Cuando el mayor de la familia se va: la carta de Messi y el duelo paterno en la adultez

calendar_today 23.08.2026 - person  - timer ~11 Minutos

Lionel Messi y Jorge Messi sonríen a cámara. De fondo, una red deportiva, banderas de países y parte de un arco de fútbol, con personas difuminadas

Jorge Messi junto a Lionel: más allá del rol de representante, fue el principal testigo y acompañante de su carrera deportiva.

En una despedida íntima, Leo Messi repasa infancia, rituales y mensajes que ya no llegarán, mientras una especialista analiza por qué una pérdida así puede cambiar rutinas, motivación y la forma de pensarse.

La muerte de un padre no modifica solamente una relación. También puede alterar la manera en que una persona mira su propia historia, organiza su tiempo y encuentra sentido en aquello que hizo durante años. En el caso de Lionel, esa transformación aparece de manera directa en la carta que publicó tras la muerte de Jorge Messi, fallecido el 8 de agosto en Rosario, a los 68 años.

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El texto no funciona solo como una despedida. Messi vuelve sobre escenas de su infancia, recuerda conversaciones que ya no podrán ocurrir y, en medio del duelo, formula una pregunta que alcanza el centro de su identidad: qué hacer con el fútbol cuando ya no está quien estuvo allí desde el comienzo.

Jorge Messi estuvo desde los primeros entrenamientos. Lionel recordó que su padre lo llevaba a las prácticas después de salir de trabajar y que no faltaba a los partidos. También recordó sus mensajes después de cada encuentro, sus comentarios y hasta sus escasos elogios. “Fuiste papá, amigo y representante”, resumió Messi.

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La despedida de los hinchas y el apoyo al capitán de Argentina. REUTERS/Agustín Marcarian
La despedida de los hinchas y el apoyo al capitán de Argentina. REUTERS/Agustín Marcarian

La psicóloga Ileana Mateo, en diálogo con Infobae, sostuvo que el duelo paterno en la adultez no se reduce a la tristeza por una muerte, sino que puede desordenar la identidad, vaciar de sentido rutinas y proyectos, y obligar a reorganizar la vida psíquica de quien pierde a una figura que ocupaba un lugar constitutivo. En su análisis sobre la carta, la especialista planteó que la ausencia del padre puede abrir una crisis que alcanza incluso a aquello que hasta entonces parecía más estable: el trabajo, la motivación y la manera de pensarse a uno mismo.

“Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo bastantes dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más”, escribió Leo.

La frase puede leerse como una expresión propia de un duelo reciente, pero también permite observar algo más profundo. Para Messi, el fútbol no fue solamente una profesión. Durante décadas estuvo ligado a un vínculo familiar y a una figura que funcionó como acompañante, representante y testigo de su trayectoria.

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Para la profesional, la formulación muestra que la pérdida no afecta solo el vínculo con el muerto, sino también el sentido de actividades que estaban ligadas a su mirada, su espera y su validación.

La especialista (matrícula 2713) definió el duelo como un “trabajo psíquico” en el que “todo el equilibrio psíquico se encuentra en riesgo”. También precisó que no se trata de un estado fijo, sino de un tránsito de elaboración en el que la persona debe asumir la pérdida de alguien que ocupó “un lugar fundamental y fundante” en su historia.

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Una mujer rubia sonriente sentada en un escritorio de madera con un cuaderno y un teléfono. Detrás, una estantería blanca con libros, fotos y una planta
La psicóloga Ileana Mateo analiza cómo el duelo paterno en la madurez puede poner en crisis el sentido del trabajo y la propia vocación.

Mateo afirmó que cuando muere un padre no solo se pierde a una persona querida: también puede tambalear una parte de la propia identidad. En ese movimiento, explicó, aparece una pregunta de fondo sobre para quién se hace lo que se hace cuando desaparece quien había sido testigo de los logros.

“El duelo implica un dolor ineludible, inevitable y forma parte de todo un proceso que el sujeto doliente tiene que atravesar. Por eso, muchas veces las personas se sienten más cansadas porque hay una gran actividad de ir recuerdo por recuerdo elaborando esa pérdida y lo que la misma significa para la vida de esa persona. No se trata solo de lo que el sujeto perdió sino de lo que se perdió en él”, agregó.

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—¿Qué cambios aparecen en la identidad cuando se pierde al principal testigo de los logros?

—Lo que esto nos muestra es cómo el duelo produce una crisis momentánea de todo lo construido. Confrontarse con la muerte, un concepto que no tiene inscripción en nuestro aparato psíquico, nos lleva a replantearnos la vida. Aparecen preguntas acerca del sentido, del para qué hago lo que hago. Se mueve nuestra economía psíquica y libidinal: de qué me sirve el dinero, la fama y el reconocimiento si no tengo a mi viejo. La muerte nos confronta con nuestra propia finitud y tener conciencia de ella implica pensar cómo queremos vivir, en qué deseamos invertir nuestro tiempo finito.

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Cuando muere un padre, no solamente se pierde una persona querida; puede tambalear una parte de la propia identidad, y esa elaboración dependerá del tipo de vínculo y el lugar que su figura ha operado en la vida del sujeto. El padre puede ocupar, a lo largo de la vida, un lugar de testigo de quién fuimos y de quién llegamos a ser. Cuando ese testigo desaparece, puede aparecer una pregunta muy profunda: ¿para quién hago ahora esto? ¿Quién lo va a ver? ¿Tiene el mismo sentido? En este caso, el fútbol para Lio no es solamente su profesión. También está profundamente ligado al vínculo con su padre: a ese hombre que acompañaba, miraba, esperaba, preguntaba, celebraba y funcionaba como testigo de cada logro. Por eso el duelo puede producir una especie de crisis momentánea de identidad y de sentido. No necesariamente porque la persona quiera abandonar aquello que ama, sino porque necesita reconstruir el significado de hacerlo sin ese otro. Y dejar el fútbol sería añadir otro duelo al que ya está transitando.

“Cada vez que terminaba un partido esperaba tu mensaje”, escribe. ¿Qué pasa con los rituales y rutinas compartidas cuando muere un padre? ¿Cómo se desorganiza la vida diaria del adulto que pierde a su referente?

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—Esta frase muestra algo fundamental: el duelo se construye sobre la ausencia de las pequeñas cosas compartidas, Freud diría es recuerdo por recuerdo. No solamente se extraña al padre en los grandes acontecimientos. Se extraña el mensaje después del partido, la llamada, la pregunta, el comentario, el consejo, el ritual cotidiano. Es eso que automáticamente surge: después del partido espero la llamada o incluso digo voy a llamarlo y ahí entra el registro de la realidad, de pérdida, el dolor de que no está. Por eso el duelo implica una experiencia de desorganización de la vida cotidiana, individual y familiarmente. Hay momentos en los que la persona automáticamente espera hacer algo que ya no puede hacer: llamar, contar, preguntar, compartir una noticia. Y aparece una experiencia muy dolorosa: la realidad sabe que el otro murió, pero el deseo espera a que esté, o que no sea real la pérdida. Por eso el duelo requiere también reorganizar rutinas, espacios, celebraciones y formas de compartir la propia vida. Esto afecta también la organización familiar; a veces cuesta volver a juntarse con la familia porque ahí se cae en la cuenta de la falta o porque esa persona que murió era quien ocupaba el lugar de unir a la familia. Cuántas familias después de la muerte de la abuela o el abuelo no vuelven a juntarse.

Jorge Messi
“Fuiste papá, amigo y representante”: una relación fundante que unió la vida familiar con los mayores logros deportivos.

“Faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?" ¿Qué emociones predominan en un duelo reciente? ¿Qué lugar ocupan la culpa, el reproche y lo pendiente cuando la muerte es inesperada?

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—Acá aparece algo muy humano: el reproche dirigido a quien ya no puede responder. En los primeros momentos del duelo pueden convivir sentimientos aparentemente contradictorios: tristeza, enojo, impotencia, culpa, incredulidad, alivio cuando hubo enfermedad o sufrimiento, miedo y desesperación. También aparece con mucha fuerza lo pendiente. “Me hubiera gustado decirte…”, “Tendríamos que haber…”, “¿Por qué no esperaste un poco más?”. El psiquismo intenta construir una explicación frente a la muerte dado que no hay inscripción en el inconsciente de la misma, para ella no estamos preparados, sea esperada o no, y muchas veces se puede quedar atrapado en el “si hubiera…”. Ese reproche no necesariamente significa enojo real con el padre.

Muchas veces es una manera de expresar algo mucho más profundo: “No estaba preparado para que te fueras”. También el duelo puede ser acompañado de la sensación de injusticia: ¿por qué a él? ¿Por qué ahora? Esto desata un sentimiento de dolor que por momentos resulta insoportable. El duelo necesita tiempo para aceptar que hay cosas que ya no podrán completarse de la manera imaginada. Por eso se trata no solo de la pérdida de ese padre sino de todo lo que se había imaginado de la vida con él.

“Siempre vas a estar presente… en la educación de mis hijos, porque los educo como ustedes lo hicieron conmigo”. ¿De qué formas un adulto busca mantener vivo al padre después de la muerte?

—Esta es una de las partes más interesantes de la carta donde se puede ver cómo se puede ir elaborando la pérdida por la vía de la identificación a valores e ideales que han sido transmitidos por el padre. “Siempre vas a estar presente… en la educación de mis hijos, porque los educo como ustedes lo hicieron conmigo.” Acá aparece una transformación fundamental: el vínculo no desaparece, cambia de forma. El padre deja de estar físicamente, pero puede permanecer en los valores transmitidos, en las frases, en las costumbres, en la manera de criar, en los gestos, en las decisiones. Y hay algo todavía más profundo: Messi ya no solamente se piensa como hijo de ese padre, sino también como padre que transmite lo recibido. El legado permite que la relación continúe de otra manera. No se trata de dejar atrás al padre para superar el duelo. Muchas veces se trata de encontrar una nueva manera de llevarlo consigo.

Celia María Cuccittini, Jorge Messi y María Sol Messi posan en la alfombra roja durante la boda de Lionel Messi y Antonela Roccuzzo en Rosario, Argentina, el 30 de junio de 2017. (AP Photo/Victor R. Caivano)
Celia María Cuccittini, Jorge Messi y María Sol Messi posan en la alfombra roja durante la boda de Lionel Messi y Antonela Roccuzzo en Rosario, Argentina, el 30 de junio de 2017. (AP Photo/Victor R. Caivano)

“No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir”. ¿Qué revela esta frase sobre la dependencia emocional que puede existir incluso en un adulto exitoso? ¿Qué desafíos implica reorganizarse sin esa figura de sostén?

—No hablaría de dependencia emocional como algo patológico o malo; todos dependemos de nuestros amores. Lo primero que aparece frente al desgarro de la pérdida es la soledad, la indefensión. Cuando perdemos a alguien amado sentimos que nadie puede compartir nuestro dolor. Cuando la gente se acerca para consolarnos, nada nos calma. La otra cuestión que aparece es el miedo: miedo a que la vida no vuelva a encontrar sentido, a no poder seguir adelante, a no soportar tanto padecimiento. Muchas veces en el consultorio aparece la pregunta: ¿hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo voy a sentir este dolor, esta desazón, cuándo termina? Incluso algunos pacientes preguntan cuánto tiempo dura el duelo. Esta frase rompe con una idea bastante instalada: que la adultez implica autonomía absoluta. Podemos ser adultos exitosos, profesionales reconocidos, padres de familia, personas que toman decisiones y sostienen a otros, y aun así existir una parte nuestra que necesita profundamente a mamá o papá. La muerte puede dejar al descubierto esa dependencia afectiva que durante la vida adulta permanece menos visible, pero que es algo inherente al sujeto. Y aparece una paradoja muy fuerte: quien durante años fue sostenido por sus padres puede encontrarse, de repente, teniendo que sostener a sus propios hijos mientras internamente se siente nuevamente hijo. El desafío no consiste en dejar de necesitar al padre. Consiste en poder elaborar esa ausencia y construir nuevos apoyos internos y externos, nuevas referencias.

—¿Qué cambios se observan en un adulto cuando deja de ser “hijo” para pasar a ser solo “padre”?

—Cuando muere el padre, algo de la posición de hijo cambia para siempre. No significa que uno deje de ser hijo. Siempre vamos a ser hijos de nuestros padres. Pero desaparece una generación por encima de nosotros. Y eso puede generar una sensación muy particular: “Ahora me toca a mí.” Ya no está ese padre al que llamar para pedir consejo, compartir una preocupación o simplemente contarle algo. Y al mismo tiempo, aparece con más fuerza la propia posición de padre: ahora soy yo quien ocupa ese lugar para mis hijos. La muerte puede entonces producir una reorganización generacional. El adulto empieza a mirar de otra manera su propia historia, lo que recibió, lo que quiere conservar y aquello que quizás quiere transformar. Y puede aparecer una pregunta muy significativa: “¿Qué de mi padre quiero que siga viviendo en mí?” Ahí el duelo deja de ser solamente una experiencia de pérdida y empieza, lentamente, a convertirse también en una experiencia de transmisión.

Lionel Messi junto a Antonella Roccuzzo e hijos .(Instagram: @antoroccuzzo88)
Lionel Messi junto a Antonella Roccuzzo e hijos .(Instagram: @antoroccuzzo88)

El duelo por un padre en la adultez no significa solamente aprender a vivir sin él. También implica aprender a vivir con todo aquello que de él quedó dentro de nosotros, como identificación. Y en el caso de Messi aparece algo especialmente interesante: el padre que fue testigo de su historia termina convirtiéndose, después de su muerte, en parte de la historia que Messi transmite a sus propios hijos. Eso permite salir de una mirada patologizante del duelo: no todo desorden psíquico después de una pérdida es un problema que haya que resolver rápidamente. Ese replanteo de la propia vida es el modo en que una persona está reorganizando quién es después de perder a alguien fundamental. En este sentido, escribir una carta, ponerle palabras a su sentir, darle lugar a sus preguntas y repensar cómo seguir es parte del proceso de elaboración.

Aquí podés leer la carta completa de Leo a su papá.