Cuando el calor no da tregua: la lucha diaria de quienes viven sin hogar

calendar_today 16.08.2026 - person  - timer ~7 Minutos

Madrid, 10 de julio, 35 grados. Los medios de comunicación alertan de los efectos de la ola de calor que durará hasta el viernes. Ante las altas temperaturas, las principales recomendaciones son hidratarse, evitar exponerse al sol y permanecer durante las horas críticas en casa, pero ¿Qué pasa si vives en la calle?

La crisis del sinhogarismo se refleja en las principales ciudades españolas. Antes de terminar 2025, alrededor de 1.100 personas vivían en situación de calle en Madrid, según datos del Ayuntamiento. En Valencia, las cifras oficiales elevaban a unas 3.400 las personas en situación de exclusión residencial extrema a comienzos de 2026. En Barcelona, el último recuento de la entidad Arrels Fundació, realizado en diciembre de 2025, contabilizó 1.982 personas sin hogar.

Aurelia Aguirre, nombre ficticio, tiene 46 años y vive en Madrid. Estuvo en la calle ocho meses cuando se quedó sin trabajo y sin recursos. “Yo tenía una vida completamente normal, nunca imaginé acabar así”, explica. Ahora reside en el Centro de Información y Acogida, Cedia,  que tiene como finalidad acompañar a personas en situación de calle desde un enfoque integral. Llegó a este recurso después de que el Samur la encontrara medio inconsciente como consecuencia de las altas temperaturas. “El cuerpo colapsa ante el estrés diario y el cansancio, no dormía por las noches. Me dio un golpe de calor y estaba totalmente desorientada”.

Durante el comienzo de la ola de calor, Aguirre buscaba sombras para resguardarse del sol, pero es que en ocasiones, no hay manera de cubrirse. “No tenía dónde cobijarme. Me sentaba en cualquier banco y estaba caliente, me tumbaba en el suelo y quemaba o alguien había orinado ahí. En estos casos, iba al centro comercial y me paseaba dando vueltas, pero claro los de seguridad se daban cuenta y me echaban o me miraban mal".

Bien es sabido que la exposición al sol y al calor puede suponer un gran riesgo para la salud y aumentar la posibilidad de sufrir diversos problemas, especialmente durante los episodios de altas temperaturas."  En el caso de Aurelia, la radiación solar y las picaduras de insectos han provocado la aparición de manchas en su rostro. "Mi cara no era así, no tenía protección y el sol me fue quemando la piel, de modo que ahora la tengo bastante maltratada".

De la misma manera, comenzó a experimentar dolores de cabeza, picazón u otros síntomas relacionados con la deshidratación y la radiación solar.  "Yo nunca he sufrido de migraña, pero como el sol me golpeaba directamente sobre los ojos y la cabeza, esta sensación era cada vez más frecuente". Asimismo, Aurelia explica que "en Madrid, no hay muchas fuentes para beber agua".  "A veces, ha habido situaciones en las que me han dicho que puedo ir a un lugar a pedir agua y comida, pero no tenía los medios para acudir, a no ser que fuera andando, y claro, prefería resguardarme bajo la sombra que caminar tanto rato bajo el calor".

En lo referente a la higiene, Aguirre explica que ella se aseaba "como podía" en baños públicos o pertenecientes a centros comerciales y luego salía dejándolo todo tan limpio como lo encontraba porque "no quería estropear el trabajo de los demás". "En estas épocas de tanto calor transpiras, por más que te bañes y aunque te pongas desodorante, sudas, porque pasas todo el tiempo en la calle al sol, y este sudor, a parte de oler fuerte, te provoca irritaciones", narra. “A veces la gente juzga a otras personas por cómo huelen. Menos mal que yo nunca lo hice ”.

Aurelia cuenta que, cuando llegó a Cedia tras ser atendida por el Samur, era la una de la madrugada y ya no podía más. El calor había hecho mella en su cuerpo, tenía miedo de dormir en la calle sin ningún tipo de seguridad y sentía que sus fuerzas se agotaban. Fue entonces cuando encontró el apoyo de los trabajadores del centro, que le ofrecieron comida, una cama, una ducha y, sobre todo, un lugar donde no se sintió juzgada. Con emoción, relata lo agradecida que está por la ayuda recibida.

El sinhogarismo oculto

El encargado del centro Cedia, que pertenece a Cáritas Diocesana, Juan José Gómez-Escalonilla, explica que "aunque el recuento del Ayuntamiento de Madrid muestra que el número de personas en situación de calle ha descendido, existe un sinhogarismo muy oculto, especialmente en mujeres, puesto que algunas viven en una casa pagando con su cuerpo hasta que las echan y se quedan en la calle con un montón de problemas y patologías".

Más allá de las cifras oficiales, la realidad del sinhogarismo se extiende en muchas ocasiones a situaciones difíciles de detectar. La falta de una vivienda estable no siempre se traduce en dormir al raso, sino que también incluye formas de exclusión más invisibles, marcadas por la inseguridad, la precariedad y la ausencia de espacios donde sentirse protegido. Para quienes terminan en la calle, cada día se convierte en una búsqueda constante de lugares donde refugiarse y cubrir unas necesidades básicas que la mayoría da por garantizadas.

Durante las etapas de temperaturas extremas, existe un Plan de Emergencia Climática, tanto en verano como en invierno. "El problema es que el de verano sólo dura una semana y claro, en lo que llevamos de julio, la mayoría de días han superado los 35 grados", explica. Madrid ha ido ampliando plazas y creando nuevos centros, pero siguen sin ser suficientes. “Con estas temperaturas se deberían abrir centros con comida y agua desde primera hora de la mañana hasta las siete u ocho de la tarde”, explica.

En los meses de verano, Juanjo cuenta que las personas en esta situación intentan resguardarse en bibliotecas y tiendas, pero que tienen que esconderse e ir con mucho cuidado porque si no, les terminan echando. “Algunos tienen abono de transporte y pasan el día de un lado para otro, pero no existen muchos sitios donde puedan descansar tranquilos”. Por este motivo, en los días más cálidos, junto con su equipo abre el centro para todo aquel que necesite resguardarse del calor. "Aquí está puesto el aire acondicionado, tienen agua fría y les facilitamos las duchas si lo necesitan, igual con la ropa. Luego pedimos más fruta para poder ofrecerla, además no les exigimos ningún requisito", cuenta.

“La exposición a estas temperaturas tan extremas tienen consecuencias para todos, pero especialmente en las personas en situación de calle porque no tienen donde meterse, no tienen la opción de quedarse en casa para protegerse. Respirar aire caliente durante horas desemboca en problemas respiratorios y pasar tanto tiempo bajo el sol provoca enfermedades de la piel, tanto quemaduras como irritaciones como resultado del sudor”, explica Gómez-Escalonilla. Además, “no son conscientes en absoluto” del peligro que pueden tener estas patologías porque no llevan un seguimiento. “Si nosotros encontramos una mancha o una quemadura en nuestro cuerpo, acudimos al médico, pero ellos no”, declara.

En el ámbito de la salud mental, el encargado de Cedia asegura que las altas temperaturas también afectan de forma directa al carácter. “Por un lado, en verano tienen menos contacto con la gente, porque se refugian en sus casas, y si al final del día no hablan ni interactúan con nadie, se sienten más solos”. Asimismo, cuenta que en el tiempo que lleva trabajando para ayudar a las personas que se encuentran en esta situación, ha observado que las personas sin hogar creen que no tienen derechos. “Ellos se preguntan ¿Cómo voy a tener derechos como ciudadano en España si estoy aquí tirado y no tengo nada?. En Cedia les intentamos empoderar de alguna manera y les animamos a que se duchen, a que se cuiden, les damos comida, internet y poco a poco le vamos devolviendo la dignidad”, explica.

Un 20% de las personas que viven en Cedia trabajan

Cabe destacar que una buena parte de las personas que acaban en esta situación tienen una carrera y llevaban una vida totalmente “normal”. “Hay personas que llegan al centro porque se quedaron en la calle tras un mal divorcio, un despido o porque han desarrollado un problema de salud mental. Aunque lo que es realmente llamativo es que un 20% de las personas que acogemos, está trabajando, pero claro la situación del empleo es tan precaria que la gente se queda en la calle”, narra.

La crisis de la vivienda en Madrid también tiene un impacto directo en el aumento del sinhogarismo. “Antes se pagaban entre 300 y 400 euros por una habitación; ahora cuesta el doble y, además, hay que cumplir numerosos requisitos”, explica. Esta escalada de los precios, unida a la precariedad laboral, provoca que cada vez más personas, pese a tener un empleo, no puedan permitirse acceder a una vivienda y acaben sin un techo donde vivir”, explica.