Una guerra en el otro extremo del continente que dispara el precio de las materias primas. Un cambio legislativo que obliga a reorganizar los turnos. Una nueva pauta de consumo que deja obsoleto el producto estrella. Durante décadas, las empresas construyeron sus estrategias sobre una base de relativa estabilidad, pero ese terreno ha desaparecido. El cambio ya no es un proyecto puntual con un principio y un fin; es el estado natural de las cosas. Esta nueva realidad genera en los equipos un desgaste constante, una sensación de agotamiento ante una carrera que parece no tener fin.
Frente a este panorama, la consultora Kainova propone una alternativa que va más allá de la simple gestión del cambio. Se trata de cultivar una nueva capacidad fundamental: la transformación continua. “El concepto de 'mejora continua' se ha quedado corto. Ya no se trata de optimizar lo que hacemos, sino de estar preparados para reinventarnos constantemente”, explica Carme Castro, fundadora y CEO de Kainova. Esta filosofía, que aplican desde sus inicios y que formalizaron en 2019 bajo el concepto de 'Empresa Líquida™', busca dotar a las organizaciones y, sobre todo, a las personas que las forman, de las herramientas mentales y operativas para navegar en la incertidumbre sin quemarse en el intento.
El modelo tradicional de consultoría partía de una situación A para llegar a una situación B tras un proceso de transformación. “Ese esquema ha muerto”, sentencia. “El problema es que, cuando por fin llegas al punto B, el entorno ya ha vuelto a cambiar y lo que has aprendido ya no es suficiente”. La velocidad de los acontecimientos es tal que los planes estratégicos a cinco o diez años han perdido su sentido. “Ahora a muchos directivos les cuesta moverse con un plan a dos años, porque saben que en tres meses pueden cambiar las reglas del juego”.
La solución, por tanto, no es aprender una nueva forma de trabajar, sino desarrollar la capacidad de estar siempre aprendiendo y adaptándose. “Es un cambio de mentalidad. Buscamos que las personas de la organización adquieran la agilidad para evolucionar sin que suponga un desgaste”, subraya. Esta capacidad no solo permite reaccionar ante los problemas, como la falta de suministros o los cambios en el mercado, sino también anticiparse para detectar oportunidades. “Cada crisis esconde una oportunidad, pero si solo te enfocas en apagar fuegos, nunca la verás”, asegura.
Carme Castro
Fundadora y CEO de Kainova
Para lograrlo, Kainova ha desarrollado una metodología que desafía las estructuras jerárquicas tradicionales. En lugar de empezar por la alta dirección, empiezan por donde genera mayor impacto, como por ejemplo, los mandos intermedios. “Son la pieza clave porque tienen capacidad de influir hacia arriba y hacia abajo”, detalla Carme Castro. A través de ellos, se implementa un modelo de trabajo mucho más participativo, donde las ideas de todos los miembros del equipo, sin importar su rango, son escuchadas y valoradas.

En un cliente con el que trabajan desde hace tres años, este enfoque ha generado un cambio radical. “Hemos conseguido que los equipos no solo ejecuten, sino que aporten ideas y soluciones de forma proactiva. Se ha creado una cadena de innovación desde la base”, explica. El resultado es un notable incremento de la productividad, no porque una sola cabeza piense más rápido, sino porque el pensamiento es colectivo. Además, el ambiente de trabajo mejora, las fricciones disminuyen y las personas se sienten más implicadas. “Sienten que lo que hacen tiene sentido, que son parte de algo más grande”.
Carme Castro
Fundadora y CEO de Kainova
Por supuesto, el camino no siempre está libre de obstáculos. La resistencia al cambio, encarnada en frases como “llevo veinte años haciéndolo así y funciona”, es una realidad. La estrategia de Kainova no es la imposición, sino la evidencia. “Aprovechamos la inteligencia colectiva del grupo”, comenta. “Siempre hay personas que se suben a la nueva forma de trabajar antes que otras. Hacemos visibles sus resultados, y son ellos mismos quienes explican a sus compañeros cómo han resuelto un problema o alcanzado un objetivo”.
Este proceso genera una sinergia que arrastra a los más escépticos. Cada persona tiene su propio ritmo, y forzarlo solo conduce al fracaso. Sin embargo, cuando el 95% de un equipo avanza en una dirección, el 5% restante se enfrenta a una disyuntiva. “El ser humano no quiere sentirse excluido de su grupo”, reflexiona. “Al final, o se suben al carro o se marchan. Lo interesante es que no los echas, se autoexcluyen porque ya no encajan en esa cultura”.
Esta misma filosofía de evolución constante es la que aplican internamente. Ana Pascual, Directora de Marketing de Kainova, lo describe como parte de su ADN. “No es algo que esté escrito en un manual, es la forma en que funcionamos. Hay un diálogo constante, probamos ideas, nos equivocamos y aprendemos. Carme ha fomentado una cultura donde cualquiera puede proponer y experimentar”, relata. Esta coherencia interna es, quizás, la mejor prueba de que su método funciona: no es una teoría que venden, sino una realidad que viven cada día.
En un mundo que ya no ofrece treguas, la capacidad de transformarse continuamente ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una condición de supervivencia. El objetivo final es liberar a los líderes de la supervisión constante y la resolución de conflictos para que puedan dedicarse a lo que realmente aporta valor. “Se trata de que puedan estar pensando en las nuevas oportunidades en lugar de estar atrapados en los problemas del día a día”, concluye.
“Liderar en la incertidumbre exige renunciar a tener todas las respuestas y crear equipos autónomos, capaces de evolucionar y transformarse continuamente a medida que cambia el entorno.”