Cómo los viajes al espacio ayudan a acelerar las investigaciones sobre el envejecimiento humano en la Tierra

calendar_today 09.09.2026 - person  - timer ~5 Minutos

Astronauta con traje espacial blanco, Estación Espacial Internacional blanca con paneles solares, el planeta Tierra y el Sol en el espacio oscuro.

Los viajes espaciales permiten observar en meses cambios del cuerpo que en la Tierra suelen aparecer con los años y ofrecen pistas sobre el envejecimiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los viajes espaciales están ayudando a los científicos a observar, en poco tiempo, cambios del cuerpo que en la Tierra suelen aparecer con los años. Esa es una de las ideas centrales de un artículo publicado en The Conversation, que analiza cómo el cuerpo de los astronautas puede ofrecer pistas sobre el envejecimiento.

Los astronautas que pasan mucho tiempo en la Estación Espacial Internacional suelen regresar con problemas de salud parecidos a los que muchas personas enfrentan al envejecer en la Tierra. Algunos de esos cambios desaparecen pocos meses después de volver. Otros, en cambio, permanecen. A partir de ahí surge una pregunta clave: si el espacio acelera ciertos procesos del cuerpo, ¿puede servir para entender mejor cómo envejecemos?

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En el espacio, el cuerpo funciona en condiciones muy distintas. Los astronautas viven con gravedad muy baja, más radiación y alteraciones del sueño. Todo eso afecta al organismo.

Según el artículo, ese entorno hace que cambios que en la Tierra tardan décadas en aparecer puedan verse en apenas semanas o meses. Para los investigadores, eso ofrece una ventaja: estudiar más rápido procesos que están relacionados con el envejecimiento.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los astronautas que pasan mucho tiempo en la Estación Espacial Internacional regresan con problemas de salud parecidos a los del envejecimiento en la Tierra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un ejemplo aparece en un estudio de 2026 sobre cuatro astronautas que participaron en la misión Axiom-2, de nueve días. Los investigadores analizaron señales químicas del ADN que sirven para calcular la edad biológica, es decir, una medida que busca mostrar cómo está el cuerpo más allá de la edad en años.

Durante la misión, esa edad biológica subió. Después del regreso a la Tierra, empezó a bajar. El artículo aclara que eso no significa que los astronautas hayan envejecido físicamente en solo unos días. También remarca que el estudio fue pequeño y que no alcanza para sacar conclusiones definitivas. Aun así, mostró la rapidez con la que el cuerpo responde al vuelo espacial.

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En la Tierra, los músculos, los huesos, el corazón y otros órganos trabajan todo el tiempo contra la gravedad. Esa exigencia constante ayuda a mantenerlos en funcionamiento.

En el espacio, buena parte de esa carga desaparece. Por eso, los científicos buscan entender por qué esa falta de gravedad provoca cambios parecidos a algunos del envejecimiento y qué puede aprenderse de ese proceso.

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Un gran cohete blanco y naranja de la NASA en una torre de lanzamiento metálica, con vapor y humo de escape visible en la base. El cielo es azul oscuro al atardecer.
La gravedad muy baja, la radiación y las alteraciones del sueño afectan al organismo en el espacio y aceleran procesos vinculados con el envejecimiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los efectos más visibles aparece en el músculo esquelético. Los astronautas pierden masa y fuerza muscular muy rápido en condiciones de gravedad muy baja, incluso cuando hacen ejercicio durante unas dos horas por día.

Algunos de esos cambios podrían estar relacionados con mecanismos parecidos a los de la sarcopenia, el nombre que recibe la pérdida de masa y fuerza muscular asociada con la edad. Ese problema aumenta el riesgo de fragilidad, caídas y pérdida de independencia.

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De todos modos, los científicos todavía estudian cuánto se parece realmente la pérdida muscular del espacio a la sarcopenia. Los efectos pueden verse parecidos, pero no siempre tienen la misma causa. Lo que sí marca una diferencia es la velocidad con la que ocurre todo.

Para avanzar en esa investigación, el equipo desarrolló la misión MicroAge, financiada por la Agencia Espacial del Reino Unido. Allí enviaron a la Estación Espacial Internacional pequeñas estructuras de músculo humano creadas en laboratorio.

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Una placa de Petri de vidrio con una sustancia luminosa verde y azul se ubica bajo la lente de un microscopio en un laboratorio
MicroAge II analizará las mitocondrias para determinar si explican la rápida pérdida muscular en el espacio y acelerar la búsqueda de tratamientos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esos tejidos, de un tamaño similar al de un grano de arroz, fueron producidos a partir de células madre musculares humanas. El objetivo fue estudiar el músculo en el espacio sin depender solo de la participación de astronautas, que es limitada.

Ese método también permitió comparar lo que ocurre en condiciones de gravedad muy baja con lo que sucede en el envejecimiento en la Tierra. Además, abrió la posibilidad de hacer pruebas iniciales para ver cómo proteger el músculo.

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La siguiente etapa será MicroAge II. Esta misión se enfocará en las mitocondrias, que son las estructuras de las células encargadas de producir la mayor parte de la energía que el cuerpo necesita.

El artículo explica que los problemas en las mitocondrias están vinculados con el envejecimiento muscular en la Tierra. Por eso, la nueva investigación intentará determinar si alteraciones parecidas también explican la rápida pérdida muscular en el espacio.

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Ilustración a color de tres astronautas con trajes espaciales de la NASA dentro de una nave espacial, uno mira por una ventana circular hacia la Tierra, otro opera controles.
La pérdida de masa y fuerza muscular en el espacio se estudia por su posible relación con la sarcopenia asociada con la edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida de masa y función muscular es uno de los problemas más importantes del envejecimiento, porque está relacionada con la fragilidad, las caídas y la pérdida de autonomía. Sin embargo, los tratamientos disponibles siguen siendo limitados.

Estudiar estos procesos en personas mayores lleva mucho tiempo, porque los cambios aparecen a lo largo de años o décadas. Por eso, el trabajo en el espacio podría ayudar a identificar más rápido qué mecanismos biológicos están involucrados y qué posibles tratamientos vale la pena investigar.

Aun así, el artículo remarca un punto central: los experimentos en el espacio no reemplazan los estudios clínicos en personas mayores. Cualquier tratamiento que surja de estas investigaciones tendrá que ser probado en la Tierra para confirmar si es seguro y si realmente funciona. Lo que sí podría hacer esta línea de trabajo es acelerar la búsqueda de posibles medicamentos.