Cuando la raza se convierte en una etiqueta que condiciona la vida del perro: “Algunos no saben descansar”

calendar_today 24.09.2026 - person  - timer ~3 Minutos

Las características asociadas a determinadas razas pueden ayudar a comprender algunas tendencias de comportamiento, pero no deberían convertirse en una etiqueta que determine por completo la relación con el animal. 

Hugo Fernández, experto en comportamiento canino y fundador de En clave de Can, advierte de que, antes de ser un Border collie, un Pastor belga malinois, un Teckel o un Labrador, cada animal es, ante todo, un perro con unas necesidades básicas y una personalidad propia.

Aunque pueda parecer evidente, Fernández considera que cada vez es más frecuente que las personas se relacionen primero con la raza y solo después con el individuo que tienen delante. Esta forma de afrontar la convivencia puede llevar a asumir que ciertos perros necesitan ejercicio constante, estimulación permanente o actividades continuas para evitar problemas de conducta.

“Empezamos a convivir con un ‘Border collie’ o con un ‘Malinois’, en lugar de convivir con el perro concreto que tenemos delante”, explica el educador. A partir de esa etiqueta aparecen ideas como que el animal debe realizar muchísimo ejercicio, permanecer cansado durante todo el día o recibir estímulos de manera constante para no destrozar la vivienda.

El problema, señala, es que la convivencia termina organizándose alrededor de las supuestas exigencias de la raza, mientras quedan en segundo plano necesidades comunes a todos los perros. “Todos necesitan descansar, sentirse seguros, poder regularse, explorar el mundo y disponer de momentos en los que simplemente puedan comportarse como perros”, sostiene Fernández.

Esto no significa ignorar las diferencias entre razas. Un Border collie puede presentar motivaciones y formas de interactuar con el entorno distintas a las de un Sabueso, del mismo modo que un Malinois no tiene las mismas características que un Galgo. Sin embargo, estas particularidades deberían analizarse una vez cubiertas las necesidades fundamentales del animal.

Todos necesitan descansar, sentirse seguros, y disponer de momentos en los que puedan comportarse como perros

“Las características de la raza son el segundo paso. El primero siempre debería ser cubrir las necesidades que tiene por el simple hecho de ser perro”, resume el fundador de En clave de Can.

Cuando se invierte este orden, existe el riesgo de incrementar la actividad sin atender al estado emocional del animal. El resultado puede ser un perro capaz de realizar numerosos ejercicios y obedecer muchas indicaciones, pero con dificultades para descansar, gestionar la excitación o adaptarse a los momentos de calma.

Fernández alerta especialmente sobre los perros sometidos a una sucesión continua de juegos, entrenamientos, carreras y ejercicios de estimulación. “Podemos encontrarnos con animales muy entrenados, pero incapaces de regularse, o con perros que hacen muchísimas cosas y, sin embargo, no saben descansar”, afirma.

En estos casos, la aparente necesidad de aumentar cada vez más la actividad puede ser consecuencia de una rutina que ha reforzado permanentemente la excitación. El perro se acostumbra a encadenar estímulos y puede mostrar dificultades cuando no ocurre nada, algo que sus responsables interpretan en ocasiones como una prueba de que necesita todavía más ejercicio.

Para el experto, el objetivo no debería ser agotar físicamente al animal, sino ayudarle a encontrar un equilibrio entre actividad, descanso, exploración, seguridad y relaciones sociales. Esto requiere observar su comportamiento, conocer sus necesidades individuales y evitar aplicar recetas generales únicamente por su raza.

“El equilibrio no se construye haciendo más, sino haciendo lo que toca y en el orden correcto”, concluye Fernández. Una idea que invita a mirar más allá de las etiquetas y a comprender al perro como un individuo, con sus propias capacidades, límites, preferencias y manera de relacionarse con el entorno.