
La nueva campaña de maíz comienza con una perspectiva favorable en materia hídrica, pero con una preocupación creciente por el deterioro nutricional de los suelos. Desde FERTILIZAR AC remarcaron que realizar análisis y ajustar la fertilización será fundamental para que el cultivo pueda expresar su potencial productivo y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia en el uso del agua.
El maíz ocupa un lugar estratégico en la agricultura argentina: en la última campaña superó las 10 millones de hectáreas sembradas y alcanzó una producción cercana a las 70 millones de toneladas. Además de su aporte a las exportaciones, el cultivo es clave para el agregado de valor y la producción de proteínas animales, especialmente en los sistemas ganaderos y lecheros, donde el silo de maíz representa más del 40% de la alimentación.
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El avance genético elevó de manera sostenida el potencial de rendimiento del cultivo y permitió ampliar las alternativas de siembra a distintos ambientes. Sin embargo, desde la entidad advierten que ese potencial debe estar acompañado por una nutrición adecuada. Según FERTILIZAR AC, un maíz de 120 quintales requiere aproximadamente 260 kilos de nitrógeno y 48 kilos de fósforo, mientras que en promedio el país cosecha alrededor de un 30% menos del grano que podría producir.

La disponibilidad de agua aparece como otra oportunidad. En numerosas regiones, las lluvias de los últimos meses permitieron recargar los perfiles de suelo, pero contar con humedad no garantiza una adecuada oferta de nutrientes. Ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de FERTILIZAR AC muestran que una nutrición equilibrada puede incrementar entre 22% y 44% la eficiencia de uso del agua, llegando a casi 17 kilos de grano por milímetro frente a valores inferiores a 12 kilos.
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En este escenario, el análisis de suelo aparece como el punto de partida para definir la estrategia de fertilización. La encuesta de FERTILIZAR AC señala que apenas el 26% de la superficie analizada se muestrea todos los años, mientras que un 9% nunca se analiza. Para planificar el maíz, recomiendan evaluar fósforo, zinc y azufre en los primeros 20 centímetros y determinar la disponibilidad de nitrógeno hasta los 60 centímetros de profundidad.
El objetivo, según la entidad, es cerrar las brechas nutricionales sin comprometer la fertilidad futura. Para ello, propone combinar análisis de suelo, estrategias balanceadas de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc y herramientas de monitoreo como sensores de vegetación, clorofilómetros y NDVI. “No se trata solamente de pensar cuánto podemos producir esta campaña”, planteó María Fernanda González Sanjuan, al advertir que cada cosecha extrae nutrientes y que una reposición insuficiente termina consumiendo la fertilidad del sistema productivo.
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En tanto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en su panorama agrícola, dio por iniciada la siembra de maíz con destino grano comercial de la campaña 2026/27, con un avance nacional de 1,5 % sobre las 8.4 millones de hectáreas proyectadas. Este progreso se concentra mayormente en el Centro-Norte de Santa Fe, donde se sembró el 13 % de la superficie proyectada para la región.
En paralelo, indica el reporte, favorecida por las buenas condiciones ambientales durante las últimas semanas, la cosecha del cereal, correspondiente a la campaña 2025/26, alcanza el 92,5 % del área apta a nivel nacional, con un rendimiento promedio de 77,8 qq/Ha. Sin embargo, las labores aún mantienen una demora de 6 % respecto de la campaña previa, concentrándose los principales remanentes en el sur del área agrícola.
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A su vez, los rindes relevados continúan en línea con las expectativas de la campaña, por lo que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires sostiene su proyección de producción nacional en 64 millones de toneladas.