
“Escuchamos esos gritos”, dijo un rescatista en Cali, donde se vive una carrera contrarreloj para encontrar personas con vida.
La búsqueda desesperada de sobrevivientes del terremoto en Colombia, con saldos mortales, continuaron toda la noche del lunes y se prolongaban hasta el martes. Bomberos y otros trabajadores de emergencia usaban picos y otras herramientas para avanzar entre los escombros en las ciudades afectadas.
El número de muertos había aumentado a al menos 181 personas para la mañana del martes, según Asocapitales, una asociación de ciudades colombianas. Al menos 1310 personas resultaron heridas y 153 edificios han colapsado.
La gobernadora del Chocó, el departamento en el occidente de Colombia que fue el epicentro del sismo, dijo el martes por la mañana en la radio nacional que aún no se conocía la verdadera magnitud de la devastación, en parte porque las comunicaciones seguían interrumpidas en ocho municipios de su departamento.
PUBLICIDAD
“Lo que no tenemos es el censo total de la afectación física”, dijo la gobernadora, Nubia Carolina Córdoba Curi, “porque realmente es mayúscula”.
El lunes por la tarde, el Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que estaba comprometiendo 15,5 millones de dólares en ayuda para refugios de emergencia, alimentos, protección y evaluaciones del terremoto.
“Estamos unidos en oración con el pueblo colombiano y estamos listos para apoyar al presidente @ABDELAESPRIELLA”, dijo el departamento en un comunicado en X, refiriéndose al nuevo presidente de Colombia, Abelardo de La Espriella.
El terremoto de magnitud 7,4, que se produjo el lunes por la mañana, fue el más fuerte registrado en Colombia en la última década, según el Servicio Geológico Colombiano.
PUBLICIDAD
En Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia, conocida como un centro de cultura, música y salsa, los rescatistas pasaron una noche sombría mientras escalaban por los restos de edificios colapsados e intentaban escuchar los golpes y llamados de quienes estaban atrapados entre los escombros. Teléfonos celulares, linternas frontales y luces alimentadas por generadores iluminaban el camino. La ciudad ha tenido el número de muertos más alto por el terremoto, con 95 personas fallecidas, según Asocapitales.
En un edificio residencial colapsado en el barrio Tequendama, bomberos, paramédicos y otros rescatistas escarbaron entre los escombros para intentar encontrar a una familia de cuatro personas que creían que estaba atrapada adentro, mientras los civiles formaban cadenas humanas para sacar baldes de polvo y escombros.
PUBLICIDAD
“Lo más probable es que estén, porque escuchamos esos gritos”, dijo Daniel Leguizamo, un paramédico de 16 años de un escuadrón de rescate privado que acudió apresuradamente a Cali desde la ciudad de Popayán poco después del terremoto. “Van a levantar esta loza para tratar de liberar esa parte abajo”.
Katerín Carrillo, de 32 años, dueña de un negocio local, dijo que ella y sus amigos repartieron agua, bebidas con electrolitos y sándwiches caseros en los sitios de rescate, después de enterarse por internet de los daños.
“Nos lavamos las manos con alcohol y aplasté sándwiches en el carro”, dijo Carrillo. “Los que están allá cargando piedra, al menos que coman”.
Entre los escombros yacían los restos de vidas abruptamente trastocadas: un álbum de recortes titulado “Mis 15 años” lleno de fotografías antiguas, un cartel que decía “mi primer año”, un zapato, un trozo de papel tapiz de cebra. Los artículos recolectados que fueron sacados del edificio se colocaron en contenedores, en los que la gente buscaba para recuperar algo.
PUBLICIDAD
A medida que avanzaba la noche, los bomberos mantuvieron el control de las labores de búsqueda y rescate, con el apoyo de la policía y el gobierno de la ciudad, mientras los civiles trabajaban en la remoción de escombros. Una ambulancia estaba lista. Se utilizó una máquina de construcción amarilla para retirar parte del concreto pesado.
Cuando los rescatistas necesitaban silencio, la gente levantaba las manos y la señal se propagaba por la multitud.
Para la medianoche, los rescatistas aún no habían llegado hasta la familia de cuatro personas.
Pero apenas unas horas más tarde, en otro edificio, se escucharon gritos. “¡Uno, dos, tres!”. Los bomberos que habían llegado desde Bogotá, la capital, habían encontrado a un hombre con vida entre los escombros. “¡Uno, dos, tres!”, gritaron mientras lo sacaban del espacio entre una columna y una viga. “¡Uno, dos, tres!”.
PUBLICIDAD
Genevieve Glatsky es reportera del Times, radicada en Bogotá.
Julie Turkewitz es la jefa del buró de los Andes del Times y desde Bogotá cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.