidad no fue tratado en la “mesa política” del oficialismo. La segunda: destacó que decisiones como estas “resienten” la relación con socios y dialoguistas, y atentan contra el objetivo de la “gobernabilidad”.
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Se trata, de hecho, de un problema de arrastre de Milei. Tiene antecedentes y, en todo caso, ahora es potenciado por el momento político y económico. Dicho de otra forma: no es igual el contexto posterior al éxito electoral de LLA en el 2025 que la actual y acelerada entrada en carrera para el 2027, con el proyecto reeleccionista como objetivo excluyente. Y eso supera por mucho el microclima del oficialismo: puede impactar en toma de decisiones empresariales y en tendencias personales/colectivas, desde inversiones hasta consumo.
En el plano estrictamente político, el proyecto de Presupuesto 2027 era esperado para abrir una negociación del oficialismo con espacios dialoguistas -en especial, gobernadores- de la mano con las tratativas, complejas, para ir definiendo el juego electoral a escala nacional y en cada distrito. La expresión concreta, o más reducida, sería el allanamiento del camino de Milei -con la reforma electoral como dato saliente, pero no único- y las garantías violetas para facilitar la reelección de jefe provinciales de buen trato con la Casa Rosada.
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En esa relación, al igual que en los vínculos legislativos -PRO, bloques oficiales de la UCR, MID-, existen antecedentes de descontento por la falta de aplicación o cumplimiento parcial de acuerdos, generalmente por presión de Economía. Pero existe una cuestión más de fondo y responde sin vueltas a la idea de poder que tiene y expresa Milei. Domina la intención de imponer a los aliados un alineamiento similar al que rige en el interior libertario, con sello verticalista.
Y por eso mismo, el Gobierno no avanzó con el tejido de un sistema de alianzas, sino que apostó a acuerdos específicos en base a contraprestaciones puntuales, caso por caso. El ajuste en el área de discapacidad quebró la negociación en Diputados, motorizada a partir de la imposición de fechas para avanzar con el tema. Ese fue el resultado de un entendimiento de la oposición dura y otros espacios, que forzó tal decisión en el recinto de la Cámara baja. Es un interrogante qué ocurrirá la semana que viene, cuando el oficialismo retome los temas presupuestarios y, en particular, discapacidad.
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La jugada con el Presupuesto 2027 reanima recelos de aliados que, en el plano electoral, demandan garantías efectivas para el cumplimiento de los tratos. El ejemplo más claro es el de los acuerdos electorales. La desconfianza es un signo extendido, lo cual no cierra las conversaciones. Las hace más densas.
No es todo. El otro costado de la forma de entender el poder tiene que ver con el reducido círculo de decisiones. La “mesa política” quedaría afectada, más como instancia de transmisión de resoluciones que como ámbito de elaboración de estrategias. Bullrich lo acaba de señalar, pero ya había quedado claro antes. Además, fue ratificado por Milei en su vuelta a las reuniones de Gabinete, algunas de las citas de esa mesa y encuentros con legisladores.
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Las principales tensiones tienen que ver en las últimas semanas con los reclamos -en muchos casos, no superan la categoría de insinuaciones- que surgieron en materia económica. Milei demandó alineamiento con su plan y no dejó margen para diferenciaciones en ese terreno. Eso no permitiría mucha flexibilidad en otros puntos sensibles del Presupuesto.
El problema es que a la par de las necesidades legislativas -políticas, en sentido más amplio- corre la economía, y cosecha señales inquietantes. Las estadísticas oficiales ofrecieron pocos datos alentadores después del último índice de precios, que desaceleró en agosto y anotó 1,7%. Se sucedieron registros negativos: precios mayoristas del mismo mes, utilización de la capacidad industrial instalada, mercado de trabajo y nivel de actividad en el segundo trimestre del año.
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El calendario del INDEC para la semana que viene incluye otros informes de interés, como ventas en supermercados, mayoristas y shoppings, y el Estimador Mensual de Actividad Económica, en los dos casos de julio. También será difundido el registro de pobreza en el primer semestre del año. No resulta fácil competir desde la política por los primeros renglones del temario público. Menos, con internas como las desatadas en estas horas.