Diego Luna: «Con la paternidad empecé a sentirme capaz y necesitado de dirigir películas»

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Fernando Muñoz

09/10/2026

Actualizado a las 02:06h.

Para hablar de Diego Luna hay que viajar primero al origen, a su madre, una artista británica que en 1972 emigró a México. Fiona Alexander se hizo un hueco en el cine como diseñadora de escenografía y vestuario hasta que, en 1982, un accidente de tráfico le segó la vida mientras trabajaba con Carlos Saura en 'Antonieta'. Diego Dionisio Luna Alexander tenía entonces dos años. Una pérdida que trastocó su infancia y que, ya de adulto, se ha filtrado también a su obra. Porque Diego Luna es más que la estrella de Hollywood o el actor que ha rodado más de 70 películas; Diego Luna es también productor, guionista y director de cinco largometrajes personalísimos y mexicanísimos. El último, 'Ceniza en la boca', llega este viernes a los cines tras su paso triunfante por Cannes y San Sebastián. Una película basada en la novela de Brenda Navarro en la que se recoge la historia de una joven llamada Lucila tras los pasos de su madre desde México a España; una historia sobre la maternidad, el sacrificio y la mirada de los hijos en un contexto de migración.

-La película se cierra con un agradecimiento: «A la mudanza de mi madre»... ¿Cuánto de presente ha estado su figura en este proyecto?

-Cada vez que encuentro en una historia el interés de contarla en cine o en el teatro, incluso con los personajes que hago, acabo encontrando un ángulo que tiene que ver con la distancia, con la ausencia. En mi caso, bueno... pues sí, mi madre murió cuando yo tenía dos años y crecí con una ausencia que me ha definido. La ausencia de mi madre condicionó la relación que tuve con mi padre y con cómo me veía en relación al mundo que tenía enfrente. Entonces... acabo hablando de eso generalmente. Y en esta historia de 'Ceniza en la boca' encontré eso, la historia de una mudanza.

-Vista desde los ojos de la hija.

-Sí, desde la perspectiva de nuestro personaje central, de la hija, donde la mudanza se vive como un abandono. La narrativa de ella se confronta con la de la madre, que es una narrativa de sacrificio. Y si ahí está la conexión con mi vida es que siempre he tenido esa pregunta en mi interior: ¿Por qué? ¿Por qué a mí me fue así en el circo de la vida?... [silencio largo] Sí, logro empatizar profundamente con el viaje de Lucila. O mejor dicho: el viaje de Lucila terminó siendo este viaje por eso.

-Por la mudanza de su madre...

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-Mi madre se mudó a México muy joven... muy, muy joven. [Pausa] Fue con mucha valentía, con muchas ganas de descubrir, de exponerse a una vida completamente distinta a la que podría haber tenido en Inglaterra en los años setenta. Y se fue a México en búsqueda de libertad, de creatividad... En realidad, nada que ver con los personajes de esta historia. Pero bueno, esa mudanza me hizo ser quien soy, me dio chance de existir. Y me gusta poder celebrarla.

-La película comienza con la hija viendo desde la ventana cómo la madre se va de México a Europa y termina, sin hacer 'spoiler', desde esa misma ventana. ¿Cómo de importante, en esta historia de migraciones, era comprender a la hija y a la madre?

-Si hubiera dirigido esta película hace 15 años, hubiera sido tremendamente injusto con esa madre. Empiezo a dirigir, en realidad, a raíz de mi paternidad. Ahí me empiezo a sentir ya listo y capaz de contar historias... Y además, necesitado de ello. Y esta 'Ceniza en la boca' llega en un momento importante de la vida, cuando los hijos ya están llegando a esa edad adulta en la que se alinean las perspectivas y las conversaciones empiezan a ser más horizontales. Y de eso trata la película, de un momento en el que madre e hija, a raíz de un suceso terrible, tienen la oportunidad de sentarse en una mesa y hablarse de tú a tú. Para mí, esa escena del restaurante donde ellas se hablan es el corazón de la película; en esa mesa y en ese diálogo donde por primera vez está la médula. Porque sí, la película se vive desde la perspectiva de la hija, pero busca no tomar parte, sino observar. Y a mi gusto, eso tiene algo esperanzador.

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-Pero hay mucho conflicto, pese a esa esperanza.

-Digamos que la primera imagen que vemos desde esa ventana está llena de conflicto. Y en la segunda, hay una convicción. Para mí era importante eso, ver el conflicto y la violencia alrededor de esa primera ida en taxi versus la segunda.

-La película nace del libro de Brenda Navarro, pero usted produce, está en la adaptación del guion y también como director... Eso se traduce en muchos años detrás de un proyecto «pequeño»: ¿Cómo de complicado es eso para un actor que, entre medias, protagoniza grandes proyectos de Hollywood?

-Tampoco puedo generalizar porque cada proyecto es distinto, pero sí hay una necesidad cada tanto de regresar al origen, al lugar de pertenencia. Y luego también de agradecer la oportunidad, porque yo vivo de lo que hago como actor, esa es mi actividad profesional principal. Y eso me permite darme el gusto de dirigir con una libertad y con una paciencia muy afortunada, porque puedo hacerlo desde una posición de privilegio total. Digo lo de paciencia porque pasa mucho tiempo entre un proyecto y otro. No lo hago hasta que no estoy completamente listo. Pero también necesito mis experiencias como actor. Necesito esas visitas a los procesos de otros y de otras para inspirarme. Por ejemplo, ahorita estoy trabajando con un director que tiene una metodología de ensayo que quiero aplicar en mi próxima película. Lo que me sucede es esencial para encontrar mi voz como director. Y es un proceso que está en constante construcción.

-Es padre, estrella de Hollywood, cineasta, productor... ¿De dónde saca tiempo para escribir y, sobre todo, para leer?

-Me gustaría tener más tiempo para ver cine y para leer, sin duda. También en la vida, sobre todo en la parte relacionada con la paternidad, las demandas van cambiando. Hoy son otras que antes... y hay etapas con menos tiempo, pero más concentración. De pronto no tienes ni tiempo ni chance de concentrarte y estás cansadísimo. Pasa de todo un poco con la paternidad. A mí, escribir para preparar un proyecto me obliga a pausarme. Y eso también es muy sano. De pronto, dirigir no solo me hace bien en términos creativos, sino que además físicamente me hace bien. Es como el teatro. Te obliga a detenerte. Fíjate: el teatro me obliga a dormir en la misma cama por lo menos de miércoles a domingo. Estar en una ciudad donde todas las noches a las seis tienes que entrar por una puerta y no sales hasta las doce. Y esa sensación de regularidad, de rutina, le hace mucho bien al cuerpo. Y dirigir es lo mismo. No puedes dirigir mientras estás actuando y viajando. Hay que estar presente. Eso me quita el sueño, pero me trae estabilidad.

Imagen principal - Tres fotogramas de 'Ceniza en la boca'

Imagen secundaria 1 - Tres fotogramas de 'Ceniza en la boca'

Imagen secundaria 2 - Tres fotogramas de 'Ceniza en la boca'

Tres fotogramas de ‘Ceniza en la boca’.

-Llama la atención que para una figura como usted, una de las cosas que le haga bien sea dormir cinco días seguidos en la misma cama, que es el día a día de cualquiera. ¿Cómo de complicada o de dura es realmente esta industria detrás de los focos y del glamur de la alfombra roja?

-[Pausa larga] Fíjate que creo que ahora con la transformación de la comunicación, el público entiende cada vez un poquito más lo poco real que resulta ese breve momento que se crea alrededor de los festivales y las alfombras y los premios, porque en realidad las películas se hacen en condiciones duras. El público que realmente está interesado puede asomarse más al proceso. Lo que trato de decir, para que la gente pueda imaginárselo, es que el proceso de una película de un presupuesto altísimo no es muy distinto al proceso de una película pequeña. Simplemente cambia el tamaño del juguete, las herramientas alrededor. Pero el proceso real, el proceso de encontrarse en un set, de la vulnerabilidad, de la búsqueda, del acierto y error, es el mismo. No es que en uno las cosas sean de una forma y en otro de otra. Al final, el proceso por el que pasamos es muy similar. Por eso de pronto cada vez nos complementamos más como industrias. Porque en realidad lo que hacemos es lo mismo. Las historias son las que cambian.

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