¿Duerme peor que antes? Un estudio revela por qué

calendar_today 21.10.2026 - person  - timer ~4 Minutos

El sueño permite que nuestro organismo repare tejidos, elimine residuos del cerebro y consolide recuerdos, algo esencial para el bienestar y la salud.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Sin embargo, el aumento de las temperaturas, la tecnología digital y el trabajo continuo las 24 horas están alterando cada vez más el sueño.

Y no es algo que puedan resolver solo las personas, han advertido los investigadores en un artículo publicado en la revista 'Journal of Sleep Research'. Piden a los gobiernos europeos que actúen sobre las condiciones sociales y económicas que determinan si la población puede disfrutar de un sueño suficiente y reparador.

"Estamos asistiendo a una combinación perfecta de factores que ponen en riesgo la salud del sueño en toda Europa", señaló la coautora principal del artículo, Fran Pilkington-Cheney, profesora de Psicología y Sueño en la Nottingham Trent University (NTU), en un comunicado.

"La gente es consciente de que el sueño importa, pero pocos reconocen que factores como el cambio climático, la tecnología, el trabajo por turnos, los entornos urbanos y la desinformación se están combinando para afectar a la calidad de nuestro descanso".

Por ello, los autores piden "pasar de los enfoques individualizados a una acción coordinada, a escala de sistemas, en los ámbitos de las políticas públicas, la sanidad, la educación, la industria y la planificación ambiental" para afrontar los principales obstáculos para dormir bien por la noche.

Según el artículo, estos retos son el cambio climático y los entornos urbanos; el acceso desigual a la medicina del sueño; la rápida expansión de las tecnologías digitales de salud; la desinformación en internet, y una cultura de conectividad permanente que deja menos tiempo para descansar.

Clima y desigualdad

Entre la combinación de presiones ambientales, tecnológicas y sociales que dificultan que la gente duerma, el aumento de las temperaturas está emergiendo como una preocupación particular.

Europa es el continente que se calienta más rápido del mundo, y las noches cada vez más calurosas pueden interferir en la capacidad del cuerpo para refrescarse, retrasar el inicio del sueño y provocar despertares más frecuentes.

La contaminación urbana, el ruido del tráfico y la luz artificial nocturna agravan el problema, mientras que la ansiedad relacionada con el clima y los fenómenos meteorológicos extremos pueden deteriorar aún más la salud mental y el sueño.

Es poco probable que los efectos se repartan de forma equitativa. Las personas que viven en viviendas mal aisladas, quienes no pueden permitirse sistemas de refrigeración y quienes residen en alojamientos hacinados tienen más dificultades para mantener unas condiciones de descanso confortables. Los refugiados y las personas desplazadas también pueden estar expuestos a un exceso de calor, ruido, luz artificial y falta de intimidad.

La tecnología plantea otro desafío. Los dispositivos ponibles y las aplicaciones de seguimiento del sueño pueden ayudar a las personas a identificar posibles problemas y permitir que los profesionales sanitarios supervisen a pacientes de forma remota, en especial en zonas rurales con acceso limitado a especialistas.

Pero los dispositivos de consumo no son necesariamente lo bastante precisos para diagnosticar trastornos del sueño, y sus resultados pueden generar ansiedad innecesaria.

El artículo destaca la ortosomnia, un término que describe una preocupación excesiva por lograr unas mediciones del sueño supuestamente perfectas.

Los investigadores también advierten de que tendencias en redes sociales como 'sleepmaxxing' pueden fomentar rutinas rígidas, remedios no comprobados y una autoobservación excesiva.

Al mismo tiempo, los creadores de contenido en internet y las herramientas de inteligencia artificial pueden difundir consejos de salud engañosos, lo que dificulta que la gente distinga entre pruebas científicas y promoción comercial.

El trabajo también forma parte del problema

La economía europea, activa las 24 horas del día, también ejerce presión sobre el sueño.

Los trabajadores a turnos, el personal sanitario, quienes trabajan en el transporte y las personas con empleos precarios pueden tener un control limitado sobre sus horarios, mientras que el teletrabajo y los mensajes fuera de horario difuminan las fronteras entre la vida profesional y la personal.

El informe recoge estimaciones según las cuales el 21% de los trabajadores en Europa realiza trabajo por turnos, y los turnos de noche plantean retos particulares al ciclo natural de sueño-vigilia del organismo.

Los investigadores defienden una mayor protección para los trabajadores, horarios más previsibles, mejores sistemas de gestión de la fatiga y prácticas laborales que salvaguarden el tiempo de descanso.

"Sin una acción más amplia y coordinada, es probable que estas presiones se vuelvan más significativas en los próximos años", afirmó Pilkington-Cheney.