¿A qué edad un bailarín o un payaso se tienen que retirar del escenario? Esta es la pregunta que se formularon Sidi Larbi Cherkaoui y Martin Zimmermann cuando empezaron a pensar en el espectáculo Has been. El primero es coreógrafo y fue bailarín, y el segundo se ha movido por varias disciplinas vinculadas con el teatro físico, el clown y el movimiento. El movimiento es, pues, un territorio compartido entre los dos artistas.
La edad no perdona y es evidente que si el trabajo que una persona hace tiene que ver con su estado físico, llega un momento en el que se tiene que plantear si deja de salir al escenario, deja de poner su cuerpo al servicio del arte, y se dedica a otros aspectos, que, a pesar de ser primos hermanos de lo que han hecho toda la vida, permiten otra actitud física.
Es el caso de Larbi, que ahora es el director del ballet del Gran Teatro de Ginebra. Aunque pensaba que ya no saldría al escenario, no se imaginaba que Zimmermann lo empujaría a volver. ¿Con qué excusa? Pues para reflexionar sobre la edad del artista, sobre cómo era y cómo es el arte escénico y cómo ha cambiado durante todos estos años de profesión. Con este objetivo, Has been se convierte en una especie de catálogo de números clásicos y modernos, con algunos que Zimmermann ya ha explorado en el escenario.
El artefacto escénico es una serie de elementos en blanco y negro con unas manchas de color que recuerdan a un cuadro de Mondrian y que los mismos artistas especifican, y los juegos con el bombín de Zimmermann también remiten a Magritte, con una expresión que transita por todos los cómicos del cine mudo. Entre todos los elementos, hay una estructura como una caja de zapatos gigante, que se dobla y que tiene puertecitas, de modo que se convierte en un personaje más de la función. Ya se pudo ver en el Mercat de les Flors en el espectáculo Hallo del 2017.
Es un personaje más de la función, pero no de la historia, porque la dramaturgia es escasa: tenemos una diva, sí, y tenemos un sirviente, también; más tres músicos maravillosos, Alexandre Dai Castaing, Kaspy N'dia y Kazutomi Tsuki Kozuki, que se convierte en un intérprete más al lado de Larbi i Zimmermann, cantando y convirtiéndose en el espejo o el calidoscopio de los juegos de espejos que rinden homenaje a los mejores números de payasos clásicos.
La sucesión de sketches, algunos tan entrañables como el del televisor convertido en un teatrillo de guiñol, o impactantes como el rapero cantando la habanera de Carmen, es larga, quizá demasiado: imágenes nuevas y del pasado, de su pasado, que quieren hacer reflexionar al público sobre cómo ha evolucionado el teatro durante los años que ellos han estado activos sobre el escenario.
El miércoles, en la presentación del espectáculo, Zimmermann explicaba que cuando Larbi se instaló en Suiza vio la oportunidad de que los dos se encontraran más a menudo, porque siempre habían estado en contacto y habían admirado sus espectáculos respectivos. Pero Larbi ya no subía al escenario. Con 50 años, lo había descartado, pero quizá había dejado un resquicio de luz, que Zimmermann, de 56, supo aprovechar.
El resultado es este Has been, que también pretende ser una metáfora de una Europa que va de capa caída entre Putin y Trump, y que ellos transitan con todo su arte y toda la transgresión de géneros que se pasan del uno al otro. Larbi convertido en el payaso listo, el clown, el carablanca, y Zimmermann, como gran augusto, demuestran que están en plena forma y que han sido, pero que todavía son.

Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC