A los 14 años, mientras caminaba por la calle Florida después de haberse escapado del colegio, una propuesta inesperada cambió el destino de Daniela Pérez, también conocida como Daniela Mori, o simplemente “Daniela La Cantante”. La joven y bella rubia de pelo largo fue abordada por dos agentes que le ofrecieron una audición como modelo que derivó en un contrato con Calvin Klein. Aquel primer trabajo en el mundo de la moda no solo significó un giro drástico para esa adolescente humilde que venía de sufrir la separación de sus padres, sino también la posibilidad concreta de comprar el primer departamento para vivir junto a su mamá y su hermana.
Poco tiempo después, el canto —aquel juego de la infancia frente al espejo— reclamó su espacio. Daniela se convirtió en una de las integrantes fundadoras de Las Primas, el fenómeno musical que marcó una época en los ’80, antes de lanzarse como solista y conquistar el continente con el hit inolvidable “Amor sincero (Endúlzame que soy café)”. En esta entrega de La vida después, la cantante abre su corazón para repasar su historia, su noviazgo con Javier Milei y la convicción intacta de que los capítulos más lindos de su vida aún están por escribirse.
Luis Novaresio: Presentame a Daniela Pérez.
Daniela: Y... Daniela “La Cantante”. No hay mucha diferencia, soy la misma persona. No transmuto… ¿Viste cuando a veces dicen “se lo comió el personaje”? No, nací cantante. Así que Daniela Pérez y Daniela “La Cantante” son la misma persona.

LN: ¿Y dónde naciste?
D: En el barrio de Belgrano.
LN: Contame cómo era tu familia.
D: ¡Ay, divina! Mi abuelito era de Italia, de Génova; mi abuelita nació en Francia y mis padres nacieron en Argentina. Mis abuelos vinieron escapando de la Segunda Guerra Mundial, entonces yo crecí hablando un poco de francés y un italiano medio raro, que después con el tiempo me fui dando cuenta de que mi abuelito hablaba medio mal (risas). Era una familia muy tradicional.
LN: ¿Quién cantaba en la familia?
D: Mi mamá. Ella era soprano, pero nunca cantó profesionalmente. Creo que por eso me empujó tanto.
LN: ¿Cómo se llamaba tu mamá?
D: Alicia. Alicia Tommaseo.
LN: ¿Qué aprendiste de Alicia?
D: Mirá... aprendí que cuando uno quiere muchísimo algo, se da. Por sobre todas las cosas, aprendí que no se escriben libros sobre cobardes.
LN: Daniela empieza a cantar cepillo de pelo en mano...
D: Un día mi mamá abrió la puerta de la habitación —yo estaba escuchando música y no le contestaba porque estaba enloquecida— y me encuentra con el cepillo haciendo de micrófono adelante del placard. ¿Viste que se usaba mucho abrir la puerta del placard para verse en el espejo? La cámara de televisión era ese espejo. Y mi mamá dijo: “Esto me parece que va por ahí”. Me empezó a llevar a audiciones a los seis años.
LN: ¿Y apareció algo?
D: En ese momento no, pero un poquito más grande, a los 14 o 15 años...

LN: ¿Calvin Klein?
D: Exacto. Fue una locura lo de Calvin. No debería decirlo, pero es real: me rateé del colegio con una compañera. Íbamos caminando por la calle Florida con el famoso jumper, los pelos súper largos, súper flaquita... Imaginate, 14 años, casi 15. Pasa una pareja muy bien vestida de traje, me miran y me dicen: “¿Te gustaría ser modelo? Te dejamos esta tarjeta”. Era de una agencia. Me dijeron que les hablara mi mamá. Le llevo la tarjeta a mi mamá y me dice: “Ay hijita, a ver... vamos a hablar, ¿qué perdemos?”. Cuando llamó, estaban haciendo un casting para nuevas modelos para Calvin Klein. Cuando entré había millones de chicas, una más linda que la otra. Yo entré con mi gracia, me miran y me dicen: “Vení, ponete ahí”. Empecé a girar y posar, y me dijeron: “Listo, quedaste”. Fui modelo de Calvin por tres años y eso marcó mucho a nuestra familia.
LN: ¿Hacías gráfica o desfiles?
D: Nunca fui modelo de pasarela, jamás, porque mido 1,65 m. Lo que más hacía eran gráficas y publicidades para Estados Unidos y Brasil. Pero me marcó algo muy clave, porque veníamos de un momento familiar muy fuerte.
LN: ¿Qué pasó?
D: La separación de mis padres. Vengo de una familia con muchos problemas económicos, extremadamente humilde. Cuando mis padres se separan, nos quedamos mi hermana —un año mayor que yo—, mi mamá y yo. Mamá estaba muy preocupada por dónde íbamos a vivir. Alquiló un departamento muy chiquitito... Y no sé si la energía o Dios nos miró y dijo: “Vamos a ayudarlas”. Me sale lo de Calvin y me pagan un dinero con el que compramos nuestro primer departamento, donde vivimos las tres. Mi mamá siempre fue mi mano derecha e izquierda, apoyándome hasta el último segundo de su vida.

LN: La chica que caminaba por Florida le permitió una tranquilidad económica a la familia. Tres años de modelo en Calvin Klein, pero Daniela seguía cantando.
D: Seguía cantando en mi casa, en la ducha... No se me daba. Hasta que un día, a los 19 años, me entero por una amiga (Andrea, que después se fue a vivir a Londres) que estaban haciendo una audición para un grupo de chicas. La acompañé y estaba Carlos Gallego, un gran empresario y productor. Audiciona mi amiga y Gallego me mira y me dice: “¿Cómo es tu nombre?”. “Daniela”. “¿No querés audicionar?”. “No, vengo a acompañar a Andrea”. Y mi amiga me dice: “Dani, vos también, para eso te dije que me acompañaras”. Termino audicionando con una canción de Raffaella Carrà (“Para enamorarse bien hay que venir al sur”), revoleo la cabeza y Carlos me dice: “Sos la quinta que nos faltaba”.
LN: La quinta de un grupo que se llamaba...
D: Las Primas… ¡Que todavía no tenía nombre! ¿Sabés cómo salió el nombre? Estábamos sentadas en La Biela, en Recoleta, en noviembre del ’85. Uno dice: “¿Y qué nombre le ponemos?”. Un asistente dice “Las primas de Antonio” (por la canción “Saca la mano Antonio”) y Carlos Gallego dijo: “No, muy largo. Las Primas”. El resto ya se sabe.
LN: “Saca la mano Antonio”, “Los nenes con los nenes”... ¿Qué te pasa hoy cuando vas a una fiesta y suenan?
D: Me encanta cuando se convierten en un clásico. Yo era muy chica y fue como mi jardín y mi primaria, porque me enseñaron lo que es cantar profesionalmente y lo que hay detrás de la carrera de un artista. Después fui mi propia productora.

LN: Si hoy se formara un grupo como Las Primas, habría muchas discusiones sobre la cosificación de la mujer. ¿En algún momento te sentiste cosificada o utilizada por tu cuerpo?
D: En lo personal no lo sentí. Se lo debo a mi mamá, que me dijo: “Vos tenés que darte un baño de amianto. Con la única persona que realmente tenés que quedar bien es con vos misma”. Pasó de todo en los ’80 y ’90 —de hecho actuamos en una película de Olmedo y Porcel (Los colimbas al ataque)—, pero yo no me sentí mujer objeto.
LN: Con Calvin vino la tranquilidad económica, pero con Las Primas, la popularidad masiva.
D: Total. Me tocó de muy chica y no lo entendía. Lo popular es cuando le gustás a todos, en todos los niveles: a los chicos, a los grandes, al abuelito y a la gente del pueblo. Eso no se puede fabricar, simplemente pasa o no pasa. Con Las Primas hacíamos ocho o nueve shows por noche, de miércoles a lunes. Fue a una velocidad tremenda.

LN: ¿Propuestas indecentes recibiste en esa época?
D: En mi carrera solista me pasó una. Estaba en mi momento más fuerte con “Endúlzame que soy café”, año ’96 o ’97. Viene mi mánager y me dice: “Sé que me vas a sacar cagando, pero te lo tengo que decir. Hay un muchacho joven, político en una provincia, que se muere por salir a cenar con vos y te ofrece 30.000 dólares”. ¡Yo ganaba mucho más que eso por show! Legué a cobrar 150.000 dólares por un show en el exterior. Pero por curiosidad, le pedí que me mostrara la foto. Cuando lo vi, le dije: “Decile que jamás cobraría por ir a cenar con alguien... ¡pero qué lástima, porque está re fuerte! Iría gratis” (risas). Nunca lo conocí.
LN: Duraste un año y medio en Las Primas y te lanzaste como solista.
D: Sí, Carlos Gallego me dijo: “Te veo en el escenario, veo la empatía que tenés y cómo cantás con el alma. Tendrías que hacer carrera solista”. Me fui a México y en esas volteretas tuve a mi segunda hija, Linda. Mi primera hija, Daniela, la tuve a los 17 años, en la época de Calvin Klein.
LN: Tus dos mejores canciones.
D: Totalmente, mis dos mejores canciones de la vida. A Daniela la tuve muy joven y le dio orientación a mi vida, me puso en órbita. Y Linda es hermosa en todos los sentidos, es la que me contiene y hoy trabaja conmigo como mi maquilladora y asistente.
LN: ¿Y ahí, cuando estás en México, aparece “Endúlzame que soy café”?
D: Me separo en México y vuelvo a Argentina. Grabo mi primer álbum solista con canciones como “Vermelho” y “Balanza, balanza”, que fue un hitazo. En una gira por Colombia, un compositor me muestra en la guitarra: “Te quiero con amor sincero… endúlzame que soy café...”. Le dije: “Venga para acá”. Bajé del avión y le dije al presidente de Fonovisa, Mario Kaminsky: “Ya tenemos el tema para el segundo álbum”. Al principio en las radios no querían ponerla, tardó cinco meses en entrar, pero yo le tenía una fe ciega porque era alegre y romántica.
LN: Te fuiste 12 años a Miami, ¿verdad?
D: Sí, buscando una nominación a los Billboard
LN: ¿Y llegó?
D: Llegó en 2009 con la canción “Carita Bonita”. Entré en la terna de Canción del Año. Cuando dijeron mi nombre casi me desmayo de la emoción.

LN: ¿Por qué decidís volver a la Argentina?
D: En 2010 mi hija mayor me dice: “Mami, vas a ser abuela”. Nació mi nieto Eliseo (después vino Francisco) yo iba y venía todo el tiempo, y no me quería perder la vida familiar por la carrera, así que me vine a instalar de nuevo y también se dio que pude acompañar a mi mamá en sus últimos años antes de que se la llevara el COVID en la pandemia.
LN: ¿Cuándo aparece Javier Milei en tu vida?
D: En 2018, cuando él era únicamente economista. Tuvimos un noviazgo hermoso y siempre lo voy a recordar con mucho afecto.
LN: En el medio de esa relación te toca enfrentar el momento más duro con la salud de tu hija mayor.
D: Sí, a Daniela le diagnosticaron cáncer de colon. La vida te enseña que todo es frágil, pero una madre saca fuerzas de donde no tiene. Gracias a la ciencia y al doctor Federico Cayol, mi hija se recuperó y está bien. Es una superheroína.
LN: ¿Y ahí estuviste acompañada por Javier y su familia?
D: Sí, por Javier y por su familia. Se portaron diez puntos en ese momento tan difícil.
LN: Recuerdo también que sufriste también un problema de salud en televisión en 2019.
D: Tuve un accidente isquémico transitorio (AIT) al aire con Jorge Rial en Intrusos. Sentí un golpe fortísimo en la nuca y ganas de vomitar, se me apagó la luz y me desplomé. Se me juntó el estrés por la quimio de mi hija con un pico de colesterol. Por suerte no me quedó ninguna secuela.
LN: ¿Qué esperás en el futuro?
D: Me fascinaría encontrar el gran amor de mi vida y casarme de blanco. Con el papá de Linda me casé por civil en México, pero mi sueño es entrar vestida de blanco. También me gustaría poder hacer algo por mi país. Vengo de muy abajo, sé lo que es pasar necesidades y soy pueblo. Me encantaría poder ayudar desde mi lugar.