
28 de julio 2026, 20:44hs

Lula da Silva, uno de los principales protagonistas del enfrentamiento político e ideológico con Javier Milei. (Foto: Reuters - AFP)
Una de las escenas más espectaculares de la historia del cine transcurre en Gladiador. El emperador Cómodo baja a la arena del Coliseo para burlarse y ningunear a Máximo, el gladiador. Se le ríe en la cara y le dice que nadie sabe su nombre. Hasta que el gladiador revela quién es, y todo cambia.
Del ninguneo del emperador a la revelación del gladiador hay una lección política: cuidado cuando te burlás demasiado del otro, porque te puede salir mal.
En este caso, el presidente de Brasil, Lula, decidió burlarse del presidente argentino Javier Milei. La frase fue: “¿Quién es ese tipo?”
“Ese tipo” es el que le ganó a Sergio Massa —el amigo de Lula— en las últimas elecciones. Cuidado con la soberbia, porque puede ser un pecado mortal.
Para entender por qué la relación está totalmente rota entre Milei y Lula, hay que retroceder algunos años. Jair Bolsonaro era presidente de Brasil y Alberto Fernández estaba a punto de asumir en Argentina. El expresidente fue a visitar a Lula a la cárcel y habló pestes del gobierno de Bolsonaro. Ese fue el primer cortocircuito: lo que se llama una “mojada de oreja”. Un casi presidente argentino yendo a Brasil a decir que Lula era un preso político de Bolsonaro.
Después liberaron a Lula, que volvió a la presidencia de Brasil. Poco después, en la Casa Blanca, Lula le dijo al presidente Biden: “Cuidado, con Milei peligra la democracia en Argentina”.

El mandatario brasileño habría advertido en Washington sobre el supuesto impacto democrático de la presidencia de Javier Milei. (Foto: Kevin Lamarque/via REUTERS)
En ese contexto, durante la campaña de 2023, Lula jugó fuerte para Sergio Massa y mandó un ejército de asesores brasileños. Esos asesores hicieron campaña sucia. Armaron un video falso de Milei —hecho con inteligencia artificial— para meterle miedo a la gente. Y no fue lo único: también armaron spots donde Milei directamente privatizaba las calles de Argentina.
Las ideas que salieron de Brasil fueron básicamente cuatro: Milei vende órganos, vende armas, privatiza las calles y entrega las Malvinas. De ahí viene la bronca del presidente con Lula.
Pero hay más. Durante el debate entre Milei y Massa, según Milei, había un ejército de espectadores que “tosían” para molestarlo. Al día de hoy, Milei está convencido de que esa idea también salió de los brasileños que mandó Lula. Así de banal puede ser un hecho que termina afectando las relaciones internacionales entre dos países.
Si uno juega al TEG, en América Latina hay dos bloques que están peleando por dos modelos políticos, económicos y sociales.
Izquierda vs. derecha. Capitalismo vs. colectivismo. Economía de mercado vs. populismo.
El domingo pasado, en Radio Mitre, Milei no solo acusó a Brasil de financiar la campaña anti-Argentina, sino que acusó concretamente al gobierno de México. En las últimas horas apareció la presidenta Sheinbaum cruzándolo.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. (Foto: EFE)
El estado de situación es claro: el Gobierno tiene la relación prácticamente quebrada con tres países muy importantes: Brasil, México y España.
El problema es que son socios comerciales muy importantes. Estos son los 12 países que más le compran a Argentina:
Argentina se está peleando con el primer país, el décimo y el duodécimo en la lista de compradores. No parece una gran idea.
Acá no hay inocentes. Hace poco, Lula levantó un cartel que decía “Cristina libre”, sin detenerse a pensar en el robo descomunal que esa señora le hizo a los argentinos. El que le llevó el cartel fue Oscar Parrilli.
Para entender la magnitud del escándalo, vale repasar los inmuebles que llegó a tener Daniel Muñoz, el secretario privado de Cristina Kirchner. En total: 145 inmuebles. 113 en Argentina y 32 en Estados Unidos.
Dentro de Argentina: 45 en Santa Cruz, 37 en CABA, 16 en Buenos Aires, 5 en Neuquén, 4 en Misiones, 2 en Chubut, 1 en Córdoba y 1 en La Pampa. Dentro de Estados Unidos: 30 en Miami y 2 en Nueva York, entre ellos pisos en el Plaza Hotel valuados en US$15 millones.
Cuando Lula pide por Cristina libre, está defendiendo ese robo brutal.
El kirchnerismo está usando la pelea con Lula para volver al viejo apotegma del presidente “loco”. Uno de sus caballitos de batalla de siempre es la salud mental de Milei: “No está en sus cabales”, “No está bien”, “Tiene las facultades mentales alteradas”, “Está desequilibrado”, “Está desquiciado”. Jorge Fontevecchia y Reynaldo Sietecase, entre otros, intentan instalar ese discurso.

La cercanía política entre Lula y Cristina es uno de los ejes de confrontación entre la Argentina y Brasil. (Foto: @CFKArgentina)
Es el mismo que trataron de imponer en las elecciones de 2021, 2023 y 2025. Dijeron que Milei está loco, que está enamorado de la hermana, que habla con los perros muertos, que tiene pañales, que tiene raptos de furia en la Quinta de Olivos. Y al final, la gente no le dio importancia.
Porque a Milei no lo votaron por sus modales, sus formas, su elegancia ni sus insultos. Lo votaron para una misión concreta: ordenar la economía, bajar la inflación, recuperar la moneda y recuperar los sueldos. ¿Ordenó el BCRA? Sí. ¿Bajó la inflación? Sí. ¿Recuperó los sueldos? Todavía no. ¿Recuperó las jubilaciones? Tampoco. Todo lo demás son discusiones de segundo orden.
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José de Mendiguren quiere victimizarse por el insulto de Milei en La Rural y está pensando en denunciarlo. Que lo haga, pero primero habría que discutir el modelo de país que representa.
En TN, Roberto Cachanosky le sacó la máscara a Mendiguren: el que llora pidiendo proteccionismo se da media vuelta y aparece en el Apple Store de Miami comprando el iPhone 18. Suelen decir “más subsidios”, “más aranceles”, “más protección”, “más industria nacional”, “viva Tierra del Fuego”. Y después se compran la MacBook Air, la tele LG, el aire acondicionado de Samsung, la cafetera Nespresso, las cámaras Leica, la PlayStation, la lapicera Montblanc, los anteojos Ray-Ban y la campera en Uniqlo.
Circula una frase que define perfectamente esto: “La esencia del kirchnerista es ser un menemista de segunda, con complejo de guerrillero frustrado, que se vende como peronista, actúa como fascista, piensa que es socialista, vive como capitalista y roba como oligarca”. Es la esencia de lo que representa Mendiguren: una persona que se llenó de plata con barreras arancelarias y promoviendo una industria textil carísima, pero que con ese dinero viaja a Miami y lo primero que hace es entrar a Moncler.
En lugar de discutir los gritos o insultos de Milei, habría que discutir modelos de país. Discutir por qué en Argentina un auto, un celular, un traje o un jean vale el doble que en Chile. Discutir para qué sirve la retórica progre de Lula. Discutir cómo hacer para vivir mejor.
Y entender, de una buena vez, que Lula es Cristina. Porque la complicidad es el idioma común de los corruptos.
Opiniones libres, hechos sagrados.