Cómo regular el metabolismo de almacenamiento - Primera Edición

calendar_today 16.10.2026 - person  - timer ~3 Minutos

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Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152

Cuando hablamos de “quedarte con vos mismo”, escucharte el cuerpo y tratarte con cariño, no es una idea romántica: es una forma concreta de salir del modo supervivencia. En el cerebro, ese modo se activa cuando el sistema de alarma (estrés y amenaza) toma el mando; y cuando eso pasa, se alteran sueño, apetito, decisiones y metabolismo.

La buena noticia es que el autocuidado entrenado (aunque sea breve) puede reequilibrar esas redes y ayudarte a recuperar el agrado.
1) Lo más importante: regular el estrés primero (porque el estrés manda sobre el resto)
Bajo estrés crónico, el cuerpo libera más cortisol y se activa el sistema simpático (alerta/tensión). Esto puede empujar a comer por alivio o, en otros casos, a comer menos pero igual sentirse “desregulado”, con sueño peor y más cansancio. Intervenciones que combinan respiración lenta, reentrenamiento emocional y autocompasión muestran que se puede reducir cortisol de la vida diaria y mejorar variables de regulación como la variabilidad del pulso (un indicador de flexibilidad del sistema nervioso).
En paralelo, prácticas estructuradas de autoconciencia pueden mejorar sueño y bajar hiperactivación autonómica; y el sueño (las horas que duermo), a su vez, es un mediador potente de metabolismo y ánimo.

2) El “puente” cerebro-cuerpo: interocepción (aprender a leer señales internas)
La interocepción es la capacidad de percibir señales del cuerpo (hambre, saciedad, respiración, latidos, tensión, cansancio). El cerebro integra esas señales en una red donde un “nodo” central llamado ínsula procesa la información para decidir: “¿estoy a salvo o en peligro?”, “¿necesito comida o descanso?”, “¿me conviene frenar o apurar?”.
Con estrés, inflamación o hábitos desordenados, esas señales pueden volverse “ruidosas”: ahí suele confundirse ansiedad con hambre, o no registrar saciedad. Por eso, escuchar el cuerpo conduce a entrenar una lectura más clara. Los entrenamientos de interocepción (por ejemplo, body scan + ejercicios de hambre/saciedad) son viables y apuntan justo a eso.

3) Autocuidado y autocompasión: el “freno” que vuelve a encender la regulación
Tratarse con amabilidad en momentos difíciles requiere activar un sistema de calma afiliativa parecido al que se activa con un apoyo seguro. Un ensayo clínico demostró que el auto toque calmante (por ejemplo, mano en pecho o abrazo a uno mismo) reduce estrés, fatiga y soledad de manera comparable a una meditación breve.
Además, cuando estas microprácticas se vuelven hábito diario (incluso 30 segundos), aumentan la adherencia y los beneficios.

4) “Como menos y engordo igual”: por qué pasa y por qué no alcanza con recortar comida
A veces el problema no es solo cuánto comés, sino cómo está tu sistema nervioso.
El estrés puede aumentar la búsqueda de comida “recompensa” y debilitar el control; a nivel biológico puede favorecer desajustes de señales de saciedad (insulina/leptina), que afectan el circuito hipotálamo-corteza prefrontal y el freno sobre la recompensa.
Por eso, “dejar de comer” sin regular estrés suele sentirse como doble amenaza: escasez + alerta.

5) Cuatro recomendaciones simples
1. Respiración lenta 2 minutos (antes de comer y antes de dormir): baja arousal y ayuda al sueño.
2. Auto toque calmante 30 segundos + frase realista (“ahora puedo ir despacio”).
3. Comer con interocepción (1): 30-60 s antes de comer para notar hambre real; terminar con “10% de margen”.
4. Caminar suave: bajo el sol y bebiendo agua, pudiendo observar 50 metros adelante, activa sentidos de autogestión, confianza y disfrute.