Durante décadas, 'Hound Dog' ha sido exclusivamente la canción de Elvis Presley para la gente. Basta escuchar los primeros compases para que aparezca automáticamente en nuestra mente la imagen del rey del rock moviendo las caderas frente a una audiencia enloquecida. Sin embargo, cuatro años antes de que Elvis la convirtiera en un hit mundial, la canción ya había sido un éxito en la voz de otra artista: Willie Mae "Big Mama" Thornton.
La diferencia es que, mientras que la versión de Presley pasó a formar parte del imaginario colectivo, la de Thornton quedó relegada a una nota a pie de página en el mejor de los casos. No porque fuera menos importante sino porque nació en una industria profundamente marcada por la segregación racial y las desigualdades económicas.
Cuando los jóvenes compositores Jerry Leiber y Mike Stoller compusieron 'Hound Dog' en 1952, no pensaron en Elvis Presley. La canción fue escrita específicamente para Big Mama Thornton, una cantante de blues de 25 años cuya voz rasgada, poderosa y desafiante era un portento.
Durante la sesión de grabación en Los Ángeles, Thornton hizo mucho más que interpretar la letra. Improvisó ladridos, aullidos y modificó el ritmo con la naturalidad de alguien que lleva el blues muy adentro. Aquella actitud desafiante quedó también reflejada en el significado de la canción.
Porque 'Hound Dog' nunca habló de un perro. El supuesto sabueso era, en realidad, un hombre oportunista que vivía a costa de una mujer. Una metáfora cargada de ironía con la que Thornton despachaba a quien pretendía aprovecharse de ella. Por lo tanto, era una canción de independencia femenina que sonó mucho antes de que ese tipo de discursos tuvieran espacio en el mercado musical.
Fue un éxito inmediato. En 1953 alcanzó el número uno de la lista de R&B de Billboard, donde permaneció siete semanas consecutivas y vendió más de medio millón de copias, una cifra extraordinaria para la época. Eso sí, la historia daría un giro de 180 grados poco tiempo después.
En la década de los cincuenta era habitual que la industria musical estadounidense buscara grandes éxitos de artistas afroamericanos para volver a grabarlos con intérpretes blancos y explotarlos en el mercado pop mainstream. Las emisoras generalistas, dirigidas principalmente al público blanco, apenas programaban música de artistas negros, de modo que muchas canciones llegaban al gran público únicamente después de pasar por ese proceso de apropiación.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con 'Hound Dog', aunque Elvis Presley ni siquiera tomó como referencia directa la grabación de Big Mama Thornton. Durante una actuación en Las Vegas, escuchó la versión que hacía Freddie Bell and the Bellboys, un grupo que ya había suavizado la letra y acelerado el ritmo. Esa reinterpretación eliminó gran parte del doble sentido original y del carácter mordaz de la canción para convertirla en un tema mucho más ligero y cercano al naciente género rockabilly.
Cuando Presley la grabó en 1956, el resto es ya historia: millones de copias vendidas y una canción convertida en uno de los mayores himnos del rock and roll. Mientras tanto, la responsable de la primera interpretación desaparecía del relato.
Uno de los aspectos que más sorprende de esta historia es que el enorme éxito de 'Hound Dog' apenas cambió la situación económica de Thornton debido al funcionamiento de la industria discográfica de la época. Como intérprete, recibió un pago único por la sesión de grabación (500 dólares), pero no era la compositora de la canción ni poseía los derechos de explotación. Las regalías generadas por las ventas y las posteriores versiones correspondían únicamente a Jerry Leiber, Mike Stoller y a la discográfica propietaria de los derechos.
Así que el suyo no fue un caso excepcional, ya que el sistema favorecía que muchos artistas afroamericanos tuvieran que ver cómo canciones fundamentales para la historia de la música generaban enormes beneficios de los que apenas sacaban tajada.
No obstante, reducir a Big Mama Thornton a la cantante que grabó 'Hound Dog' antes que Elvis sería quedarse muy corto. Fue una intérprete que rompió con casi todas las normas impuestas a las mujeres en los años cincuenta. Tocaba la armónica y la batería, actuaba con una presencia escénica arrolladora y vestía con frecuencia trajes de corte masculino, proyectando una identidad artística completamente ajena a los estereotipos femeninos de la época.
Su influencia puede rastrearse en artistas tan diferentes como Janis Joplin o generaciones posteriores de cantantes de rock y blues que encontraron en ella un modelo de libertad interpretativa. Con el paso de los años, festivales internacionales de blues comenzaron a reivindicar su figura como una de las grandes pioneras que ayudaron a construir el sonido del que nacería el rock and roll.
Así que, aunque la historia popular haya puesto a Elvis Presley en el centro, cada vez resulta más difícil contar el origen del rock sin detenerse antes en la voz áspera e inconfundible de Willie Mae "Big Mama" Thornton. Es la mejor forma de entender su legado. No como la artista a la que le quitaron una canción, sino como una de las mujeres que ayudó a moldear un género entero mucho antes de que la industria estuviera preparada para reconocerlo.
Foto de portada | MGM y Dominio público
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