Bourc’his, el apneísta de los 91 metros que lucha por preservar los fondos mediterráneos

calendar_today 05.10.2026 - person  - timer ~7 Minutos

En Marsella el mar no es paisaje. Es directamente carácter. La ciudad  más vieja de Francia, fundada por los griegos hace más de 2.600 años nació así. Mirando obsesivamente hacia el  Mediteráneo. El Vieux-Port sigue siendo su corazón, Le Parnier salvaguarda la memoria de la primera ciudad, Notre-Dame de la Garde gobierna su horizonte y,  hacia el sur aparecen Malmousque, el Vallon des Auffes, Les Goudes y las calanques de Sormiou, Moriguiou, Sugiton y En-Vau. Aquí da la sensación de que el mar no está frente a la ciudad. Más bien parece que está dentro de ella. Y dentro de él un hombre, Morgan Bourc'his que ha hecho de este maravilloso rincón del Mediterráneo un gran laboratorio con conexiones internacionales.

Morgan Bourc'his, nació en Touraine, en el centro de Francia, en 1978, pero se trasladó definitivamente a Marsella en cuanto descubrió su aptitud para la apnea

Morgan Bourc'his, nació en Touraine, en el centro de Francia, en 1978, pero se trasladó definitivamente a Marsella en cuanto descubrió su aptitud para la apneaValentin Chalandon - @valentin_chalandon

Bourc'his es apneista. Instructor. Explorador. Divulgador. Uno de los más firmes y activos defensores del océano y el dueño de tres títulos mundiales de free-diving. Y aunque sigue siendo muy capaz de bajar ¡91 metros! a pulmón lo de la competición ya es pasado y ahora su obsesión por el mar la canaliza como embajador de la Fondation de la Mer empujando proyectos de conservación e investigaciones sobre tiburones, rayas y la biodiversidad marina. En Being the Shark intenta comprender cómo esos animales perciben la presencia humana y “qué sucede cuando accedemos a su territorio sin ruido ni burbujas e intentamos comportarnos como ellos”. Es una evolución lógica, asegura Bourc'his, que fue en 1999, cuando tenía solo 21 años, cuando descubrió la apnea. Había dejado de jugar a baloncesto del que no pudo ser profesional y estudiaba Ciencias del Deporte en Poitiers y seducido por la belleza del free-diving decidió investigar la fisiología cardiovascular de una forma muy particular. Ni más ni menos que poniéndose a sí mismo como sujeto experimental.

Tudor, especializa en relojes de submarinismo desde mediados de los años cincuenta, contactó con Bourc'his en 2014 para que protagonizara un vídeo de su famosa línea Pelagos

Tudor, especializa en relojes de submarinismo desde mediados de los años cincuenta, contactó con Bourc'his en 2014 para que protagonizara un vídeo de su famosa línea PelagosGuillaume Ruoppolo - @guillaume.ruoppolo

Tudor irrumpió en su vida unos años más tarde, en 2014 cuando lo fichó para una campaña de su icónico reloj de buceo, el Pelagos. La alianza, que tenía una lógica casi inevitable (la marca fabrica relojes de buceo desde los años cincuenta y comenzó su relación con la Marina francesa en 1956) no solo permanece sino que le ha permitido trazar el mejor guion para su vida.

Desde entonces no solo sumó esos títulos mundiales que le dieron fama internacional sino que con la manufactura relojera ha editado Take a Breath tras una mítica inmersión en aguas noruegas a cinco grados que lo situaron entre bancos de arenques (“era hipnotizante, un espectáculo difícil de olvidar”, cuenta) primero y luego frente a dos yubartas gigantescas de ¡15 metros! y Dare to dive con David Beckham además de centenares de proyectos de exploración y conservación marina por todos los mares del mundo.

Marineros procedentes de la ciudad de Fócea (en la actual Turquía) fundaron Marsella hacia el 600 a.c. como colonia comercial en el Mediterráneo y la llamaron Massalia

Marineros procedentes de la ciudad de Fócea (en la actual Turquía) fundaron Marsella hacia el 600 a.c. como colonia comercial en el Mediterráneo y la llamaron MassaliaValentin Chalandon - @valentin_chalandon

Ahora le tocará sumergirse en aguas de Japón e India a este hombre que comenzó estudiando qué le ocurre al corazón cuando falta oxígeno y terminó preguntándose qué le ocurre al océano cuando sobra humanidad. No es un mal cambio de tema.

Bourc'his dejó atrás la competición pero ha convertido su experiencia en método y sobre todo en herramienta para defender el patrimonio submarino

Bourc'his dejó atrás la competición pero ha convertido su experiencia en método y sobre todo en herramienta para defender el patrimonio submarinoValentin Chalandon - @valentin_chalandon

Por eso quizá es que le queda tan bien Marsella. es una ciudad de extremos. Griega y grancesa. Elegante y brutal. Luminosa y de mal carácter. Una ciudad donde puedes contemplar Notre-Dame desde el puerto y media hora después estar frente a una pared de caliza sobre un agua (muy) azul. Una ciudad que entiende algo que la apnea te enseña rápido, que el cuerpo tiene límites pero siempre hay alguien como Bourc'his empeñado en discutirlos. 

Bajo el agua el cuerpo cambia de estrategia y entra en modo ahorro

Y la gran enseñanza es que aquí no se trata de ir más rápido o más alto ni de ser el más fuerte. “No es exactamente dejar de respirar sino conseguir adaptarse a la presión, permitir que el aire del oído medio se iguale porque de lo contrario el tímpano protesta”, cuenta Bourc'his. “Y bajar pulsaciones. Bajo el agua el cuerpo cambia de estrategia y entra en modo ahorro. La presión aumenta una atmósfera aproximadamente cada diez metros, los pulmones se comprimen y aparece el reflejo de inmersión. El corazón reduce su frecuencia, los vasos de brazos y piernas se contraen y la sangre se redistribuye hacia el tórax puesto que el organismo reserva el oxígeno para lo importante. Mientras el dióxido de carbono aumenta y el cerebro comienza a pedir aire con creciente entusiasmo, el corazón baja el ritmo y la circulación se reorganiza”. No hay nada de pasividad en esa quietud. Es una operación fisiológica extraordinariamente sofisticada. El apneísta que desperdicia energía se queda sin margen, y el que aprende a economizar puede seguir bajando. 

Entrada al puerto de Marsella, con la catedral de Santa María la Mayor al fondo

Entrada al puerto de Marsella, con la catedral de Santa María la Mayor al fondoLV

Explicarlo es fácil. Vivirlo ya es otra cosa. Custodiada por Bourc'his bajé unos pocos, poquísimos (exactamente 81 metros menos que los que marcaron su gran récord) para entenderlo todo. Zumban los oídos, te da la sensación de que la cabeza se comprime hasta mínimos pero, por otro lado, vas notando como el corazón va acomodándose al entorno. Sorprendemente  la gran preocupación ahí abajo no es que pueda faltarte el aire (que no falta y menos a diez metros: una persona no entrenada puede permanecer tranquilamente entre medio y un minuto sin respirar, y con un poco de entrenamiento los dos minutos son factibles), sino comprender que no hay épica posible cuando el oído dice que no. “Si no puedes compensar tus oídos, paras, lo intentas y si no hay manera reculas y subes. La salud es lo primero”, dice el maestro.

La basílica de Notre-Dame de la Garde, visible desde el puerto de Marsella

La basílica de Notre-Dame de la Garde, visible desde el puerto de Marsella Getty Images/iStockphoto

Pero es un test que merece la pena probar. Un ejercicio que rompe todos los esquemas y todas las prisas que marcan nuestro día a día. “Que cada uno baje donde cree que puede y debe y sea donde sea que llegue, el premio siempre es enorme. Compensa ese silencio absoluto. Compensa ese azul sin fin. Compensa parar de verdad con ese modo ahorro que te pone frente a frente con tus límites para comprenderlos y negociar con ellos”, cuenta Bourc'his que puede permanecer en apnea estática hasta siete minutos gracias a su técnica impecable y su enorme control mental mental.

Marsella se ríe de su fama de ciudad peligrosa con sus restaurantes triestrellados y su obsesión por el mar

Él baja, baja y baja respetando siempre el silencio de sus aguas. Y, entretanto, Marsella sigue ahí arriba haciendo ruido por los dos y riéndose de esa fama suya de ciudad peligrosa (porque como en la inmersión tampoco lo es si uno no tienta la suerte), mientras enamora a los gourmets con sus restaurantes entregados al pescado y, por supuesto, a la bullabesa como Chez Fondon y el triestrellado Le Petit Nice Passédat y atrapando a los curiosos con su peculiar museo del jabón, con la belleza indiscutible de la iglesia de Saint-Ferréol les Augustins y la plaza Cours Honoré d'Estienne -d'Orbes y la majestuosidad del Palacio de Justicia y l’Ombrière de Norman Foster, que le da un toque moderno. 

Margarita Puig Boronat

Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el  Diari de Barcelona . Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como  Gol a Gol ; Tot l’esport ; Bonic vespre ; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda ; Senyores i senyors , en el programa de Toni Clapés  Versió RAC1 ; en  Els matins de Josep Cuní , en TV3; en  8 al dia , de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc , en el  Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como  Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado